Por Juan Carlos Valadez – De SOL y SOMBRA.
Las Plaza México reabre sus puertas este domingo 28 de enero. Buena señal. La ilusión por regresar a la plaza está desbordada ante los festejos anunciados por la empresa y algunos, no pocos, esperan que en algún punto se retome el formato tradicional de su temporada. Algo muy improbable y aquí le explico mis razones.
Lo que pasa en la CDMX y en su histórico coso y que al parecer no muchos quieren entender, es que hace unos años (no tantos) cuando anunciaban una buena corrida se llenaban tres cuartos de plaza y de ahí para arriba, mientras que desde hace unos años apenas se llena media plaza y de ahí para abajo.
Cree un servidor que ya no queda en la CDMX tanta afición a los toros como para mantener una temporada anual. Y creo que así lo ha entendido la actual empresa, que seguramente se abstendrá de organizar funciones taurinas en un formato de temporada como lo hacían hace algunos años. No confundamos la expectación enorme que esta suscitado la reapertura de la plaza, ya que esta responde a las mismas motivaciones que se aprecian en las restantes plazas de México en la actualidad.
Uno podría creer que en general los toros ya no interesan como antes, pero si se anuncia un cartel con figuras, la afición acude y llena las plazas con la ilusión de que aquello acabe en apoteosis, para poder contarlo y presumir de que se ha asistido a un acontecimiento memorable. Esto también sucede en la Plaza México cuando la empresa consigue tocar las teclas correctas en algún cartel.
También son buenos tiempos para el triunfalismo que navega libremente como la principal bandera de un público joven entusiasta, pero malos tiempos para un reducto -mínimo- de verdaderos aficionados y de algunos personajes de la prensa que intentan mantener la cordura y la autenticidad del espectáculo. Y no es que esta situación del triunfalismo en la México que hemos observado en los últimos años desacredite la plaza o nos hunda en la amargura; mas no hay que olvidar que no hace muchos años todavía había una afición seria y exigente que con el paso de los años ha desaparecido.
Gran parte de la culpa de este deterioro lo tienen las autoridades -las actuales y las anteriores- por su incompetencia, por desentenderse del problema y por su artera complacencia al tolerar las corruptelas despreciando a la afición, su reglamento y la verdadera esencia de la tauromaquia.
Pero que le vamos a hacer si así esta la situación de la fiesta en la actualidad y quizá haya llegado el momento para muchos aficionados y críticos de preguntarse si merece la pena seguir luchando para restituir los valores fundamentales de la tauromaquia, especialmente ahora que han conseguido desaparecer de los ruedos el toro bravo y lo han sustituido por un animal bobalicón, que sirve solo pegarle pases y hacerle desplantes; y que además cuenta con la mayoría de los taurinos de su lado y de un amplio sector de la afición que lo defiende, especialmente cuando se producen las críticas adversas de los aficionados más rigoristas.
Dicho lo cual, sabe un servidor que le llamarán derrotista y enemigo de la fiesta por decirlo, pero la realidad es que para sentir emoción, siempre hará falta un toro bravo, encastado y fuerte. Sin eso todo lo demás será secundario. Muchas veces he escuchado que el encierro aunque terciado, viene con toros que por sus hechuras, “no pueden fallar” y han fallado. Y lo contrario: hay toros serios y en algunos casos feos que se decía que “no podían embestir” y han embestido. Aunque, por supuesto, las hechuras lógicas suelen dar buen resultado.
Ahora no confundamos el trapío con el peso. Lo primero es necesario: el toro ha de estar rematado y debe de imponer respeto. Pero lo segundo es relativo, ya que si el toro no tiene la seriedad y la edad que exige una plaza como la México, los kilos no importarán.

Es innegable que hay una gran efervescencia por parte de la afición por regresar a la plaza, pero también habrá una mayor exigencia para todos los protagonistas del cartel y sus organizadores, ya que un sector amplio del público se encuentra molesto por el aumento en el precio de las entradas y no olvidemos que el que paga manda.
El cartel sin duda promete, pero la tercia no va a tener un día de campo el próximo domingo. Joselito Adame será exigido con mucho rigor como siempre que se anuncia en la capital mexicana. Diego Silveti tendrá que justificar (una vez más) que su presencia no ha sido simplemente para rellenar el cartel y Roca Rey que actualmente se encuentra metido en una fuerte polémica con Daniel Luque, tratará de convencer al aficionado mexicano que aún sigue siendo ese torero aguerrido por el que alguna vez muchos aficionados mexicanos suspiraron y no una figura del toreo comodina que impone vetos, toreros y toros chicos para su entretenimiento personal. Siendo esto último algo muy recurrente en sus últimas actuaciones en México.
Y vamos a ver también si Don Fernando de la Mora finalmente pudo reunir para esta ocasión seis astados de buena nota, decentemente presentados y no el desfile de toros descastadas que le hemos visto en otras ocasiones, cuya cansina sosería apenas les da para completar medias arrancadas.
Con el boletaje de la zona numerada ya agotado, el ambiente parece ser inmejorable para este domingo. Pero no minimicemos los tambores de guerra que están comenzando a sonar en las redes sociales y cada vez más cerca de la Plaza México.
Tampoco hay que olvidar que la fiesta y la alegría pueden durar horas eternas en las redes sociales y en los mentideros taurinos, pero tarde o temprano saldrá el toro por la puerta de toriles y a todos los pondrá en su lugar.






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