
La quinta corrida de la Feria de Aniversario, celebrada en la Plaza México, ha ido sido condicionada por la falta de fuerza y casta del encierro de La Estancia.
Las dos orejas del peruano al tercero y la orejita de Adame al cuarto, no salvan del precipicio al encierro del hierro guanajuatense.
Por Juan Carlos Valadez – De SOL y SOMBRA. Fotos Firma Arjona Instagram.
Una corrida de toros para olvidarla para siempre de nuestra mente, así fue el encierro de La Estancia que se lidió este domingo y que en líneas generales resultó aplomado y descastado, y aún habrá por ahí quien justifique este tropiezo ganadero. Y es que prácticamente todos los toros anunciados estaban inválidos, aparecían en el ruedo, pegaban un par de carreras y pocos trancos después, se aplomaban. El cuarto extrañamente no se aplomo tras esas carreras ni tampoco al sentir el puyacito que le administraron, y la gente no salía de su asombro. Pero al final del festejo la decepción de los asistentes fue mayúscula, debido también a la falta de bravura observada en la mayoría de las reses del hierro guanajuatense.
Lo único rescatable de la tarde fue la actuación de Roca Rey ante el primero de su lote, al que toreó embraguetao y con mucho temple. No es cualquier cosa pisar esos terrenos; y mucho menos cuando se hace frente a un toro que amenaza por delante con un par de pitones, para eso hace falta mucho corazón y mucha torería. Hoy el torero peruano nos dejó ver una versión mejorada y revolucionada de su evolución artística, especialmente con el capote. Y ese no fue más que el principio. Ya que con la muleta afloró su clásico repertorio de pases cambiados por la espalda, arrucinas y algunos pases de pecho que dieron esperanza a los asistentes.
Luego, hubo dos rondas soberbias de toreo en redondo sin enmendar con la mano baja y el palillo casi por los machos. El peruano siguió construyendo la faena con la izquierda con un toreo puro y hondo, después, el animal no colaboró y Roca Rey tuvo que apostar por el arrimón para finalizar una labor temeraria sin aparente conciencia del peligro, pero con mucho tesón por alcanzar el triunfo. Hubo algunos parones con los pitones en las pilas del vestido de luces y una gran estocada hasta la empuñadura. El premio fueron dos orejas con las que maquilló el fracaso del astado de La Estancia.
El quinto, de anovillada expresión, tuvo muchas teclas pero poco motor. Hizo sudar al peruano por momentos. Soltó la cara, cabezazos, tornillazos iban y venían. Roca Rey se puso en su sitio con mucha verdad, pero sin buscar el aplauso fácil. Gran parte del público no lo entendió, pero RR se la jugó nuevamente sin paliativos.
A Joselito Adame le correspondieron dos ejemplares de distintas condiciones, y al confirmante otros que dentro de la invalidez generalizada, sacaron algunas embestidillas boyantes.
Con este repertorio, Adame sólo pudo esbozar algunas muestras de su toreo y voluntad en el cuarto, al que le cortó una oreja de forma milagrosa y con ayuda del juez de plaza. Mientras que Héctor Gutiérrez decepcionó en la tarde de su confirmación con un par de faenas frías en donde no pudo deleitar a los conocedores ni tampoco a los iniciados. Pero lo más decepcionante fue que no creyó necesario realizar un esfuerzo mayor para no irse con las manos vacías.
LA ESTANCIA/ ADAME, ROCA REY Y GUTIÉRREZ
Toros de La Estancia todos justos de presentación y faltos de fuerza; nobles, aplomados y tardos tercero, cuarto y sexto, quinto manso con peligro; y dos auténticos inválidos primero y segundo.
Joselito Adame: Pitos tras aviso y oreja.
Andrés Roca Rey: Dos orejas y palmas. Al final del festejo se lo llevaron en hombros por la puerta del encierro.
Héctor Gutiérrez: que confirmó la alternativa, ovación tras aviso y silencio tras dos avisos.
Incidencias: Héctor Gutiérrez confirmó su alternativa con el toro “Encino”, número 21, con 534 kilos. Al finalizar el paseíllo, se despidió el picador César Morales.
Twitter @Twittaurino




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