Crónica de la Plaza México: Un toro de triunfo.

Salió un toro de triunfo en sexto lugar y le correspondió a Juan Pedro Llaguno. Fue de Arroyo Zarco y se llamó Albero. No hubo más toros soñados pero hubo otro toro potable del hierro de Golondrinas lidiado en segundo lugar y otro de Arroyo Zarco, lidiado en quinto lugar. Ambos le tocaron en suerte al torero yucateco André Lagravere.

Por Luis CuestaDe SOL y SOMBRA.

Le decía que salió un toro de triunfo en sexto lugar, sin embargo no podría decirle si por suerte o por desgracia le tocó al queretano Llaguno. Quizá por lo segundo, pues se le fue vivo y no pudo torearlo a placer por diversas situaciones. Y es que Llaguno le hizo una faena que no tuvo orden ni temple en la primera parte de su faena de muleta, que estuvo marcada por las condiciones del viento que soplaba con furia en esos momentos. Alternando continuamente izquierdas y derechas no encontraba ni el sitio, ni el gusto para conducir aquellas embestidas sensacionales. Llaguno no pudo más y con el rostro desencajado, tomó camino rumbo a las tablas en busca del estoque de acero, pero algo debió pasar entre el torero y su apoderado en esos segundos, quizás alguna palabra de aliento o tal vez algún reclamo porque Llaguno regresó a la cara del toro encastado y le hizo una faena enrabietada en la que destacaron un par de tandas. Fueron dos tandas en las que toreó ceñido, templado y hondo. Sí señor: así torean los toreros de arte y casta. Finalizada la segunda tanda se perfiló para matar y ante la sorpresa de todos se desentendió de la muleta y sin pensarlo dos veces se lanzó contra los pitones en busca del milagro. La escena fue espectacular como la voltereta que le propició el de Arroyo Zarco. Lamentablemente el pinchazo fue en todo lo alto. Joselito Adame en Las Ventas en la memoria de todos, pero en aquella ocasión José no falló y Llaguno sí. Tras el primer pinchazo llegó el primer aviso, después el segundo y el tercero que cayó como una loza pesada sobre el torero. Y lo que pudo significar un triunfo de apoteosis, quedó en una aciaga raya para su historial en la Plaza México.

Un toro vivo de esta calidad en la Plaza México no es poca cosa, pero nadie le podrá reprochar a Llaguno su actitud y raza por haberlo intentado. A su primero lo pasaportó sin mucha historia tras una labor voluntariosa.

El Galo Lagravere tuvo una tarde para la reflexión, ya que con un lote potable anduvo entre azul y buenas noches. Tampoco le vamos a pedir al joven matador genialidades ni maestría, pero la actitud y las formas importan. El quinto era un toro con trapío, con movilidad y fijeza. Tantas sorpresas juntas quizás fueron difíciles de asimilar para el torero yucateco que terminó por naufragar ante el astado de Arroyo Zarco y, juntándolas, a la afición y al juez del festejo se les bloqueó un poco el juicio con ellas. Y, al final, decidieron premiar con el arrastre lento al toro, sin tener en cuenta que había sido un manso encastado, pero no de esos de los que huyen despavoridos hasta llegar a la querencia de chiqueros. Un toro manso encastado como el que le tocó al Galo es de los que se crece y que va a más y en ocasiones puede ofrecer un juego interesante como en este caso.

Su primero del hierro de Golondrinas llevaba la cara a media altura pero no se comía a nadie, sin embargo El Galo anduvo a medio gas con él, le pegó muchos pases pero también -cómo pasó en su segundo- se le fue sin haber conseguido estructurarle una faena que conmoviera o que conectara con el tendido. El Galo tiene un problema y aunque no carece de métodos, si carece de estilo y eso es algo en lo que tendrá que seguir trabajando.

“El Zapata” es torero de sol y pueblo, un héroe de mil batallas ganadas a lo largo y ancho del territorio mexicano, pero hoy no tuvo su mejor tarde, ni acabó con el cuadro en banderillas como todos pensaban. Su lote fue el más deslucido, pero el tlaxcalteca no anduvo tan fino como en otras actuaciones. Con su primero (que saltó de salida al callejón) se pasó minutos pegando pases sin conseguir una tanda rescatable y con su segundo (qué desarrollo peligro) anduvo con esa facilidad y experiencia que dan los años, pero sin poder redondear su trasteo. Torear, en sí, ya supone un complicado ejercicio, pero con los toros difíciles lo es más.

Pesadez por seis

Los tres matadores banderillearon los seis toros y habría valido pagar para que no lo hicieran. La rutina arruina todo en la tauromaquia hasta en el tercio de banderillas. Hubo algunos toros potables y, con toros así, lo que se necesita son lidiadores de vocación, diestros que conozcan a fondo la técnica para resolver los problemas que les planteen sus toros, pero principalmente que sientan en el alma el arte de torear y no necesariamente banderilleros al por mayor.

Breve balance

Con la muerte del sexto toro finalizaron los experimentales “Festejos de Primavera”, que fueron un bálsamo de agua fresca para la afición capitalina y aunque es cierto que no se registraron grandes entradas, la realidad es que el público nuevamente le respondió a la empresa en todas las corridas y novilladas, claro, en medida de los carteles anunciados.

La México hoy por hoy ya no es plaza de dos temporadas, ya que bajo la nueva dirección que encabeza Mario Zulaica, mantendrá sus puertas abiertas todo el año para beneplácito de toda la afición.

Mi enhorabuena para toda la afición capitalina que tendrá toros prácticamente durante todo el año 2022.

Es lo que digo yo.

GOLONDRINAS, ARROYO ZARCO / ZAPATA, LAGRAVERE y LLAGUNO

Toros de Golondrinas (1, 2 y 3) Arroyo Zarco (4, 5 y 6) bien presentados en general, entre los que destacaron el 5° que fue premiado excesivamente con el arrastre lento y el sexto por su bravura y clase.

Uriel Moreno «El Zapata»: Silencio y silencio tras aviso.

André Lagravere «El Galo: Pitos y fuerte abucheo tras dos avisos.

Juan Pablo Llaguno: Silencio tras aviso y palmas tras tres avisos.

Plaza México. Entrada regular.

Twitter @LuisCuesta_

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