Apoteosis en toda regla, como una de esas gestas que sirven para que un torero cambie su estatus y suba a la cima, eso es lo que muchos seguidores del torero Diego San Román esperan en su regreso a la Plaza México.
Por Luis Cuesta – De SOL y SOMBRA.
Diego San Román se presenta este domingo en la Plaza México y lo hará bajo una expectación que no se había visto desde hace muchos años con un torero mexicano.
La manera en que arriesga su vida y el arte que derrocha en las plazas en donde se presenta, han impactado a la afición mexicana desde sus inicios y le han convertido en el torero joven mexicano más importante del momento. Sobre esto no cabe discusión alguna. Tan solo hay que revisar las cifras de la temporada 2023, en donde consiguió abrir las las puertas grandes de casi todos los escenarios en donde se presentó.
¿Su fórmula del éxito?
Muy sencilla pero difícil a la vez, ya que consiste en acortar las distancias; y, una vez en el terreno deseado, torear con quietud, verticalidad y ligazón: parar, templar y mandar en una circunferencia, con el mínimo diámetro; y aplicar al pie de la letra, el concepto ojedista o belmontino: en donde el torero procura que todos los terrenos del toro sean del torero; con el fin de que sea el diestro el que dicte su mando.
En ocasiones pienso que el toreo es un arte esencialmente que vas más allá de la lógica: que un toro embista a un capote o muleta en repetidas ocasiones raya en lo milagroso como decía el gran escritor y periodista José Carlos Arévalo, pero que lo haga como en ocasiones lo intenta hacer Diego San Román es un misterio que rompe las leyes de la geometría y eso, para mí, va más allá de un milagro. Es verdad que hoy hay toreros artistas, técnicos, ortodoxos e incluso algunos tremendistas en México… Todos representantes de los más variados estilos y formas de entender, sentir e interpretar el difícil arte de torear, ¿pero cuántos dejan una huella profunda en el espectador? Casi ninguno. San Román es una una de la poquísimas excepciones.
Siendo un hombre con un carácter serio en el ruedo, Diego ha sido dotado con una fuerte personalidad que transmite emoción a los tendidos logrando una mágica y fantástica conexión con su toreo, que está basando en la quietud, la ligazón y el valor. Con un prodigioso juego de muñeca y con una admirable flexibilidad de cintura, San Román engendra y remata sus muletazos siempre con las plantas en la arena, bien erguida la figura y sin buscar el aplauso fácil del tendido.

Es cierto que actualmente se torea muy “bonito”, pero a la mayoría de los toreros les falta emoción y seriedad. Afortunadamente eso es algo que no pasa con el toreo del queretano, que tiene siempre a la afición en vilo y es que la emoción más real o que más respeta el aficionado en el toreo, es aquella que transmite el estar constantemente al borde del peligro.
No me cabe la menor duda que Diego es el torero de su generación que va a ser la locomotora que tire del toreo en México por los próximos años, junto a otros toreros como Héctor Gutiérrez. Le sobran condiciones para ser torero de época, pero para ello deberá primero conquistar la Plaza México y continuar triunfando con la misma fuerza con que lo ha hecho hasta el momento en las principales plazas del país, para llegar a la cima del escalafón y que se le siga esperando con verdadera expectación en donde se le anuncie.
Es lo que digo yo.







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