Feria de Julio: La presidencia aplaca la injustificada euforia de una tarde desconcertante.

Por Paco Aguado.

El presidente de la plaza de toros de Valencia se encargó hoy, negando la desproporcionada petición de hasta dos orejas, de aplacar la euforia del público que asistió a la tercera corrida de la feria de Julio, absolutamente injustificada respecto a lo que sucedió en el ruedo en una tarde desconcertante.

Pero, entre tanto calor, y después de la merienda, volvió a manifestarse en los tendidos valencianos el barato triunfalismo que se está extendiendo como una mancha de aceite por casi todos los ruedos españoles esta temporada, como se pudo comprobar en Pamplona, y que se antoja incoherente ante el bajo nivel artístico que, en general, están teniendo las faenas de las principales figuras.

Y hoy sucedió que, sobre esas pautas, Alejandro Talavante paseó una oreja del primer toro, que acabaría siendo el mejor con diferencia de una corrida de muy poco fondo de raza, por un trasteo sin firmeza alguna, de series muy cortas y de muletazos muy ligeros, sin apostar en ningún momento para aprovechar por derecho su bravura.

Claro que también se la pidieron del cuarto, un toro noblote y dócil, con el que especuló largamente en un trabajo sin estructura y plagado de pausas, cortes y respiros, rematado con unas manoletinas pueblerinas que provocaron el entusiasmo de los que acaban de hacer la merienda-cena tradicional en esta plaza

El presidente, con buen criterio, se negó a conceder un trofeo absolutamente inmerecido, y más después de que la estocada atravesada con que el extremeño concluyó asomara por el costado izquierdo del animal, como también se negó a darle después a Roca Rey la del sexto, un torillo terciado y muy apagado con el que el peruano nunca llegó a remontar.

Aun así, hubo salpicados momentos de cierto interés, cuando llevó más toreado al animal, en los que los olés se confundieron, en el fragor del falso entusiasmo, con los que la gente jaleaba los floreos de trompeta de El Soro, el matador retirado que hoy acompañó a la banda en la ejecución de los soles del famoso pasodoble “Nerva”.

Pero acabó agotándose el toro al final de la larga faena y con ello la posibilidad de lucimiento de Roca, que vio como, tras la petición de oreja denegada, los “entusiastas” ni siquiera le hacían dar la vuelta al ruedo. Porque ya con el tercero había tenido que abreviar ante el absoluto vacío de raza de un animal que se paró sin remisión.

El quinto no se paró, sino que, acobardado y quizá lastimado internamente, se aconchó en tablas sin remisión una vez cerrado el tercio de banderillas, por lo que el amago de faena que intentó Cayetano , que se había lucido en el saludo capotero con largas cambiadas y decididas verónicas, se acabó demostrando tan infructuoso como absurdo.

Con el segundo, más fino de hechuras pero falto de transmisión, el torero dinástico se manejó con cierta compostura en varias tandas de muletazos inconcretas y no siempre limpias, en el momento de la corrida en el que el viento molestó más.


FICHA DEL FESTEJO:

Seis toros de Hermanos García Jiménez, pobres de cabezas y de muy desigual presentación, con algunos ejemplares terciados junto a otros bastos de hechuras, y de juego deslucido en conjunto por su generalizada falta de raza y fondo. Aun así, primero y cuarto tuvieron mayor movilidad y duración.

Alejandro Talavante, de tabaco y oro: estocada delantera tendida (oreja); estocada trasera y atravesada que asoma (vuelta al ruedo tras petición de oreja).

Cayetano, de fucsia y oro: pinchazo hondo y estocada trasera (silencio); estocada (ovación).

Roca Rey, de blanco y plata: estocada (silencio); estocada trasera desprendida (ovación tras aviso y petición de oreja).

Entre las cuadrillas, destacó Sergio Molina en un gran puyazo al tercero; Viruta, Miguelín Murillo y Antonio Chacón saludaron en banderillas.

Tercer festejo de la feria de Julio con algo menos de dos tercios de entrada (unos 7.500) espectadores en tarde muy calurosa y con viento racheado.

Publicado en La Vanguardia

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