La Fiesta está Viva: De oro Por Rafael Cué.

Los matadores visten en seda y oro. Metal dorado que representa el esplendor, que fungió como moneda de cambio en otras épocas y que se podría pensar que es la máxima forma en que la humanidad ha representado los más altos estándares de las civilizaciones, lo sagrado para algunas religiones, la economía y hasta el amor.

Vivimos una época de oro en el toreo, el nivel que los toreros vienen desarrollando en los últimos años es, realmente, para ser considerada la primera época de oro de este siglo en tauromaquia.

Los rancios aficionados pensarán que la del siglo pasado ha sido la última época de oro del toreo. Aquella tuvo el esplendor total por la evolución en la forma de torear, la definición del concepto de bravura y desarrollo genético de la ganadería, pero además tuvo la aprobación y apoyo absoluto de la sociedad. Si bien hubo algún político trasnochado que intentó prohibir, el público hizo lo suyo y el toreo se convirtió en parte importante de la cultura y la sociedad.

El siglo XXI, en el que pensaríamos que el ser humano hubiese alcanzado ya la madurez en la inclusión, el respeto y la tolerancia, nos tienen abrumados con todo lo contrario. Si bien, hemos avanzado en temas que en otros siglos eran tabú y hasta perseguidos, hoy vivimos tiempos en los que el toreo es atacado como nunca, con absoluta fiereza e ignorancia y lo que es peor una hipocresía rampante por parte de políticos y asociaciones que lucran engañando a donadores y sectarios.

Pese a estos ataques mediáticos, políticos y sociales, la tauromaquia goza de tremenda salud en el ruedo y en la gran mayoría de las plazas en los tendidos. El público en la mayoría de las localidades taurinas del mundo, sean capitales o pueblos está defendiendo su derecho a la libertad de disfrutar de un espectáculo que le gusta.

Hoy nos toca vivir esta época en la que no basta con ser aficionado, hoy hay que ser un valiente defensor de la libertad y de la cultura taurina. La mejor manera de hacerlo es poblando los tendidos de las plazas de toros, como sucede en muchos lugares. Otra es en pláticas o debates contar con los argumentos reales para desmantelar las mentiras animalistas o la molesta sensación de supremacía moral de quienes atacan a los toros. Es lo que no toca y lo haremos con valentía, respeto y hasta sus últimas consecuencias.

En lo que acontece en el ruedo es donde más brilla el oro. La temporada europea ha sido maravillosa, fascinante con una baraja inmensa y variada de figuras consolidadas, figuras jóvenes y toreros de reciente alternativa que vienen empujando fuerte para colocarse en lo más alto.

Vivimos la época de uno de los toreros más grandes de la historia, al que no se mide en orejas ni récords numéricos sino en su capacidad de mostrar, tarde a tarde, la inmensa riqueza del toreo hasta en el más mínimo detalle. Interpretando y entendiendo tauromaquias añejas, encastes olvidados, y al toro moderno es capaz de torearlo como nadie. Me refiero a Morante de la Puebla que además compite y alterna con una baraja espléndida de toreros, desde “El Juli” cuyo magisterio rebasa los 20 años en la cima, hasta figuras como Roca Rey que ha sido el eslabón entre generaciones, que torea muy… pero muy bien y que además ha sido el imán para que los jóvenes tengan en activo a un torero de su edad, lo que ha provocado la inundación de chavales en los tendidos.

Viene Roca Rey a México y habrá que verlo ahí donde se presente. La primera es en Aguascalientes, el sábado 22 de este mes, alternando con el rejoneador Tarik Othón, Joselito Adame y Leo Valadez ante toros de Fernando de la Mora.

Vivamos con pasión cada tarde desde los tendidos, Pachuca continúa este domingo con “El Zapata”, Arturo Macías y Antonio Lomelín ante seis de Gómez Valle.

Hoy toca ir a los toros, defender nuestra libertad y, sobre todo, gozar del gran momento que vive el espectáculo con sus protagonistas.

Publicado en El Financiero

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