Maestranza: plaza de todos.

Por Álvaro R. del Moral.

El ruedo entendido como plaza urbana: la idea nos lleva a la génesis del toreo, cuando las plazas públicas –como aún ocurre en algunas localidades de España- servían de improvisados recintos para la lidia. Ese protagonismo del espectador, del paisano que pisaba el ruedo antes de la salida del toro se sumaba al de los propios toreros creando una unidad perdida en la moderna protocolización del espectáculo, en su progresiva pérdida de naturalidad.

De alguna manera ésa es la filosofía que alienta esta actividad que ha vuelto, plena de salud, después de dos años de indeseado paréntesis cumpliendo su séptima edición. Y lo ha hecho creciendo en el número de participantes, más de 5.000 aficionados, visitantes y curiosos que llenaron por completo el ruedo en las dos horas que duró la actividad de este lunes, aplazada el pasado viernes por las inclemencias meteorológicas. Se trataba de fomentar el contacto directo con el recinto, pisar el mismo ruedo en el que se juegan la vida los toreros en un lugar que, como señala la campaña publicitaria de Pagés, se podría definir como “el palacio del toreo”.

Pero… más allá de pisar el ruedo maestrante se podía participar activamente toreando de salón asesorados por un total de 20 monitores profesionales del equipo comandado Eduardo Dávila Miura, colaborador de Pagés en esta acción. Pero la organización se reservaba una sorpresa: fue la participación de los diestros Oliva Soto y Ángel Jiménez, flamantes triunfadores de la corrida coral del pasado domingo, en la que ambos cortaron una oreja. El camero y el ecijano, recibiendo felicitaciones, también ejercieron de profesores de los distintos grupos organizados. Volvían a pisar la arena vestidos de paisanos. Apenas veinticuatro horas antes lo habían hecho ataviados de luces para dirimir su futuro delante de un toro.

Fue un taller de toreo en toda regla, con distintas áreas dedicadas a los tercios y suertes del toreo. Alumnos ocasionales torearon con el capote, clavaron pares de banderillas, torearon con la muleta y hasta pudieron subir en un caballo de picar de la cuadra de Peña, los mismos que se utilizan en las corridas del coso maestrante. Incluso se habilitó un espacio dedicado a los más pequeños -grandes protagonistas de la jornada por su nutrida presencia acompañados de sus padres, abuelos y demás familiares- con capotes y muletas de reducido tamaño. La Maestranza fue, por tanto, epicentro del toreo en dos horas largas en las que los aficionados pudieron aprender un poco más de todos los tercios de la lidia y disfrutar de este lugar único.

El Taller de Tauromaquia ha sido dirigido por el matador de toros Eduardo Dávila Miura y su equipo del Club de Aficionados Prácticos, contando con la coordinación del gabinete de prensa de Pagés, Toromedia Comunicación. Dávila Miura se mostraba muy satisfecho de la experiencia: “Un año más, los aficionados han sentido el privilegio de pisar este ruedo que para los toreros es un lugar sagrado y han tenido la ocasión de conocer más de cerca el toreo gracias a la iniciativa de la Empresa Pagés en la que tenemos el honor de participar; los he visto disfrutar y ese es el gran éxito de este día”.

Este es el séptimo año de esta actividad sin precedentes en ninguna otra plaza que tuvo como prólogo el pasado jueves un Taller de Tauromaquia para escolares que reunió a más de 1.000 alumnos de distintos centros sevillanos. Se trata de crear afición, de acercar el toreo a la calle en la antesala del ciclo continuado de festejos que comienza este miércoles. Vuelve la fiesta…

Publicado en El Correo de Andalucía

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