La compleja inclusión del matador de Gerena en el cartel del Domingo de Resurrección sevillano enseña las costuras de un sistema cerrado que no siempre premia la excelencia.
Por Álvaro R. del Moral.
Los cabildeos previos a la gestación definitiva del cartel del Domingo de Resurrección –que debería ser la fachada más rutilante de todo el abono- ha vuelto a poner sobre el tapete el hipotético veto profesional que ejercería Andrés Roca Rey sobre su vecino Daniel Luque. Pero conviene ir por partes… Si el peruano es el diestro más taquillero, el de mayor atracción sobre los públicos y el que ha logrado construir un carisma que rebasa el cada vez más estrecho límite del ruedo, el de Gerena es el torero que navega a más alto nivel artístico y técnico del actual escalafón de matadores de toros si dejamos a Morante de la Puebla en un parnaso aparte desde el que reina por encima del bien y del mal.
A partir de ahí ya conocen el paño. Diferencias personales en las que ni entramos ni salimos están condenando la atractiva y necesaria competencia –más allá de sus cuitas internas- de dos toreros que, enfrentados con las mismas armas, podrían animar el cotarro emulando aquel espíritu del ‘Verano Peligroso’ que comenzó como un reclamo publicitario urdido por los ‘dominguines’ y acabó en un pique real entre los cuñados Antonio Ordóñez y Luis Miguel, dos colosos de difícil convivencia el mismo corral. Eran otros tiempos, otros toreros y otras circunstancias pero el asunto sirve para la reflexión.
Seguimos con el cartel de Resurrección
La cabecera natural y lógica del cartel de Resurrección –ahí no hay ninguna duda- tiene el nombre de Morante de la Puebla. Ya hablamos del asunto en el Observatorio anterior pero la bola ha seguido rodando a la vez que los aficionados continúan haciendo sus propias cábalas en torno a la combinación que debería abrir el esperado abono hispalense. El asunto se enfanga si atendemos a las sucesivas ausencias de Luque en ciertas ferias, con la de Fallas a la cabeza, en la que sí ha entrado Borja Jiménez después de no pocos dimes y diretes.
Pero hay que volver al embrollo Roca-Luque, que pondría a Ramón Valencia en la tesitura –o no- de convencer a su antiguo poderdante para dar sitio al diestro de Gerena siempre y cuando no ejerciera más peso –que lo ejercerá- la fontanería taurina que maneja carteles y pastorea no pocas ferias. Hablamos de la casa Matilla, que tiene la carambola perfecta para colocar a Sebastián Castella en la lujosa combinación pascual apoyándose en la tibia Puerta del Príncipe que abrió en San Miguel. Ya lo escribimos un día: el famoso portazo como fin y certificado de unos números, no como garantía de la auténtica excelencia.
Traducimos: Luque firmó dos grandiosos trofeos que le colocan en el verdadero cuadro de honor de la excelente temporada maestrante del año que está a punto de expirar. Las comparaciones pueden ser odiosas pero prueben a colocar ciertas faenas que se quedaron sin paseo a hombros –Morante aparte- en la balanza de esas Puertas del Príncipe. En cualquier caso, como Sánchez en la fiscalía, ya saben quién tiene la sartén por el mango. Pues eso..
Morante como base
Pero ya que hemos sacado la manga, seguimos regando… Los despachos de la empresa Pagés sólo se pondrán a pleno rendimiento –en el asunto de los carteles- cuando pasen las fiestas de Navidad. El ‘modus operandi’ es de sobra conocido aunque el encaje de Morante –fraguado en torno al célebre arroz con pato compartido con Ramón Valencia- se anticipa a cualquier componenda y hasta la marcha de esos Reyes Magos que dan la venia al empresario del coso sevillano –que hace un primer boceto personal de la Ferie entre la Natividad y la Epifanía- para ir encajando a unos y otros en las sucesivas llamadas a los apoderados, ateniéndose a la alcurnia decreciente de sus poderdantes.
Cinco serían las tardes ajustadas por Morante en la próxima temporada sevillana. A la ineludible cita de Resurrección sumará tres bolos en abril más un quinto en San Miguel. El ciclo continuado, manteniendo la cifra de festejos del año pasado, podría adelantarse al martes 9 de abril sin dejar de celebrar la corrida dominical del día 7 que, previsiblemente, dejará atrás el formato de seis matadores para apostar por una terna que podría tener sabor local.
Y ya que hablamos de fechas no está de más comentar que Juan Ortega, que lleva demasiados días ocupando titulares indeseados, está anunciado en la feria de Valdemorillo, un ciclo invernal que ha cambiado de filosofía –el frío, la portátil, el horizonte de las chimeneas y los carteles bizarros quedaron atrás- y va convirtiéndose en los últimos años en otra de esas antesalas de la gran temporada que sirven para calentar motores. Será en mes y medio largo, el 11 de febrero, con toros de Cuvillo y alternando con Talavante y Ginés Marín.
Y Feliz Navidad…
Nos vemos en una semana, en los rescoldos de la primera parte de las fiestas. Pero no nos podemos marchar sin volver a recordar la figura de Antonio Ordóñez, evocada en el reportaje publicado ayer mismo, en esta misma web al cumplirse el XXV aniversario de su fallecimiento. También hay que felicitar a Espartaco, que volverá a vestirse de corto en el festival que se celebrará en una portátil instalada en el Club Pineda, organizado por el Club de Aficionados Prácticos, que servirá para inaugurar la temporada taurina en Sevilla, aunque sea a algunos kilómetros de la plaza de la Maestranza.
No es el único titular que ha ocupado el gran diestro de Espartinas en los últimos días: el pasado viernes, sin ir más lejos, era distinguido con el VIII premio del Ayuntamiento de Sevilla. No puede ser más merecido; enhorabuena. Aprovechamos la ocasión para enviar un abrazo a Eduardo Dávila Miura y toda su familia. Su padre, Sancho Dávila García de Sola, falleció el pasado viernes. Desde este Observatorio Taurino semanal deseamos a la gran familia del toro una feliz y provechosa Navidad.
Publicado en el Correo de Andalucía




Deja un comentario