El diestro ha fallecido en Chiclana a los sesenta años.
Por Ángel González Abad.
Emilio Oliva Baro nació en la localidad gaditana de Chiclana, en donde ha fallecido a los sesenta años de edad, y no pudo despegarse de la estela de su padre, matador del mismo nombre muy castigado por los toros. En su tierra comenzó a forjarse como novillero, para ponerse a la cabeza del escalafón por sus continuos triunfos. Tras lograr el Zapato de Oro de Arnedo y abrir la Puerta del Príncipe de Sevilla, llegó la alternativa en el Puerto de Santa María el 19 de marzo de 1985, de manos de Rafael de Paula, con José Luis Galloso como testigo y toros de Gabriel Rojas.

No se lo pensó mucho y la confirmó en Madrid en el San Isidro de aquel mismo año, el 26 de mayo con toros de Pablo Romero, Ruíz Miguel de padrino y Luis Reina de testigo. Ese día estuvo «valentísimo, aguantando las violentas tarascadas», en una tarde en la que Vicente Zabala en su crónica abecedaria señalaba que «el nuevo matador se la jugó sin pestañear, poniéndole la mano izquierda a su malintencionado enemigo». Buena impresión en una tarde en la que la espada fue su cruz, como le sucedió otras veces en Sevilla o Bilbao. Grandes faenas sin el remate final, en momentos en los que pudo dar a su carrera un impulso definitivo.
Su afición fue seguida por sus hermanos Abel, David e Isaac, los dos primeros también matadores de toros, y batalló hasta la retirada en 1991. Intentó reverdecer laureles cuatro años más tarde, pero tras un puñado de corridas llegó el adiós a los ruedos, aunque no dejó pasar la oportunidad de torear una corrida extraordinaria en su Chiclana natal en 2008.




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