Apoteosis de ‘El Niño de la Capea’ en Guijuelo.

El legendario matador de toros salmantino Pedro Gutiérrez Moya, ‘El Niño de la Capea‘, se ha vestido de luces este domingo, 19 de junio, en Guijuelo para celebrar el cincuenta aniversario de alternativa, sus bodas de oro. Un torero a punto de cumplir siete décadas, pero con los sueños y las ilusiones de uno de 20 y en plena forma.

Capea ha hecho el paseíllo bajo un cielo nublado y una agradable temperatura de 21 grados en la citada localidad salmantina para matar dos toros de su propia ganadería y ha estado acompañado en uno de los carteles más emocionantes que se recuerdan tanto de su hijo, Pedro Gutiérrez ‘El Capea’, como de su yerno, el extremeño Miguel Ángel Perera, en un acontecimiento que, más allá de lo familiar, supone todo un hito en la tauromaquia.

Una plaza a reventar que ha roto en aplausos al verlo, una vez más, vestido de luces. Nacido el 17 de septiembre de 1952 en el barrio de Chamberí de la capital salmantina, ‘El Niño de la Capea’ ha conmemorado el medio siglo de esa alternativa que Paco Camino, en presencia de Paquirri, le concedió en la plaza de toros de Bilbao el 19 de junio de 1972.

Comenzó la corrida con un minuto de silencio por el recién torero fallecido, Andrés Vázquez. De azul y oro, como si no hubiese pasado el tiempo estuvo Capea sobrado en su primero. ‘Penumbrito‘, de 470 kilos, herrado con el hierro de Carmen Lorenzo y con el número 56 en el costillar. Negro listón, bien presentado, brocho de encornadura. El maestro salmantino lo paró a la verónica arrancando las primeras ovaciones de la tarde. Gran quite por verónicas rematado con una media a pies juntos. Brindó el toro a su mujer, Carmen Lorenzo y cerrado en el tercio, por el aire, comenzó a torear por la mano derecha trazando muletazos largos y de mando. Faena basada en el pitón derecho con detalles de gran calidad como cambios de mano y trincherazos de muy buen gusto. Capea rubricó de gran estocada, dos orejas y rabo… como si no hubiera pasado el tiempo. La gente, entregada. El torero, deleitándose. Rendición ante el matador.

Espetito‘, de 475 kilos, herrado con el número 54 de Carmen Lorenzo hizo segundo de la tarde. Negro, hondo, alto de agujas, cornidelantero, abanto de salida… Tardó en fijarlo Perera para torearlo a pies juntos en el centro del albero. Con un puyazo le realizó un gran quite por chicuelinas rematando con una media para seguido darle tres con el capote a una mano, rematando con un pase de pecho. Brindó el astado a ‘El Niño la Capea‘ para hacer una faena muy inteligente, cuidando mucho al toro, imponiendo su toreo tan técnico y poderoso en la distancia larga. Enganchándolo para vaciar la embestida y quedarse colocado. El animal tenía buen ritmo y colocaba bien la cabeza. El extremeño lo aprovechó por ambos pitones con un toreo limpio y relentizado. Remató con redondos para enterrar la espada hasta los gavilanes. Dos orejas. Aplausos al toro en el arrastre.

Listoncillo‘, del hierro de Capea, negro de 470 kilos, herrado con el número 34, anovillado salió rematando en tablas y se fijó y embistió con codicia en el capote del Capea que lanceó a la verónica. Empujó en varas con la cara metida y con clase recibiendo dos puyazos. Gran toro, con mucho recorrido, buen tranco y mucha fijeza en los engaños al que el torero le formó un lío por ambos pitones. Aprovechó las embestidas llevándolo muy largo para terminar metido entre los pitones. Enorme faena ante un toro que aguantó una faena larga sin acusar el desgaste. Estocada tendida y descabello. Dos orejas.

Dolorito‘, de Capea hizo de cuarto con 520 kilos, herrado con el número 48. Negro, alto, estrecho de sienes y brocho con ell que el maestro salmantino volvió a poner la plaza en pie con el capote dando un recital de torería, la felicidad tenía nombre esta tarde y su rostro así lo hacía saber a todos los aficionados. Gran puyazo del picador Óscar Bernal. Quite del maestro por verónicas que volvió a poner la plaza en pie. Realizó una faena de figurón del toreo con la ambición intacta del que empieza, con mucha firmeza y gusto… sin enganchones. Una faena de un ‘monstruo’ del toreo tal y como se podía escuchar en los tendidos. Ni la mala suerte con los aceros la pudo emborronar. Oreja.

Piesdeplata‘ hizo de quinto, de 541 kilos, herrado con el número 58. Negro, largo, hondo, bien presentado, alto de agujas metió bien la cara en el capote de Miguel Ángel Perera que lanceó a la verónica. Gran quite por tafalleras y brindó al público. Rodilla en tierra, con pases cambiados hizo ‘rugir’ la plaza de Guijuelo. Tiró de técnica ante un toro al que le costaba, sin mucho ritmo al que exprimió en una faena larga y vibrante. Terminó metido entre los pitones del astado hasta el punto de tocarle la taleguilla. Gran labor del extremeño que mató al toro de una estocada caída. Dos orejas.

Cerró la tarde un toro negro, hondo bajito de manos, abierto de sienes, cornidelantero que no se empleó en el capote de Pedro Gutiérrez ‘El Capea’. Buen tercio de rehiletes, brindó el toro a su padre el maestro salmantino Capea. Clavó rodillas en tierra para comenzar una labor que no cogió mucha altura por las dificultades, la falta de codicia y el escaso fondo del astado. Sacó la mejor parte tirando de la mano izquierda, toreando al natural para meterlo en las cercanías. Arrimón, metido en la misma testuz del animal. Media estocada. Dos orejas.

Público en el Tribuna Salamanca por Tamara Navarro.

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