Fernando Sánchez, el banderillero del año, 101 corridas: un triunfador agobiado por los elogios.

El subalterno manchego fue uno de los protagonistas de la histórica vuelta al ruedo en Las Ventas de la cuadrilla de Javier Castaño el 1 de junio de 2013.

Por Antonio Lorca.

“El pasado 12 de octubre, toreé en Las Ventas, a las órdenes de Francisco de Manuel; recuerdo que estaba en el callejón, y me sentía mal, me faltaba el aire. Estaba agotado. Esa tarde hacía la corrida 101, y creo que el cuerpo me estaba avisando de que no podía más”.

Fernando Sánchez, (Talavera de la Reina, 1988), dice que está feliz porque, por fin, puede descansar y disfrutar de su familia (acaba de ser padre de su segundo hijo) después de una temporada vertiginosa en la que ha cruzado varias veces España y el sur de Francia, pero contento, también, porque ha perdido la cuenta de los premios que le han otorgado, porque quiere olvidar la carretera por un tiempo, y porque ha debido recurrir a su madre y a una tía para que le guarden los trofeos que no caben ya en su casa.

Fernando Sánchez es un caso peculiar. Sin duda, es el banderillero más reconocido y premiado en la actualidad. Actúa suelto (a las órdenes de los toreros que lo contratan y no enrolado en el equipo de una figura), y es el ‘tercero’ de la cuadrilla (no lidia con el capote, clava un par de banderillas en cada toro y se encarga de apuntillar al animal, llegado el caso, y es, también, el que menos cobra de todos los actuantes); no ha sido matador de toros ni novillero sin fortuna; comenzó como mozo de caballos de su hermano Rubén cuando este iniciaba su carrera como rejoneador, y por azares del destino se convirtió en banderillero sin pasar por ninguna escuela taurina. Ese fue el comienzo de una carrera que lo ha encumbrado a la cima de los toreros de plata, y que lo tiene agobiado por tantos premios y elogios como recibe.

“Al principio, es ilusionante y te gusta que te reconozcan el esfuerzo, pero llega un momento en que abruma”, comenta el torero. “Recibo demasiados alabanzas, y me incomoda que me quieran subir al cielo”, añade. “No olvido que procedo de una familia humilde y honrada, y que solo soy un torero más, que quiere hacer las cosas bien y disfrutar de esta profesión, que es muy bonita y está al alcance de muy pocos”.

Sánchez afirma con orgullo que es un torero autodidacta, que ‘su’ técnica se la ha inventado él, y que ha aprendido viendo videos de Montoliú, su referente, y otros grandes banderilleros de la historia reciente.

“Creo que el torero nace”, afirma, “porque mi forma de poner banderillas y estar en la cara del toro es como yo la siento, y no hay más”. “Tenía 12 años cuando comencé como mozo de caballos con mi hermano”, prosigue, “y pasado el tiempo debuté con él en un festival, pero sin pensamiento de hacerme banderillero. Me daba miedo, mucho miedo. Me ponía delante de una vaca y me quería morir”.

Una llamada de Gómez del Pilar, novillero entonces, le cambió la vida. Entró en la cuadrilla para sustituir a un compañero herido, entrenó con especial empeño y se estrenó con los palos en las manos.

Pregunta. ¿Por qué se hizo usted ‘tercero’ desde sus comienzos?

Respuesta. “Para ser lidiador, hay que tener conocimientos que se adquieren en las escuelas o por la experiencia de haber sido matador o novillero. No consiste en dar cuatro capotazos, hay que saber interpretar el comportamiento del toro y conocer los gustos del matador. Me hice ‘tercero’ porque carezco de esa técnica, y, además, mi labor es importantísima porque la puntilla, por ejemplo, puede robar un triunfo. Me gusta asumir esa responsabilidad y dar categoría a mi función, que es la de un banderillero más”.

P. ¿Imaginó alcanzar el reconocimiento del que hoy disfruta?

R. “Nunca. Ni en mis mejores sueños”.

Lo cierto es que pronto saboreó Fernando Sánchez el triunfo difícilmente imaginado. Comenzó la temporada de 2013 a las órdenes del matador Javier Castaño y debutó en corridas de toros con una de Miura en Castellón. Un par de meses después, el 1 de junio, paseíllo en Las Ventas, toros de Cuadri, inolvidables tercios de varas y banderillas a cargo del picador Tito Sandoval y los subalternos Marco Galán, en la lidia, y David Adalid y Fernando Sánchez, con los palos; fue tal la emoción que se vivió en la plaza, que la cuadrilla dio una histórica vuelta al ruedo.

“Me quedo con ese recuerdo inolvidable, y puedo presumir de que he hecho historia en la plaza de Madrid, pero no vivo de ello”, comenta el torero. “También es verdad que fue una vuelta criticada por algunos compañeros de profesión. Tengo claro, sin embargo, que no faltamos el respeto a nadie: la pidió el público y el matador nos obligó a darla. ¿Sabe lo que pienso? Que el sueño de todos los que nos criticaron sería dar una vuelta al ruedo en Las Ventas”.

Tras la etapa junto a Javier Castaño, Sánchez ha toreado suelto (en su caso, junto a un matador de la categoría B -que torea menos de 37 festejos al año-, lo que le permite alternar con otros que requieran sus servicios-), lo que le ha permitido participar en 101 corridas, ganar dinero, según confiesa, pero también con un alto precio personal.

P. ¿Le merece la pena torear suelto?

R. “En primer lugar, no he tenido la suerte de colocarme con un torero del grupo especial. Después, cuando estás joven y fresco, como yo me siento, te interesa participar en muchos festejos y hacer caja. Pero interesa más estar en la cuadrilla de un torero de categoría A, torear 40/50 corridas e ingresar más que si toreas 60 con el grupo B porque los honorarios no son los mismos”.

Fernando Sánchez reconoce que está cansado de tantos viajes para cumplir con distintos toreros en localidades muy distantes unas de otras.

“La verdad es que un engorro cuadrar todos los festejos y organizar vuelos, utilizar mi coche o subir a la furgoneta de otra cuadrilla para estar a la hora fijada en otra plaza y cumplir tu compromiso”, explica. “De todos modos, estoy muy agradecido a todos los toreros que han contado conmigo”.

P. ¿Es positivo para un matador que un banderillero triunfe cada tarde?

R. “Por supuesto. La lidia es un conjunto en el que el interés no debe bajar en ningún momento. Un buen tercio de varas y banderillas predispone favorablemente al público para la faena de muleta. Y los toreros lo agradecen; al menos, los que me han contratado a mí”.

P. Pero no debe ser fácil saludar en cada festejo…

R. “Es una presión añadida. Yo no soy una máquina, y cometo fallos con las banderillas y la puntilla. Persigo la regularidad, me gusta andar hacia el toro y que venga hacia mí, pero no es posible con todos”.

Ahora, en invierno, la gran ilusión de Fernando Sánchez es desconectar, montar a caballo, descansar; y espera que Tomás Rufo, el torero con el que ha estado comprometido en 2022, alcance la categoría A y pueda disfrutar más de la profesión.

“Después de tanto trajín, me apetece pensar solo en torear bien y no en cómo me organizo para estar mañana en Arles, ciudad francesa en la que toreé ayer, y de la que he llegado al pueblo segoviano de Cantalejo unas horas antes de hacer el paseíllo, como me ha sucedido este año”.

Publicado en El País