Los toreros de leyenda viven por siempre.

Amigos aficionados…

La semana pasada hablamos en este espacio sobre la vida y leyenda de David Silveti. Muchos comentarios alusivos sobre la historia del malogrado “Rey”.

El toreo, como en la vida, se necesitan héroes, hombres y mujeres que dejen huella, que podamos recordarlos por siempre. David, claro, fue uno de ellos porque lo que hizo como torero, como persona, fue para recordar.

Y vienen a la mente los toreros grandes. Muchos, muchísimos.

Siempre me he hecho preguntas en torno a si tuviera algún torero favorito, o alguno que en especial me haga sentir especial.

Voy, entonces, a un análisis sobre varios de ellos para armar un cartel. Mejor armamos varios. Uno con Joselito “El Gallo”, Manolete y Silverio Pérez.

Ahhh… El “Compadre” Silverio. Creo que si tuviera que retroceder el tiempo, pediría ver a Silverio. He leído de él varias cosas, entre ellas la faena a “Tanguito”, de Pastejé, que ya tiene casi 80 años. Y también lo inmortalizó Javier Solís cantando el pasodoble que escribió el gran flaco de oro Agustín Lara. Tiene un sentimiento especial ese tema porque, cuando no teníamos ni radio, mi tío Miguel compró su consola y escuchaba pasodobles, los bailaban nuestros papás en las fiestas (igual a Los Churumbeles), y desde entonces, se quedó grabado en la memoria el “Mirando torear a Silverio…”

¡Qué cosas que vienen a la mente al recordarlos!

Si pudiera también, que vuelva a vivir Antoñete. Vi fotos suyas por primera vez cuando vino a la Plaza Mérida a torear un festival de figuras retiradas, en los años 80 (una que recuerdo aparece junto a Ele Carfelo, cronista taurino del Diario entonces). Gran porte el del torero madrileño, con su mechón blanco y el caché con solamente caminar.

Cuando hubo oportunidad, llegaron los periódicos españoles al Diario (ABC y El País con La Fiesta Nacional) y las devoraba. Los paquetes eran semanales, así que era para enterarse de todo lo que acontecía con las firmas de Vicente Zabala y Joaquín Vidal. Luego los vídeos de sus últimas faenas, ya sobre los 60 años de edad, y toda la historia que de él contaban. Siempre con su pitillo, infaltable a pesar de que todo mundo le pedía que dejara de fumar. Se fue porque lo mató el cáncer de pulmón, pero decía que hubiera preferido que sea un toro.

Y así muchos más que vienen a la memoria. Grandes estetas, toreros de personalidad, de chispazo. La semana siguiente les cuento de otros más. Merece la pena tenerlos presente. Gaspar Silveira Malaver

Publicado en El Diario de Yucatán


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