En Solitario: Morante lo acapara todo.

Por Javier Lorenzo.

Morante lo acapara todo. Raro es el cartel que se presenta en el que no sale. Llama la atención la noticia en la que no está. Va a ser noticia el día que no toreé este año. La temporada va a girar en torno a él. No es que se refugie en los pueblos para dar forma a su temporada, sino que estos van a ser el complemento a una apuesta a lo grande también dentro del gran circuito. Para muestra las seis tardes firmadas en Sevilla y las cuatro que ya le esperan en Madrid. Morante, en busca de aquel mismo reto que se planteó Joselito El Gallo, por el que bebe los vientos y se inspira más que con nadie: el de superar las cien corridas de toros, como el genio de Gelves hizo por primera vez en 1915. Nunca lo hizo Morante. Lo haría Belmonte cuatro años después. Luego lo consiguieron Carlos Arruza (1945) y Luis Miguel Dominguín (1948), hasta que llegó El Cordobés en (1965) y se convirtiera en habitual a mediados de los ochenta y durante toda la década de los noventa.

A Morante nadie le sigue, ha sido la fórmula que ha encontrado el de La Puebla para sacar al toreo de la pandemia. Él solito. Se están volviendo a anunciar corridas de toros donde no se hacían o donde hacía tiempo que no se daban. Morante no ha hecho, ni está haciendo, ni hará nada que sea nuevo en el toreo. No hay torero más receloso que él para romper las normas no escritas de la tauromaquia. Apuesta por los valores como ninguno. Y respeta la esencia para dar a la tauromaquia la continuidad que se llegó a cuestionar con el reto de dejarla mejor a como se la encontró. Dicen que uno de sus éxitos es ponerlo a fácil a quien quiere contratarlo y le ve intenciones de sumar en el toreo en un momento más que delicado, y no enriquecerse a su costa. Es más, el planteamiento de Morante es el que hicieron las figuras no hace tanto tiempo, aunque parezca un mundo. Aquellas campañas en las que los primeros espadas del escalafón superaban el centenar de festejos con el toreo en plena ebullición. Destaca aún más Morante porque es el único que parece dispuesto a salirse de la norma conservacionista de los últimos años. La última, los ‘miuras’ en Linares, para rememorar el recuerdo de Manolete.

Morante en los pueblos y en las ferias, sin que nadie se atreva a seguirle la pista. Con todo su riesgo, con toda la novedad sorprendente, con todo el peligro de aparecer en todos los carteles, de comparecer hasta en los lugares más insospechados, de que su repetición y presencia continuada en pueblos y plazas de postín pueda jugar en su contra si el compromiso mostrado en baja cuando salga el toro. Si sigue dando argumentos en el ruedo, como ha hecho hasta ahora en el últimos nueve meses despejará todas las dudas. De ahí dependerá todo. Y de que los toros le respeten. Y todo marcará la continuidad de que se mantenga e incluso suba el ya alto nivel de expectación que ha marcado. Que nadie se atreva a compararlo con las frivolidades de los 90. Ahora mismo el techo de Morante solo se lo puede poner él. Un genio anda desatado. Y comprometido con el toreo como casi nadie.

Hay opiniones para todos los gustos, los que le defienden y los que le critican. Y hasta eso es un éxito de Morante, que genera el debate, la discusión y la disparidad de criterios y opiniones sobre las lineas maestras que se ha marcado. El de La Puebla vuelve a poner sobre la mesa aquellos planteamientos y lo que era habitual no antes de la pandemia si no en las dos últimas décadas del siglo pasado, cuando las figuras llevaban y soportaban el peso de las temporadas, la responsabilidad de sentirse el dueño del toreo. Cuando los primeros espadas, incluso antes de aparecer el virus, en las últimas campañas, apenas superaron el medio centenar de paseíllos y con la expectación desinflándose a marchas forzadas, por la falta de novedad y de alicientes renovados.

Publicado en La Gaceta de Salamanca

1 comentario »

  1. Bien muy bien por el de La Puebla, José Antonio Morante, por estar haciendo que el espectáculo taurino, vuelva por sus fueros, aún en lugares como se menciona en el artículo que antecede.
    También es de reconocer del torero, que no se aprieta en los de sus emolumentos, con las empresas que lo contratan en lugares modestos; todo con el afán plausible de llevar la ¡Fiesta de los Toros!, a ésas geografías de la Península Ibérica
    ¡QUE HAYA MUCHA SUERTE TORERO!

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