Joselito Adame se le fue por delante a Talavante en Aguascalientes.

Adame cortó una oreja pueblerina y otra decente en el esperado mano a mano.

Por Sergio Martín del Campo Rodríguez.

El diestro local Joselito Adame, ahora con el cetro de ser el más importante de lo que queda de México, con dos orejas oficiales se fue por delante a Talavante en el esperado mano de la tarde sabatina, 30 de abril, que generó un lleno hasta las palomeras en el coso Monumental, el único en lo que va de serial.

La misma casa empresarial fue la que se responsabilizó de enviar el encierro, en este caso de Begoña. Fue un encierro de reses de presentación desigual, algunos de bonitas hechuras, y, para mayores filiales, de poco juego en evalúo general. Al salir el tercero se dejaron sentir las inconformidades del público, en atención a su poca presencia. Igual manifestación se escuchó al ser arrastrados los despojos del tercero, cuarto y quinto. Para el segundo se ordenó el arrastre lento, premio por demás exagerado en mi opinión por tratarse de un astado noble pero justo de raza.

Como a casi todos los encierros, este no fue la excepción, y muy poco se le castigó en la suerte de varas. Y cómo los mexicanos somos “muy picados”, a alguien se le ocurrió, en su euforia, regalarle a Joselito un séptimo toro, de la misma casa, y con él se armó el show y la “pelea de gallos”…

Alejandro Talavante (al tercio, pitos y división) destapó la función entusiasmando al abundante público al cuajar lentas y bellas verónicas selladas con una larga, impresa con estética de alta nota. No menos le resultó el ramo de chicuelinas antes de armar la pañosa. Y ahí vino una gran faena con calificativos matemáticos. Los derechazos y los naturales emanaron de una forma totalmente puntuales. El de Begoña acusó nobleza, pero en igual medida carencia de poder. Consciente de esto, el ibérico le trató a base de muletazos delicados y le engranó series cortas y de hondo contenido técnico. Lamentablemente no hizo las cosas del todo bien al desenfundar la toledana.

Su segundo, era un astado algo justo de trapío y además, con poca raza.. El hombre tiene las tablas adquiridas en una fiesta de altas exigencias y rango mayor y poco le costó aplicar lo necesario para elaborarle una labor cumplidora.

El quinto acusó debilidad; no obstante, tuvo la virtud de la nobleza. En consecuencia, el ibero le trató suavemente al emplear las telas, pero ni así logró realizar algo de provecho que generara satisfacción entre la clientela. Fuera de los estéticos detalles, nada pasó. Afortunadamente lo mató más o menos rápido con una estocada tendida y varios descabellos.

El segundo de la función tuvo movilidad y no mal estilo. Para aprovechar al máximo esas cualidades, Joselito Adame (oreja, oreja pueblerina bastante protestada, palmas y dos orejas protestadas en el de obsequio) se desenvolvió suave y variadamente con el capote; y en el mismo tono se mantuvo al usar la pañosa, dándole clara estructura a una faena en la que brilló, sobre ambas manos, el oficio y las facultades adquiridos en sus años de matador. Largo y bueno fue el trasteo, lo culminó de espadazo muy decente en ejecución, pero algo atravesado en colocación, sumando, por consecuencia, un descabello.

El cuarto novillón careció de fuelle, y el diestro no pasó de verse voluntarioso con él.

Y saltó a la arena el sexto, el más hecho de la partida, mismo que no se entregó fácil. Jamás humilló y sí que en todo momento apuntó medias embestidas, y el diestro, a pesar de su voluntad, resolvió decorosamente, como corresponde a su rango actual.

*El toro de regalo no fue reseñado en la crónica por tratarse de un astado de regalo.

Publicado en Noticiero Taurino.

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