Plaza México – Tercera Novillada de Reapertura: Sentir el Toreo.

Juan Pedro Llaguno.

Se presentó un novillero a la antigua en la tercera novillada de reapertura y se llama Juan Pedro Llaguno. Y digo a la antigua, porque parece de esos novilleros de otras épocas que de verdad querían ser toreros y se les notaba desde que hacian el paseíllo.

Por Luis CuestaDe SOL y SOMBRA.

Lo primero que necesita siempre un novillero es demostrar que quiere serlo, fajándose con el novillo; si es bueno, para volcar con él todo su sentimiento artístico como lo hizo Juan Pedro Llaguno en su primero, y si es malo o no tan bueno, sacarle todos los pases que tenga como lo hizo en su segundo. Nadie nace sabiendo, ni entra primerizo en la tauromaquia convertido en el Cúchares. Los novilleros, si quieren serlo, se hacen poco a poco; aprenden su oficio cada día, saboreando triunfos unas veces, a golpes otras, y cuando maduran ya están listos para alcanzar la categoría de matadores. Algo así ha sido el proceso de Juan Pedro Llaguno y que hoy ha tenido su recompensa al salir en hombros de la Plaza México tras cortar dos orejas al primero de su lote de nombre «17».

Con este novillo Llaguno armó un alboroto, con capote, banderillas y muleta. Toda su faena constituyó un auténtico tratado de buen gusto, por el temple y la armonía con que la desarrolló por ambos pitones, hasta culminarla con pases de la firma que levantaron oleadas de entusiasmo. Acertó al primer intento y se llevó dos orejas de un novillo muy enclasado que fue premiado con el arrastre lento.

Con su segundo tuvo un inicio esperanzador con el capote, con el que desplegó empaque y hondura, interpretandolo en toda su verdad. Después llegó un vibrante tercio de banderillas con vuelta al ruedo incluida. Pero el novillo de Caparica se vino abajo muy rápido en la muleta, impidiéndole conseguir un triunfo más abultado.

Sentir el toreo es un don. Se puede aprender la técnica, la colocación, incluso se puede aprender a torear; se puede ganar en ilusión … Pero, no se puede aprender a sentir como lo hace Juan Pedro Llaguno. Una promesa que día con día se está haciendo realidad.

Es un buen síntoma que triunfe con tanta emoción y verdad un novillero con el toreo fundamental y que además anime todos los tercios con el arrojo propio de los novilleros chapados a la antigua.

La casta del sexto novillo desbordó por completo a José Alberto Ortega. Al animoso novillero que hizo su debut en esta plaza le faltaban pies, manos y muletas para quitarse de encima aquella embestida codiciosa que, sin embargo, no lo hizo dar un paso atrás. Buen detalle, este del que también tomó nota la afición. De los novilleros no se exige que sepan tanto como El Juli –ya aprenderán- sino que suplan sus carencias con dignidad y valentía. Ortega demostró con el novillo pundonor, pero abuso del pico de la muleta y de las distancias en varios momentos de su faena.

Cuando aún toreaba con el capote, el novillo le pegó un volteretón terrible. El sobresalto de la cogida y la entrega del torero conmovieron al público, y quizás por ello le pidieron la oreja, con grandes voces y aspavientos. En mi opinión no era faena de oreja pero aún así el juez de plaza la concedió tras dejar Ortega una estocada trasera y baja. Una cosa es que los novillos salieran para que los novilleros pudieran triunfar con ellos y otra bien distinta que las orejas estén de oferta y se vayan a dar sin los debidos merecimientos que exige está plaza.

Su primera faena quizá tuvo más emoción que arte. Aunque tampoco es muy seguro. El concepto de arte cambia según las modas. Y hoy la moda es llamarle arte hasta el destoreo. También es cierto que jamás se había toreado peor y más lejos como hoy en día. Es una pena que en este joven Ortega aflore la técnica del pegapases o lo que es lo mismo; citando fuera de cacho, al hilo del pitón, rectificando los terrenos y siempre despegado.

Abrió la tarde José Miguel Arellano que exhibió nuevamente buen corte interpretativo y una técnica mejorada, pero mato mal, por lo que perdió una oreja. El cuarto recibió una pésima lidia que le afecto en el último tercio. Arellano pidió un puyazo extra innecesario y con ello echó por tierra una de las mejores oportunidades de su vida profesional.

Al final del festejo un público emocionado se llevó en hombros a Juan Pedro Llaguno y al ganadero de Caparica Roberto Viezcas.

Es lo que digo yo.

CAPARICA / ARELLANO, LLAGUNO Y ORTEGA

Novillos de Caparica, bien presentados entre los que destacaron 1 y 2 por su clase siendo ambos premiados con el arrastre lento y el sexto por su bravura.

José Miguel Arellano: Palmas tras aviso y pitos tras otro aviso.

Juan Pedro Llaguno: Dos orejas y ovación.

José Alberto Ortega: Palmas tras aviso y oreja.

Plaza México. Tercera novillada de la Temporada de Reapertura. Aproximadamente unas 4 mil personas.

Twitter @LuisCuesta_

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s