«Si hay un espectáculo que está arraigado en el mundo de la cultura es el de los toros»: José Luis Lozano.

Leyenda viva del mundo del toreo, conversar con José Luis Lozano supone adentrarse en la historia, conocer anécdotas y tiempos pasados que confrontar con el estado actual de la Fiesta.

Por Ramón Rozas.

Cuando se busca información para presentar a José Luis Lozano no se paran de encontrar términos como los de «enciclopedia del toreo», «leyenda de todos los ámbitos del toro», «una de las personas más inteligentes que ha dado la tauromaquia», «extraordinario conversador»… expresiones que se entienden casi como obligadas a la hora de presentar a una persona que, nacida en 1936, ha visto todo lo que se puede ver en cuanto a toros y toreros en España y al otro lado del charco, pero que una vez que has pasado unos minutos de conversación junto a él las entiendes no como esa obligación, sino como una verdad grande como esa plaza de Las Ventas del Espíritu Santo de Madrid que él, junto a sus hermanos, el Clan Lorenzo, Eduardo y Pablo, gestionó entre 1990 y 2004, batiendo todos los registros posibles. Junto a la gran plaza, la pequeña y coqueta Plaza de San Roque, forma parte también de su memoria sentimental y profesional.

Toda una institución en el mundo el toro, ¿cómo valora en estos momentos el estado actual de la Fiesta?

La Fiesta de los toros no es ajena a los demás sectores de la sociedad. Sobre todo en lo relacionado al mundo del espectáculo, se ha visto muy perjudicada, estamos pasando ese trago y superando esos años tan malos. Pero yo que ya he estado en varias citas creo que la gente se ha apuntado a las ferias y ha respondido muy bien, de una manera muy alegre. Para todos ha sido una grata sorpresa esa recuperación tan rápida.

Estos dos años de pandemia habrán sido muy duros para los ganaderos, como en otros sectores del toro, claro. ¿Qué ha supuesto para una ganadería como Alcurrucén?

Ha sido duro sobre todo para los ganaderos. Para Alcurrucén ha sido muy triste, al tener que mandar toros al matadero. Al ser una ganadería con mucha selección, y estar esperando cuatro años por él, pues te da mucha pena que ese toro no se pueda lidiar. Más allá de lo económico es una gran desilusión no poder ver el comportamiento de esos animales. Todos los sectores es cierto que han sido perjudicados, pero, por ejemplo, el torero dobla el capote y la muleta y espera a que esto pase; el empresario, también, pero el ganadero no. El ganadero tiene que seguir como si no pasara nada, sanitariamente hay que cuidar a los toros, la alimentación, el personal en la finca… todo igual, pero en vez de enviar el toro a la plaza se tenía que ir al matadero. Todos los ganaderos que han aguantado han tenido mucho mérito.

Y cómo ha visto desde el regreso a las plazas el ambiente. ¿Ha notado un mayor interés por parte del público?

Sí, se está notando mucho interés, sinceramente no esperábamos esa reacción de los aficionados. Este es el segundo espectáculo de España, después del fútbol, están ahí los números, por encima del cine, etc… lamentablemente hay una censura sobre el mundo del toro, ahí tienes la televisión que solo da una noticia de toros si es mala. Si en el sitio más inhóspito una vaca da una voltereta a alguien, aunque no le haya hecho nada, esa es la noticia.

Precisamente le quería preguntar sobre qué se podría trabajar para mejorar la relación del mundo del toro con el resto de la sociedad y qué soluciones se podrían encontrar a ese desapego.

El ámbito del toro hace siempre un gran esfuerzo por comunicarse, y por llegar a la sociedad. Pero llevamos un montón de años, y con distintos gobiernos, que no te escuchan, y aún por encima esa censura en la televisión pública. Una fiesta como esta, tan arraigada en los pueblos, tenía que estar mucho más presente en los medios de comunicación, más en la televisión pública que se paga con nuestros impuestos, como si se fueran a asustar los chavales al ver esas imágenes con las noticias horribles que vemos cada día. Hay que respetar la cultura de los pueblos, si hacemos borrón y cuenta nueva en ese aspecto, ¿qué les queda a esos pueblos? Los toros forman parten del Ministerio de Cultura. Fíjate que varios premios Nobel han escrito de toros, y alguno incluso quiso ser torero. Vargas Llosa, García Márquez, Cela, Hemingway… si hay un espectáculo que está arraigado en el mundo de la cultura es de los toros.

Uno de los grandes problemas en esa distancia puede ser el papel de la izquierda que ha abandonado ese protagonismo desde lo cultural de apoyo a la Fiesta y el sentirse como parte de algo que representa numerosos valores.

La izquierda, sobre todo el Partido Socialista, estaba lleno de aficionados a los toros. Ahora han desaparecido, yo no sé si son complejos o qué es lo que sucede. Hay que reconocer que en la época de Felipe González fue el momento en que más gente iba a los toros, y se cuidaban. Un gobierno por donde pasaron Múgica, Corcuera, Guerra, Txiqui Benegas (en el partido no en el Gobierno), todos ellos muy aficionados. Y si vamos a antes de la Guerra la izquierda siempre estuvo muy presente en las plazas. La Fiesta de los toros no es ni de izquierdas ni de derechas, existe Sol y existe Sombra, es una fiesta del pueblo.

Hablábamos antes del ambiente en las plazas y ahí la Plaza de Pontevedra es una plaza especial, como especial es para la familia Lozano

Cierto, son muchos años en ella. Nosotros ya antes de comprar la Plaza estuvimos veraneando por esa zona, y estábamos asociados con Dominguín. Ya conocíamos la Plaza y nos gustaba. En cuanto al público de Pontevedra, para toda la afición taurina es muy respetada, precisamente por ese mismo respeto que se tiene al torero. Tú ves las Peñas que son alegres, cantan, pero cuando llega el toro se respeta al torero. En otro sitios eso no sucede. Los profesionales en general respetan a esta afición y los toreros sabemos que van muy a gusto a Pontevedra, de ahí que se puedan hacer los carteles que hacemos. Hay un poso de muchos años y eso se nota. La afición se hace viendo a buenos toreros, buenos subalternos y buenas ganaderías, y pese a las pocas corridas de Galicia en Pontevedra la gente sabe y aprieta cuando hay que apretar.

¿Cómo se puede definir al toro de su ganadería de Alcurrucén?

Nosotros compramos hace cincuenta años el encaste que más nos gustaba, que era el de los Herederos de Carlos Núñez por la forma de embestir. En nuestra faceta de apoderados de las figuras, siempre nos gustaba ir con una corrida de Carlos Núñez. Poseen tres virtudes que yo considero vitales: la fijeza, el recorrido y la humillación. Virtudes que se van descubriendo poco a poco, por eso el toro de Núñez es para grandes profesionales que tienen que saber que el toro crece en la plaza y su comportamiento va a ir a más.

En qué debe fijarse un aficionado cuando sale un toro a la plaza. Usted que ha visto tantos toros, enséñenos a ver virtudes y defectos en el animal.

El aficionado tiene que seguir al toro de cerca y fijarse bien en esos tres tiempos que marcan su comportamiento. En el capote tienes que observar si el toro lo entrega todo o si se está reservando; la suerte de varas es fundamental, ahí vienen los grandes cambios del toro. Un toro que es huidizo, si en el tercio de varas empuja, con el puyazo se viene arriba; y a partir de ahí con las banderillas ya verás como el toro va rompiendo a malo o a bueno. Es un seguimiento muy difícil, por eso los toreros que han visto al toro rápido son los que se convierten en figuras. El secreto es ver al toro antes que el público. Si el torero va por detrás del público, malo.

Muchas veces el público también es muy impaciente con los toros, y enseguida silba y se pone nervioso.

El toro de Alcurrucén, como te decía, tarda en enseñar las virtudes. El torero que sabe eso tiene que verlo. Hay toros que son malos, y lo serán de principio a fin. Pero hay otro tipo de toro que según va el desarrollo de la lidia coge ritmo y conocimiento, y depende mucho del torero. Carlos Núñez decía que «esta ganadería es muy buena… pero para toreros buenos».

¿Cómo son los toros que formarán parte de la corrida de Pontevedra del domingo 14?

Pues irán ocho toros, bonitos, una corrida bien presentada. Con capas muy diferentes, chorreados, negros, castaños y colorados.

¿Alguno en el que tenga especial confianza?

El que pronostica en el mundo del toro no deja de ser un insensato. Yo he conocido a ganaderos pegar el petardazo del siglo. La mejor opinión es la del silencio.

¿Qué echa de menos José Luis Lozano del toreo de otros tiempos?

El ambiente. Un día de toros es siempre un día festivo. Compáralo con el fútbol, vas al partido lo vives y se acaba. Pero los toros es un rito. Todo el día depende de esa celebración. La comida hablando del toro y después comentando la experiencia. Eso se ha llevado a rajatabla y hacía afición, pero se ha perdido ese ambiente, no sé si por televisar las grandes ferias completas, que hace que dejen de ir personas de diferentes lugares a la Feria de Madrid o de Sevilla, y se pierde el encuentro de la gente. La televisión es buena para muchas cosas pero en ese menor ambiente perdemos algo importante.

¿Cuál ha sido para usted la época dorada de los toros?

Ha habido grandes épocas y siempre están en función de las grandes figuras. Hay una época dorada que conocimos bien que es la de los años 60/70 con veinte toreros especiales y con una competencia feroz. Luego otra época muy buena fue en los 90 con doce o catorce toreros importantes. Ahora también es buen momento por la renovación, es necesario que haya nuevos nombres y ahí tienes a Roca Rey y a Tomás Rufo

Y una pregunta imposible de responder. ¿Cuál ha sido el torero que más le asombró?

Desde niño he tenido pasión por Domingo Ortega. Reconociendo que he visto infinidad de toreros, desde Marcial Lalanda en Madrid hasta hoy he visto todo.

¿Qué le hacía diferente?

Tenía el temple y la forma de hacerles andar a los toros. Recuerdo una anécdota cuando llevábamos a Espartaco y en un tentadero en casa de Domingo Ortega, Ángel Teruel toreaba una vaca que era dura. Y Ortega, ya mayor, le pidió la muleta a Teruel y yo le dije a Espartaco, «fíjate lo que es el temple». Llegó Ortega y le dio dos ayudados por alto y con dos pases más la vaca era otra.

¿Tantos años asistiendo a los toros y todavía se emociona cuando escucha los timbales?

Siempre, siempre… Es un misterio todo lo que queda por venir. Nunca sabes lo que puede ocurrir.

Publicado en EL DIARIO DE PONTEVEDRA

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