El salmantino que más veces ha liderado el escalafón taurino.

Por Javier Lorenzo.

En la primera temporada completa que toreó como matador de alternativa (1973) —después de doctorarse en el umbral del verano anterior en Bilbao que terminó con 54 corridas de toros, a apenas una treintena de las 86 con las que lideró la tabla PaquirriEl Niño de la Capea ya quedó líder del escalafón. Acababa de cumplir 21 años. Se convertiría, a partir de entonces, en uno de los grandes referentes. Y en uno de sus líderes también. No en vano, en aquella década explosiva de los setenta el torero de Chamberí, recién llegado al escalafón de matadores de toros, se asentó en lo más alto de la tabla nada menos que en cinco temporadas: a la 1973 le siguieron las de 1975, 1976, 1978 y 1979. No serían las únicas porque también quedó en lo más alto en 1981.

Hasta la irrupción de El Niño de la Capea, el único matador de toros salmantino que logró acabar primero en la clasificación de los matadores de toros al finalizar el curso había sido Santiago Martín ‘El Viti’. Curiosamente, el diestro de Vitigudino también logró ese hito con muy poco tiempo de alternativa, en 1963, dos años después de doctorarse en Las Ventas (1961) cerrando aquel ejercicio con 77 corridas de toros. Esta de 1963 sería la única que conseguiría esta marca. El relevo de El Viti lo tomó El Niño de la Capea, más de una década después. Y, a partir de entonces, llegarían aquellas seis campañas en las que logró ponerse al mando del escalafón.

La de 1981, con 67 paseíllos, es la última referencia que se encuentra en la que un diestro salmantino acaba al frente del escalafón de los matadores de alternativa.

De esta media docena de campañas en las que Capea acabó como el diestro que en más corridas de toros actuó, fue la de 1975 la más intensa de todas. No en vano, en ella hizo el paseíllo en 92 corridas de toros. Una cifra que en aquella década solamente había superado Manuel Benítez ‘El Cordobés’ en 1972 con 121 paseíllos y que ningún diestro igualó o superó hasta que apareció en escena Juan Antonio Ruiz ‘Espartaco’ mediados los 80 y en 1987 firmó las cien actuaciones, que ya se convertirían en habituales en los noventa cuando se disparaon las cifras por campaña con hitos como el de Jesulín de Ubrique en 1994, con 153 corridas de toros o las 161 del año siguiente (1995). Lejos de aquel frenesí de los últimos años del siglo pasado, Capea había dejado ya su listón marcado, su impronta y su verdad en los ruedos, en los que se convirtió en uno de los grandes referentes del último cuarto de siglo XX.

Publicado en La Gaceta de Salamanca

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