Plaza México, Corrida de Reapertura: Casi un desastre.

Joselito Adame y Diego Silveti rescatan el festejo de reapertura, que estuvo condicionado por un encierro de Tequisquiapan descastado y sin fuerza.

Por Luis CuestaDe SOL y SOMBRA.

La corrida con la que regresaron los toros a la Plaza México fue de máxima expectación como pocas veces sucede y al final fue casi un desastre. Suele ocurrir que las corridas de expectación suelen terminar mal y esta fue de máxima expectación, ya que se encontraba presente todo el mundo y de cualquier sector imaginable -la política, la economía, el deporte, la aristocracia, los espectáculos, la moda y el comercio- y estuvo a punto de ser el desastre de desastres gracias a los toros voluminosos y caderones (con culata) de Tequisquiapan, que sin duda fueron excelentes para el reconocimiento de las autoridades por su presentación, pero también lo fueron para aburrir por su extrema mansedumbre y falta de fuerza al público que abarrotó hasta el reloj la Plaza México.

¿Usted ha dicho corrida mansa? se preguntará en este momento. Así es o si usted lo prefiere toros sin casta y con muy poco fuelle. Además los toros angelicales de Don Fernando no soportaron más que una varita, y hay que señalar hasta el cansancio que los toros de una varita generalmente no hacen fiesta, al contrario le roban al espectáculo la emoción del primer tercio y anulan uno de los fines principales de la lidia que consiste en calibrar con el castigo el grado de bravura de las reses. Y si la corrida no fue un desastre total, fue gracias a las actuaciones de Joselito Adame y Diego Silveti que dieron todo de sí en sus dos turnos.

El primer espada de la tarde fue Joselito Adame, que demostró nuevamente porque es la primera figura de México. Y es que esta convertido en un torero consumado en todas las suertes; completo en la brega, variado en quites y con la muleta, artista y dominador. El repertorio de la tauromaquía que plasmó Adame está tarde fue de una auténtica exquisitez, ya que nos mostró en toda su dimensión a un torero de casta, valiente y siempre decidido a triunfar en dos faenas técnicamente irreprochables; cadenciosa la primera y más enjundiosa la segunda.

Con su primero hubo mucho sentimiento en los pases en redondo, y también en las series con la izquierda, cargando la suerte, imprimiendo hondura y adormeciendo la acometida del astado gracias al temple que imprimió en su trasteo. Los pases de pecho que instrumento fueron a la antigua usanza, es decir sin forzar la postura, pero echándose por delante todo el toro para darle la salida por el hombro contrario. Vino después el estoconazo recibiendo y cobrado con mucha sinceridad, pero el toro en el trayecto se tropezó y eso desconcertó a Joselito que terminó por señalar un pinchazo en todo lo alto que le impidió cortar cuando menos una oreja.

Su segundo fue un toro nobilísimo, pero muy justo de fuerza y de casta, al que recibió con una larga cambiada para después lancearlo con emotividad; decidido a triunfar puso banderillas y con la muleta realizó una faena con mucha sapiencia, aderezada con salpicaduras de espontaneidad. Una faena enciclopédica dentro de su tauromaquia, porque en ella demostró la madurez, el temple y el buen momento que vive.

Lamentablemente volvió a fallar con el acero y dejó escapar la oportunidad de alzarse con un merecido triunfo y de salir en hombros por la puerta del encierro.

Diego Silveti a su primero -un toro que fue de más a menos- supo sacarle partido a su nobleza, con sentimiento y buen estilo, construyéndole una faena de muleta decorosa en conjunto e incluso con detalles de toreo caro. Finalizó su labor de una estocada fulminante recibiendo y el público lo ovacionó con fuerza en el tercio.

Pero la historia con su segundo (que brindó a los hermanos Alejandro y Juan Pablo Baillerés empresarios de la plaza) fue diferente. El temple no se produjo con la necesaria continuidad como sucedió con su primero, ni tampoco hubo el entendimiento para conseguir una faena de mayor trascendencia. Al toro había que dejarle la muleta en la cara para poderle ligar los muletazos y caerle en la distancia adecuada, pero esto no siempre lo consiguió y la faena se fue diluyendo conforme pasaban los minutos. Fue un trasteo largo y algo desigual, pero con un final explosivo en donde consiguió despertar al tendido con unas ceñidas bernadinas. Falló al primer intento con el acero y la efervescencia de la emoción mutó hacia el silencio.

A Roca Rey el público de la México le dijo hoy: Si te he visto no me acuerdo.

Su primero se quedó inmóvil desde que salió al ruedo y su segundo fue otro torito inválido con alma de borrego, con el que Roca intentó sobrepasarse moliéndolo a pases. Sin embargo el toro le dijo: Andy, ya no más y ahí comenzó su viacrusis, ya que fue la imagen viva de la incapacidad con la espada.

Precavido se tiró a matar y a descabellar hasta que se cansó y la cuadrilla la emprendió a capotazos con el toro por si lograban tumbarlo. Sonaron los tres avisos y el de Tequisquiapan fue devuelto al corral, vivito y coleando. Hubo bronca naturalmente para el torero peruano, que desencajado se refugió en el callejón para protegerse de la lluvia de cojines que invadía el ruedo de la Monumental.

Pero no todos se cansaron de practicar el tiro al blanco con los cojines, ya que a manera de despedida los aficionados del tendido de sol le honraron con otro lanzamiento de almohadillas testimonial cuando se retiró de la plaza.

Sabemos que le es difícil a Roca Rey sentir la música callada del toreo y se entiende que hoy no fue su tarde, pero también hay que reconocerle que es un gran lidiador, que tiene torería y que tal vez algún día le llegará el momento de su consagración definitiva en la Plaza México. Pero para que eso suceda, primero tendrá que regresar con otro tipo de toros y con una mejor actitud.

TEQUISQUIAPAN / ADAME, SILVETI Y ROCA REY

Toros de Tequisquiapan (Fernando de la Mora), regordíos, correctos de presentación, inválidos y descastados.

Joselito Adame: Silencio (Aviso) y palmas.

Diego Silveti: Ovación con saludos y silencio.

Roca Rey: Pitos y Bronca tras tres avisos.

Plaza México. Corrida de Reapertura: Lleno de no hay billetes.

Incidencias: Destacaron en banderillas Fernando García y Efrén Acosta en varas.

Galería del Festejo por Erick Cuatepotzo.


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