La temporada taurina de Sevilla refleja el momento actual de la fiesta: hay pocos toreros que despierten verdaderamente ilusión entre la afición.
Por Jesús Bayort.
Frente a los incomprensibles escrúpulos generalizados de otras ‘figuras’, Morante parece estar abierto a todo tipo de propuestas. El claro ejemplo es que toreará el jueves de preferia, una jornada especialmente complicada para la convocatoria de público. Lo que demuestra que su éxito no está en que el espectáculo sea un simple acto social. Es, por ejemplo, la antítesis de Roca Rey, la otra gran figura del abono, que sólo toreará sábados –excepto Resurrección– y con la terna que él quiere. Morante, que podría haber desplazado a Juan Ortega para tratar de contrarrestar el viento que sopla a su favor, lo arropará en dos de las tres tardes que éste estará en el abono.
La contratación de Juan Ortega, además de justa, demuestra la altura de miras de la empresa Pagés, que ha antepuesto los intereses del aficionado sobre cualquier diferencia que pueda existir con el apoderado del diestro sevillano (José María Garzón). Viene especialmente bien colocado en el abono, lo que supone una gran oportunidad para lograr ese triunfo que sigue necesitando para consagrarse como torero. La corrida del lunes de farolillos junto a Morante y Daniel Luque es posiblemente la más rematada del serial; aunque también hay expectación por la del postrer sábado de Feria con Roca Rey y Pablo Aguado, pese a tratarse de una ganadería (Victoriano del Río) con la que parecen partir en ¿desventaja? los sevillanos. El torero peruano es el que mejor se adapta a las violentas y exigentes embestidas de estos toros de la sierra madrileña, con los que Ortega y Aguado deberán demostrar mucho más que exquisitas maneras. Por cierto que éste último deberá reivindicarse, tras el impulso que ha dado la carrera de su principal ‘competidor’ (Juan Ortega).
Las cuatro tardes de Daniel Luque son, por encima de sus méritos pasados, un acto de desagravio tras su injustificada ausencia del Domingo de Resurrección. Es una de las espinas del serial, cuando muchos esperaban un golpe sobre la mesa de Ramón Valencia para forzar a un torero que debería estarle muy agradecido (Roca Rey). Si el apoderado de éste decía que estaban dispuestos a torear con el ‘vetado’ en septiembre en la muy lejana plaza de Arlés, ¿por qué no hacerlo en Sevilla por Resurrección? También en desagravio parece actuar el torero peruano al escoger la corrida de Victorino, un gesto que, como el resto de carteles de la feria, fueron adelantados en exclusiva por ABC de Sevilla, algo que siempre es conveniente recordar.
Otra de las lecturas del abono es que no falta ninguna figura del momento –con la inexplicable ausencia de Enrique Ponce, quien no parece preocupado por no despedirse de Sevilla–. Al empresario le preguntaron en la rueda de prensa por Fernando Adrián, al que reconoció haberle ofrecido una corrida de toros, sin más datos. La ya habitual falta de acuerdo de los gestores del torero madrileño con las principales empresas da a entender que sus exigencias no van acorde al estatus que ostenta en el escalafón. En estos casos siempre es conveniente echar la pelota al suelo porque el rol de ‘novedad’ muy pronto será asumido por algún nuevo torero y habrá quienes se olviden de quién es Fernando Adrián.
Viendo el conjunto del abono se saca una clara conclusión, que tiene más que ver con la situación actual de la fiesta que con el engranaje del serial: hace falta renovar el escalafón. Y no nos referimos al demagógico recurso de ofrecer oportunidades a cualquiera con carnet de aspirante, sino a la necesidad de que esos nuevos toreros sean capaces de ofrecer un valor añadido, que tengan un sello distintivo. Y las empresas deben dejar de abusar de esa habitual costumbre de separar a las figuras en distintos carteles porque pasan estas cosas, que ya no hay carteles rematados.
Publicado en ABC Sevilla






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