Sevilla, la Feria de los excesos: demasiados triunfos, público controvertido y antológicas faenas.

El primer tramo de la temporada se ha saldado con treinta y una orejas, cuatro Puertas del Príncipe y seis llenos de ‘No hay billetes’

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Numéricamente, la Feria pasará a la historia: treinta y una orejas, cuatro puertas del Príncipe –que pudieron ser cinco– y seis tardes colgando el cartel de ‘No hay billetes’. Quizás, la más triunfalista de toda la historia. Unos datos que, aunque positivos en su balance, desvirtúan el valor de los trofeos. Y como muestra, este ejemplo: Daniel Luque abrió la Puerta del Príncipe el 28 de abril, jueves de preferia, y en su regreso a la Maestranza cinco días después, un martes de farolillos, había el mismo o incluso menos público que en su jornada triunfal. En otra época, la afición hubiese llenado la plaza por ver al nuevo ‘príncipe’ del toreo sevillano.

Hay una teoría que justifica el proceso de desnaturalización que sufren los tendidos de Sevilla: su progresiva pérdida de abonados. Más de cuatro mil, desde la crisis del 2008. Según explican fuentes cercanas a Pagés, la empresa de la calle Adriano ha cerrado esta campaña de renovación y captación de nuevos abonados con 2.300 clientes. Esta disminución del abonado clásico ha sido equilibrada con la venta de localidades sueltas, que evidencia un incontestable éxito para Pagés. Acerca de este cambio de criterios del público se pronunció el pasado domingo Ramón Valencia, en el Canal Toros de Movistar: «Hay quien dice de la afición de Sevilla, pero no se le puede pedir el carnet de identidad a todo el que entre en la plaza. Hacen falta tanto los sevillanos como los de fuera. Y para regular algunas cosas está la Presidencia».

Esa misma Presidencia fue cuestionada durante gran parte de la Feria. Todo comenzó el Domingo de Resurrección, cuando Juan Pedro Domecq tuvo que embarcar hasta dos corridas completas por las numerosas reses que las autoridades le habían rechazado, una polémica actuación que fue enmendada y suavizada en los siguientes festejos. El excesivo número de orejas concedidas hasta el miércoles de farolillos provocó elevadas críticas, y a partir de ese momentos llegaron varias peticiones de trofeos que no fueron atendidas: Cayetano, Paco Ureña, la tercera oreja a Roca Rey y la segunda a Manuel Escribano. Entre sus aciertos, que durante el ciclo continuado aprobasen toros más ‘sevillanos’ y menos aparatosos, como el jandilla ‘Zafia’, lidiado en sexto lugar por José María Manzanares, uno de los más bravos del serial. También hay que reconocer la sensibilidad mostrada por el usía Gabriel Fernández Rey en la corrida de Victoriano del Río, cambiando con celeridad los tercios de banderillas por el peligroso estado del ruedo.

Morante de la Puebla también señaló al palco, cuando no le concedieron la oreja del primer toro de Jandilla, el viernes de preferia: «Si con esta faena, y aun pidiendo la gente la oreja, el presidente no la concede, es que falla el presidente». Aquel trofeo lo hubiese empatado con Julián López ‘El Juli’, declarado triunfador de la Feria. Morante era la base de los carteles, con cuatro tardes en este primer tramo de la temporada (tendrá dos más en San Miguel), y no defraudó: como ya ocurriera la pasada campaña, vuelve a salir beneficiado de su paso por Sevilla. De cada actuación del torero de La Puebla del Río guardan los aficionados pasajes en su memoria: de Resurrección, aún convaleciente de la lesión de su hombro derecho, un inicio de ayudados por alto, así como pasajes al natural; de la corrida de Jandilla del viernes de preferia, su inspiración gallista que fue de lo más torero de la Feria; de la corrida de Cuvillo, su homenaje a Pepe Luis Vázquez con el cartucho de ‘pescao’, seguido de tres excelsos naturales y un pasaje de inspiración junto a la puerta de toriles; de la corrida de Torrestrella, su compendio de capacidad, valor y torería ante un bravo y exigente sobrero Garcigrande.

Seis orejas para Garcigrande

La ganadería salmantina, segmentada en los dos hierros familiares (Garcigrande-Domingo Hernández), ha sido la que mayor y mejor juego ha ofrecido durante la Feria: a las dos citadas orejas de Morante hay que sumarles las cuatro que dos días antes cortaron El Juli y José María Manzanares. Ese miércoles de farolillos consiguió el torero de Velilla de San Antonio su séptima Puerta del Príncipe. Con el superclase primero mostró ‘El Juli‘ su versión más artística, desprendida de triunfalismo. Un síntoma habitual durante las etapas postreras de los grandes maestros.

También recibió Julián López una oreja de la corrida de Victoriano del Río, a la que llegaba como un absoluto desconocido Tomás Rufo, y de la que salió catapultado como nueva estrella del toreo. Muchos encontraron similitudes entre sus verónicas y las de José Tomás. Encandiló con su puro y profundo concepto al natural, y por su sincera ambición: pasó de intuirse una dudosa oreja ante el sexto a recibir el doble trofeo, tras la épica segunda estocada con el traje enfangando y el rostro ensangrentado. También pudo haber cruzado a hombros el pórtico principal Roca Rey, de no ser por las contradictorias decisiones de Fernando Fernández Figueroa, quien concedió dos cariñosas orejas en primer turno y negó el merecido trofeo del sexto. El peruano sale avalado de su paso por Sevilla.

Lejos quedaba ya la exitosa corrida de seis toreros sevillanos. Triunfal por la buena actitud de los toreros, no por la asistencia de público: aquel domingo coincidió con la celebración bética de la Copa del Rey a la misma hora que el festejo. Oliva Soto y Ángel Jiménez fueron los grandes triunfadores, con sendas orejas. Como también las cortaron tres días después José Garrido y Alfonso Cadaval, con dos buenos toros de Santiago Domecq. El tercero de aquella corrida, de nombre ‘Chismoso‘, se ha llevado el trofeo de la Real Maestranza al mejor toro de toda la Feria.

La jornada posterior alumbró a un soberbio Daniel Luque, ante la debutante corrida de El Parralejo. Se repuso de una seria cogida y extrajo el máximo jugo de su lote. De la corrida de Victorino sobresalió ‘Pobrecito‘, hijo del indultado ‘Cobradiezmos’, al que toreó francamente bien Antonio Ferrera, en una faena empañada por el estilo sui géneris del extremeño.

La Feria, que no resultó especialmente positiva para las dos grandes esperanzas del toreo sevillano (Juan Ortega y Pablo Aguado), fue rubricada por un digno y meritorio Manuel Escribano.

Publicado en ABC Sevilla

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