La Plaza México Por Catón.

La Plaza México, el coso taurino más grande del mundo, ha debido cerrar sus puertas por determinación de un juez. La prohibición de celebrar ahí corridas de toros parece obedecer a una corriente animalista que hoy por hoy es lo políticamente correcto. A eso se plegó el juzgador, según todos los indicios, y no a un criterio fincado en el conocimiento de la fiesta de toros y de todo lo que con esa antigua tradición se relaciona.

Me ha apenado grandemente el cierre de esa plaza, colmada de historia y tradición, por cuyo ruedo han pasado los más grandes lidiadores no sólo de México, sino de todo el mundo de la tauromaquia. Yo amo la fiesta de toros porque amo al toro de lidia, uno de los más bellos ejemplares de la fauna universal, el cual indefectiblemente entrará en vías de extinción y desaparecerá finalmente si las corridas de todos se prohíben. El toro de lidia, en efecto, nace y se cría para ser lidiado. Su sino no es el mismo que el de otras reses, destinadas por su propia naturaleza al matadero. El toro de lidia pertenece a otra especie, otra casta, otro linaje. Por instinto tiende a embestir, y de eso se valió el hombre para inventar un arte magnífico, el único que crea belleza a la sombra de la muerte. La decisión del juez capitalino amenaza a ese arte y a su protagonista principal, el toro.

Esperemos que todos los recursos legales se pongan en ejercicio para anular tal prohibición, infundada y atentatoria contra la libertad.

Twitter @Twittaurino

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