Feria de Abril: Exagerada Puerta del Príncipe para un gran Tomás Rufo.

Su actuación fue un compendio de entrega y buen gusto, y una dramática voltereta lo catapultó a la gloria.

Por Antonio Lorca.

Este año alguien cortará un rabo en la Feria de Abril; y, si no, al tiempo. La secular exigencia generosa de esta plaza ha desaparecido, y quién sabe si la pandemia nos ha vuelto a todos más dadivosos o será que creemos que los triunfos nos fortalecen frente a los muchos y potentes enemigos de esta fiesta.

Tomás Rufo, el joven torero de Talavera de la Reina, ha debutado en La Maestranza con todos los honores; ha entrado en el alma de Sevilla, que es galardón que solo a unos pocos se les concede. En una sola tarde, descolorida por una fuerte tormenta y embarrada por una pertinaz e intensa lluvia que se mantuvo durante la lidia de los cinco primeros toros, Rufo ha dicho alto y claro que es un torero tocado por la varita mágica del temple, la elegancia, la hondura, la entrega y el valor.

A pesar del ambiente tan desabrido, —el agua, el viento, el barro, los charcos y cada cual más pendiente del paraguas del vecino que de lo que sucedía en el albero—, el debutante ha demostrado que es un inconformista, que se sobrepuso a la adversa climatología con un pundonor y una tauromaquia que ha dejado a más de uno con la boca abierta.

Manejó el capote con una gracia exquisita. Veroniqueó a sus dos toros con hondura y suavidad, y participó en quites por chicuelinas y delantales en los de sus compañeros.

Ya en su primero avisó de que le adorna el don de la naturalidad ante un toro manso y de comportamiento desigual, como toda la corrida, que no permitió que la faena levantara el vuelo; pero cortó una oreja por su técnica depurada, su buen estilo y una estocada caída de efecto fulminante.

Más opciones le ofreció el sexto, tan huidizo y rajado como noble, al que toreó con garbo y hondura, con muletazos por ambas manos de muy buen corte.

Su labor fue entonada, pero no rotunda; de buen gusto, pero no arrebatadora. Así las cosas, montó la espada, y, en el momento del encuentro, el toro lo enganchó por la muslo derecho, lo volteó y lo arrolló durante varios metros por el barro en una situación dramática y angustiosa. Cuando pudo zafarse de su oponente, se le vio dolorido y con el semblante demudado, aunque, por fortuna, no resultó herido.

Con el vestido de color albero mojado, cobró una estocada, y el público, conmovido por la paliza recibida, pidió con desmedido afán las dos orejas, que el presidente concedió sin rechistar.

No era faena de dos orejas, pero ya se sabe que una voltereta predispone para el triunfo, y Rufo, que ha dejado en esta plaza una impecable impresión, se ha beneficiado de ello.

Por eso, esta Feria de Abril, cortar un rabo está más cerca que nunca. A ver qué otra opción le quedará a la presidencia si un torero es capaz, de aquí al domingo, de conmocionar al triunfalista público sevillano.

También El Juli y Roca Rey sufrieron los rigores de la lluvia y el desigual comportamiento de los muy serios toros de Victoriano del Río. El primero cortó una oreja por veteranía, madurez, conocimiento y buen gusto. Así lo expresó ante el cuarto de la tarde, al que muleteó con limpieza y suavidad después de que su primero, soso y muy descastado, no le ofreciera oportunidad alguna.

Y Roca Rey persiguió el triunfo con ahínco; muy centrado y valeroso ante su anodino primero, y muy pesado ante el desclasado quinto. A poco si escucha los tres avisos.

Por cierto, José María Soler, de la cuadrilla de El Juli, le hizo un quite verdaderamente providencial a un monosabio que cayó en la cara del cuarto toro cuando trataba de defender al caballo del picador, caído en el suelo. El capote de Soler evitó lo que pudo ser una cornada segura.

Y a estas horas, el joven Rufo seguirá saboreando las mieles de una Puerta del Príncipe exagerada a todas luces; una pena que no vuelva hasta la Feria de San Miguel; sería un buen candidato a cortar el rabo que está a punto de caer.

Del Río/El Juli, Roca, Rufo

Toros de Victoriano del Río, muy bien presentados, mansos en los caballos a excepción del segundo, y nobles, descastados y muy desiguales en el tercio final.

El Juli: dos pinchazos, media estocada y cinco descabellos (silencio); media trasera y tendida (oreja).

Roca Rey: pinchazo y estocada aviso (ovación); pinchazo aviso estocada baja 2º aviso y cinco descabellos (ovación).

Tomás Rufo: estocada caída de efecto fulminante (oreja); pinchazo y estocada caída (dos orejas). Salió a hombros por la Puerta del Príncipe.

Plaza de La Maestranza. Octava corrida de abono de la Feria de Abril. 2 de mayo. Lleno de ‘no hay billetes’.

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