Importante triunfo de la ganadería de Ana Romero.

Y el pañuelo azul, asomó en el palco de la presidencia. Pañuelo de vuelta al ruedo en honor de ‘Barbero’ nº 57, de la ganadería de ‘Ana Romero’. Gran toro, de preciosa estampa, de importante trapío; cumplió empujando en varas, permitió un formidable tercio de banderillas a cargo de Curro Javier y propició una faena de dos orejas y salida a hombros de Álvaro Lorenzo. En la muleta, noble, repetidor, sin un atisbo de rehuir la pelea, embistiendo por derecho, con la boca cerrada, en suma, un gran toro para orgullo del ganadero, Lucas Carrasco.

Fue el sexto toro de una corrida, de excelente presentación, a punto de cumplir seis años cada uno de los astados y que dieron un juego más que interesante. Además de ese sexto hubo otro toro muy importante: el cuarto y el resto de la corrida encastados, exigentes y pidiendo los papeles, por encima de los toreros casi todos ellos.

Sergio Serrano fue cogido de forma aparatosa en el cuarto. En el tercio dio una larga cambiado, revolviéndose el toro rápidamente, lo desarmó y haciendo hilo con el torero lo prendió y le acorraló entre la barrera y la tronera del burladero, hiriéndole en la pierna izquierda, después de una voltereta espectacular. Aunque en un principio pareció una cogida importante se quedó en un desgarro fuerte del gemelo, aunque le impidió continuar la lidia. En su primero, estuvo muy profesional, con un toreo serio cuya principal virtud fue saberse acoplar a la movilidad del toro. Supo darle sitio y perder un paso entre cada pase en casi todas las tandas por ambas manos. Falló a espadas y finalmente se silenció su labor.

Alejandro Marcos es un torero de la escuela salmantina; sobrio, pausado; supo entender al tercero y hubo dos series por el pitón derecho en las que templó la embestida, pase a pase, dando tiempo y distancia entre cada uno de ellos, luciendo mucho al toro. Su segundo, exigía mucho, fue de menos a más y la faena fue de torero valiente y entregado, de cualquier forma, meritoria. Si no hubiera fallado con el estoque en los dos toros hubiera podido cortar algún apéndice.

Tuvo que lidiar tres toros Álvaro Lorenzo y estuvo desaparecido en los dos primeros. No terminó de acoplarse. Muy desconfiado en el segundo y precipitado y medroso ante el cuarto, un gran toro que esperaba a un torero decidido con las ideas claras.

Cuando ya parecía que el sexto iba a ser de puro trámite, apareció el torero que algunos esperábamos. El triunfador de Sevilla y Madrid. Lo toreó muy bien con el capote y a la faena, corta, medida no le faltó ni le sobró un pase. Citaba al toro de lejos y este acudía al embroque con prontitud, humillando, haciendo ‘el avión’ en alguna ocasión. Lo entendió mejor por el pitón derecho que por el izquierdo, pero por ambos pitones fueron pases de excelente factura. Remató con cuatro manoletinas, muy limpias y un gran pase de pecho antes de clavar el estoque en el hoyo de las agujas.

Publicado en El Diario Vasco

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