Un toro para reivindicar un encaste. Más de un toro, en realidad. Un encierro para demostrar que la tauromaquia es mucho más que el monotema al que nos vemos sometidos los aficionados en cada feria. Mismos nombres, ganaderías y mismos carteles día sí, día también. Más que el monoencaste, la repetición de una película a la que cada día se le descuelgan más los alicientes y cada día resultan más plomazo. Las ferias se pueden leer de carrerilla sin temor a equivocarse. La tauromaquia es mucho más que eso. Una demostración, por ejemplo, fue la magnífica corrida de toros que Fermín Bohórquez lidió el domingo en La Maestranza. Escenario mayor y terna modesta en acción para dejar en evidencia a las figuras. La mataron ellos porque ninguno de los toreros rutilantes se apuntaron a la de Bohórquez que es encaste casi proscrito. Murube al frente. Embiste Bohórquez como lo hizo en Sevilla, como tantos toros de Capea en Valencia hace no tanto tiempo o como embistieron murubes de Castillejo de Huebra en Santander o en otras muchas más de tercera a las que se ven postergados.
Las figuras de antes se desmarcaban del resto porque eran capaces de cuajar más toros y de mayor número de ganaderías que el resto. Hoy no. Hoy matan todos lo mismo. Y lo mismo ya no se reduce a un encaste sino que ha quedado limitado a media docena de hierros.
Antes las figuras tenían a profesionales que peinaban antes del final de cada temporada los toros que había para la siguiente y elegían la flor de cada una de las ganaderías, las mejores corridas de toros de cada camada para ellos. Hoy no, hoy prefieren matar el grande y el chico, el toro bonito, el feo, el alto, el bajo; y también el destartalado, solo de unas pocas ganaderías, muy pocas. No quieren saber nada del resto. Y así estamos con un espectáculo monotemático dentro de una fiesta que no hace tanto tenía los más variados argumentos. Esta es la fiesta que nos han dejado las figuras del momento que, a la vez, son las responsables de la tauromaquia del mañana. Y del toreo que está por llegar. O del toreo que nos están dejando. Como un solar. Sin apenas proyección y oportunidades para los nuevos valores a los que cerraron las puertas a cal y canto en las dos últimas décadas. El mismo tiempo en el que ningunearon la variedad de encastes del campo bravo.
Publicado en La Gaceta de Salamanca






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