Opinión: Noches y lágrimas.

Me miró a los ojos, lo recuerdo. Estábamos en el plató de 7 Televisión en Sevilla. Tomó un poco de aire y con la mirada que ponen los hombres cuando van a…

Por Victor García Rayo.

Me miró a los ojos, lo recuerdo. Estábamos en el plató de 7 Televisión en Sevilla. Tomó un poco de aire y con la mirada que ponen los hombres cuando van a sentenciar una verdad tan rotunda como un amanecer, me aseguró: «mira, soy muy consciente de mi situación, sé quién es mi padre, lo que piensan algunos aficionados y -sobre todo- lo que pienso yo. Sé que me pueden dar al principio alguna oportunidad pero al final de todo esto el primero que sabe lo que tiene que hacer soy yo. Lo tengo muy claro. Nadie va a decirme cómo es este asunto. Soy yo quien lo sabe y quien tomará las decisiones conforme vayan llegando las cosas. Me siento muy capaz y el día que no lo vea tan claro seré el primero en apartarme del camino, que tampoco pasaría nada. De momento sé cuál es mi vida y lo que llevo por dentro».

Y me conmovió. Por su serenidad, por su firmeza, por esa honestidad que tienen las personas que van de frente, que se echan a la espalda –y a las noches y a las lágrimas- el destino y las consecuencias, los dimes y los diretes. Y lo hace por convicción, por amor, por afición, por sentir que él tiene la capacidad suficiente para echar adelante el carro de sus esperanzas y alcanzar aquella mete que sólo sueñan los valientes.

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Alfonso Cadaval entrena como el que más, se esfuerza como nadie, ha renunciado a su juventud, a su ciudad, posiblemente a muchos sueños que dejó en una maleta bajo su cama de la ciudad para marcharse a tierras de Utrera con una sonrisa pintada en el alma y un pensamiento fijo: ser torero importante.

Lo he visto torear muy bien, antes lo vi crecer como hombre y como artista; lo he visto pegarle pases a toros muy fuertes y lo he visto cortar oreja en la Real Maestranza cuando una hilera de fusiles apuntaba a su apellido que colgaba en los carteles con el pegamento de la honestidad.

Ahora se ha roto en el campo. La lesión ha sido fuerte, vertebral, de haberse quedado postrado para siempre. El campo tiene también, escondido en sus carriles y sus cerrados, el secreto gigante de la verdad del toreo. Alfonso Cadaval se pierde de momento una corrida importante y abre una etapa de nueva de recuperación que será larga, tormentosa por momentos, difícil como la carrera de torero, ésa por la que Cadaval está dando la cara…y la vida.

Hoy recuerdo sus palabras en este plató, y me viene al corazón aquella sonrisa de un hombre dispuesto a darlo todo. Ahora está grave, en la cama de un hospital, seguramente pensando que quiere ponerse bueno para seguir gritándole al mundo que tiene condiciones para funcionar en esto. Qué respeto, qué hombre…qué torero.

Publicado en Andalucia Información

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