La mansedumbre se carga la tarde en Cinco Villas.

Toros parados y mansos en la Corrida de las Fiestas Patrias en Cinco Villas.

Por Borja Ilián.

La mansedumbre y el poco recorrido de los toros de José Julián Llaguno impidieron una tarde de mayor trascendencia en la Corrida de las Fiestas Patrias celebrada en la Plaza de Toros de Cinco Villas, situada en la localidad de Santiago Cuautlalpan, en el Estado de México.

Los espadas mexicanos José Mauricio y Héctor Gutiérrez obtuvieron un apéndice cada uno, mientras que el también mexicano Miguel Aguilar no cortó oreja. Se registró casi un lleno en los tendidos.

Se esperaba mucho del hierro zacatecano de José Julián Llaguno por su fama de áspero. La divisa, ayer mismo, triunfó en la de feria de Zacatecas con cinco orejas cortadas por los matadores Fermín Rivera, Ernesto Javier “Calita” y Antonio Romero.

Pero aquí hubo decepción en los tendidos pues no gustaron los toros por su mansedumbre e inmovilidad. Esto último coincide con la carencia de fuerzas de los lidiados el sábado en Zacatecas.

De capas castañas y negras, justos de trapío, desde el primero de la tarde deambularon por el ruedo lentamente, sin asomo de casta.

Al abre plaza José Mauricio lo recibió de vistosas medias verónicas, pudiendo ver en este lance una embestida tibia y sin emoción en su astado. Mauricio se justificó como pudo sin tomar riesgos.

Mejor le fue con el cuarto de la tarde. Una res parada a la que pretendió obligar a tomar la muleta atrasada, más por precaución que por necesidad. Pero hoy abunda en el toreo moderno el empezar las faenas tapado, a salvo de la trayectoria ceñida y vertical del toro. Mató de manera certera y obtuvo una generosa oreja.

La otra oreja de la tarde fue para Héctor Gutiérrez de uno de regalo del hierro de San Pablo. Un bovino sin razón de estar en una corrida, pues además de sus muy feas hechuras, parecía siempre a punto de desplomarse.

El San Pablo salía suelto de la muleta de Héctor, pero finalmente logró someterlo en un par de tandas con la mano derecha que parecían anunciar una faena de importancia. No llegó pues el toro no daba para más que cuatro pases. Ante la falta de casta y recorrido el de luces ofreció pases efectistas e insustanciales como circulares por la espalda.

También dio muestras de valor en la cara de un toro a punto constantemente de doblar, como acabó por suceder sin necesidad de acero. Cuando lo usó el torero, el inerte animal, se dejó estoquear impávido.

Oreja quizás válida por la disposición del de luces en toda la corrida, pues con sus dos rivales anteriores, Gutiérrez, a uno lo mantuvo en la muleta sin dudar en cruzarse. Al otro, el cuarto del festejo, tiró del inválido al natural, que resultó estar dañado de una pata, por los que tuvo que abreviar el joven matador, pero sigue mostrándose firme y comprometido Héctor Gutiérrez en todas sus comparecencias.

Cerraba el cartel Miguel Aguilar quien tuvo la peor suerte de un sorteo ya de por sí sin opciones.

Aguilar con un castaño bien presentado y de poco recorrido que se le quedaba en la muleta, bregó e incluso citó en el contrario, tratando de obligar al toro. Yerma labor por la incapacidad de transitar del astado.

El sexto era simplemente carne para el rastro al que no había manera de sacarle ningún pase ni nada importante.

Publicado en La Vanguardia

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