Opinión: Descerebrados.

Por Luis Pla Ventura.

Según hemos podido saber, al parecer, para el año venidero muchas empresas de las grandes ferias de España quieren prescindir de la televisión para que el aficionado se levante de su cómoda butaca del salón de su casa para ir al frío cemento de las plazas de toros. Como teoría es fabulosa, como realidad, una hecatombe en toda regla. Y, para colmo, al igual que sentenciaba Diego Ventura, es una barbaridad que un tendido de sombra cueste cien euros en algunas plazas de toros; no es que sea una barbaridad, es algo inadmisible que todavía es peor.

Recordemos que la fiesta de los toros, de cara al gentío, se ha mantenido gracias a la televisión que, por ello, el canal de pago Movistar, como el resto de las televisiones, pagan por la retransmisión de los festejos; o sea que, lo que no va en lágrimas lo tenemos en suspiros. La televisión suple a todos aquellos que hastiados de los que siguen viendo, se quedan en casa y, en su defecto, pagan la cuota de abonados al canal citado para ver el esperpento.

Prescindir de la televisión es una apuesta tan arriesgada que, a los que lo hicieren están condenados al fracaso porque los toreros nos tienen hinchas como pasa en el fútbol que, pese a ser televisados la gran mayoría de los partidos, los estadios están repletos de gentes. Nosotros, en nuestra fiesta, somos más pobres de lo que imaginamos puesto que, gracias a la televisión cientos de miles de personas son espectadores de las corridas de toros y, de tal modo, la poquita popularidad de la que gozan los espectáculos taurinos viene dada gracias a la televisión.

Aquello de pensar que la fiesta taurina puede tener vida más allá de la tele es una utopía sin sentido alguno. Este año en que hemos retomado la normalidad, pese a ello, hemos visto con enorme tristeza las paupérrimas entradas en muchos recintos taurinos. Sin ir más lejos, Morante, el campeón por antonomasia de la temporada, ha hecho muchos paseíllos con menos de tres mil personas en los tendidos. ¿Dice algo este dato aportado? Yo diría que clama al cielo, razón por la que deben de tomar nota los empresarios que quieren apostar para que le gente vuelva a los tendidos como antaño. Convengamos que, esa idea, además de absurda, es un imposible a todas luces.

Es cierto que, pese a todo, los toros son un espectáculo mucho más barato que el fútbol pero, mientras los toros no despiertan la más mínima pasión, en el deporte rey se congregan miles y miles de personas en las canchas futboleras. Esa es la diferencia. Y si un espectáculo es dado de lado por parte de los que deberían ser los hinchas adecuados, el fracaso lo tenemos servido en bandeja de plata. Recordemos que, mal que nos pese a todos, solo tres plazas podrían salvarse de la quema sin la televisión; a saber, Sevilla, Madrid y Pamplona, el resto, hambre y miseria. El resto de los coliseos y muchas de sus ferias se han salvado gracias a la televisión; o sea que, como para prescindir de las cámaras ¿verdad?

La gente volvería en masa a los toros si alguien reinventara la fórmula de antaño pero como quiera que eso es una utopía inviable, mejor quedémonos como estamos, sigamos a ferrados a la televisión que, como dije, además de promulgar la fiesta por todos los rincones del mundo, las mismas cadenas son un aporte importantísimo para los empresarios que, sin la ayuda de la televisión nunca hubieran podido llevar a cabo infinidad de espectáculos, pese a los sueldos de miseria que han pagado en muchas ocasiones.

En los toros no estamos para dispendios, todo lo contrario. Digamos que, todo aquello que aporte un dinero extra a los empresarios y toreros, todo lo daremos por bien empleado porque con lo recogido en taquilla, en la mayoría de las veces no hay bastante para pagar los toros a lidiar. Eso sí, cada cual es muy libre de actuar en consecuencia pero, al final de la temporada, cuando todo haya sido un caos, que nadie se queje porque ellos se lo habrán buscado.

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