Un torero sin gracia es una desgracia.

Por Jesús Bayort.

Te puedo perdonar que no vengas al festival del Gran Poder, que vayas pateando almohadillas o que hagas gestos provocativos con la oreja. Hasta puedo pasar por alto que te pasearas por la Feria de Abril con Macarena de Salobreña (ahora anunciada como ‘La Niña del Camino’). Lo olvido todo. Por una sencilla razón: porque eres el que mejor ha toreado en toda la historia del toreo. Pero jamás te perdonaré que hayas pinchado la faena de tu vida. La más imperfecta, arrebatada y desinhibida de cuantas hayas podido cuajar. Has soñado el toreo. Y nosotros lo hemos soñado contigo, entre pellizcos que certificaban la veracidad de tu creación.

Hoy me parecías incapacitado, sin facultades físicas. Huyendo despavorido al burladero, trampeando en las chicuelinas y sin rematar un solo pase por bajo en el inicio. Volví a caer en tu trampa: «A este hombre le está pesando el intenso verano», pensé. Pobre de mí. De ese estado de trance brotó lo mejor de cuanto te he conocido. ¿Así serían aquellas transmutaciones belmontianas? Del compungimiento por el patetismo de un hombre torpe, a la exaltación por el semidiós que sublimaba al barroquismo. En él pensaba cuando te veía andar bajo tu sedación, más enfrontilado que nunca con el toro. Vaciando un reloj de arena en cada muletazo, que terminaban donde habían desaparecido todos los límites.

Publicado en ABC Sevilla

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s