Aguascalientes: Arellano Hermanos se lleva la tarde.

Por Sergio Martín del Campo.

La dehesa de Arellano Hermanos fue la triunfadora de la tercera novillada del serial que se celebra en el coso San Marcos de Aguascalientes, que ayer recibió en sus gradas tres cuartos de aficionados. Seguro que, en los encuadernados de los cronistas, se dedicará una hoja especial para anotar la tarde sobresaliente que ha dado.

De los ojuelenses alambrados se arrearon seis novillos que, si bien, irregulares en tipo, fueron fuertes, bravos, nobles y encastados los primeros cinco.

Vale la tinta, el papel y el tiempo para reseñar sus generales: el primero merecía el arrastre lento, pero únicamente el público sensible se dio cuenta de las virtudes de esta res y despidieron sus despojos en su viaje batiendo palmas; se llamó “El Raska”, No. 760 y de 378 kilogramos; El segundo fue anunciado en el cartón como “Kottita”, No. 860 con 365 kilos; el tercero también merecía el arrastre lento, sin embargo al balcón de la autoridad nadie se “lo ordenó”; a despecho, nuevamente la clientela enterada despidió sus restos con sinceras palmas; se llamó “Felicidades”, estaba marcado con el No. 5 y dio en la báscula 379 kilogramos.

Para el cuarto si fue oficial el arrastre lento; “Quince Aniversario” se llamó y que según la pizarra, traía herrado en el izquierdo costillar el No. 9 y elevó la aguja hasta los 426 kilos. Quizás haya sido el mejor del encierro. Finalmente, el soltado en el sitio de honor fue bautizado como “Cumpleañero”, No. 4 y de 456 kilos.

Bien que, por el juego de los pupilos, los titulares del hierro merecían la vuelta al ruedo, diligencia que no se dio, lamentablemente. Desde esta cuartilla, vaya el aplauso y el homenaje sincero a ellos. El toro bravo y noble salvará este espectáculo que apenas anda rondando los quinientos años de existencia.

El novillero Pedro Bilbao salió arrastrando el ánimo; tal vez quiera engrosar la columna de los del montón. Quien sí la abultará sin duda es el de “Mamita”, provincia de “Nacimiento”, Yucatán; un tal Jussef, que muy joven para andar todavía de novillero no lo es. Será parte solamente de la serie anecdótica de las hojas de historia de la fiesta brava.

El mejor librado, sin llegar al triunfo que el encierro y la tarde merecían, fue José Alberto Ortega. Habrá que seguirle los pasos y él tendrá que aplicarse para evolucionar en su tauromaquia.

Abrió la función un tresañero bravo; la fijeza fue una de sus virtudes, el recorrido y la clase otras. Siempre retornaba buscando la pelea en la sarga, pero lamentablemente se encontró con las indecisiones, la falta de sitio y oficio del joven aguascalentense Pedro Bilbao (palmas y división tras dos avisos), quien, además, con solo asomar discretos detalles, mucho se embarulló y mató de una estocada defectuosa.

Lo que hizo con su segundo tuvo estética y forma, pero no profundidad. Su estado de ánimo se mantuvo por la arena y declaró con ello que no tiene hambre de gloria ni quiere ser alguien en la fiesta brava como lidiador de reses bravas. De este modo dejó escapar la preciosa oportunidad de haber desorejado a un astado formidable, que fue claro, noble, fijo y de respetable recorrido. Habrá que recordarle a Bilbao que con detalles muy pocos han trascendido en la tauromaquia. Si bien, exhibió algunas series muleteras buenas, jamás concretó la faena que el bovino le proponía. Para apuntalar su mediocridad, fatal anduvo con la espada.

El yucateco Jussef (palmas y división tras aviso) intentó de todo provocando cierto relajo en la gallera, desde “El Tancredo” frustrado, pasando por un reborujado quite, un “par de cortas adicionadas con el vuelo del ángel” –primera vez que esta suerte novedosa se ve en Aguascalientes-, llegando a lo que pretendió ser un trasteo en el que hubo muchos derechazos, algunos por cierto buenos. Todo delante de un bicorne con clase y largas embestidas que se fue inédito cuando lo despachó al tercer viaje de un bajonazo desalmado y un certero descabello.

El quinto ejemplar, segundo de su lote, sostuvo el bemol del encierro. En todo momento mantuvo su vista encima de los engaños, y sobre ellos regresaba con poder y nobleza tras cada suerte. De parte del sureño hubo capotazos, “salto con la garrocha”, pares de banderillas y granel de muletazos, pero prácticamente nada de toreo. Dejó un pinchazo hondo delantero, de tardos efectos, y así terminó su número.

Una larga cambiada genuflexa y en los medios fue el inicio de la labor del tlaxcalteca José Alberto Ortega (palmas en su lote); concluyó la intervención capotera con fajado quite por gaoneras para, posteriormente, encontrarse, muleta en mano, con un novillo encastado y exigente, pero con poco recorrido y clase. Poco a poco le encontró la distancia y comprendió que había que imprimirle mando al engaño, logrando media buena faena derechista que merecía mejor acabado con la toledana, pues acertó la estocada mortal luego de muchos viajes.

El sexto tuvo calidad, aunque acusó ciertos defectos: se terció alguna vez y salía suelto, amagando con ampararse en las tablas. Ortega, hambriento de triunfo, realizó un combinado con la capa en el que hasta enseñó una invención suya, plegando el engaño, cogiéndolo por la esclavina y haciéndolo pasar al antagonista por la espalda. Ya entrado en el tercio mortal, el joven destapó disposición y tenacidad, entregando una labor que le fue bien aquilatada por parte de la clientela.

Publicado en Noticiero Taurino.

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