Así vio la prensa la actuación de Isaac Fonseca en Madrid.

Paco March – La Vanguardia: Fonseca se echó de rodillas y de lejos llamó al toro que se arrancó con presteza ligando una primera tanda en redondo a la que, ya de pie, siguieron otras en las que el de Pedraza embistió codicioso. Templados los naturales incluidas dos series a pies juntos de uno en uno que elevaron el tono de la faena. Toro importante y a más al que el diestro mexicano entró a matar volcándose sobre el morrillo. La oreja fue de justicia y la ovación postrera al toro, también.

Al sexto, remiendo de Torrestrella de gran presencia, lo recogió muy de capote Fonseca. Cuando intentaba un muletazo por el pitón derecho el toro lo cogió de forma espeluznante y lo llevó prendido por la espalda en unos segundos eternos.

Soltada la presa, a Fonseca, demudado el rostro, sangre en la espalda, lo llevaron en volandas a la enfermería y un escalofrío recorría los tendidos cuando Juan Leal tomó la espada para acabar con una tarde que acabó como el rosario de la aurora.

El parte médico posterior daba fe de la gravedad de la Cogida: “Herida por asta de toro en cara posterior hemotórax izquierdo con trayectoria ascendente de 20 centímetros que produce destrozos en músculos dorsal ancho y paravertebrales, alcanzando y contusionando la parrilla costal y apófisis espinosas dorsales. Pronóstico grave”.

Zabala de la Serna – El Mundo: Con esas líneas y estilo del toro tristemente devuelto saltó Liriquillo. Como si en Pedraza hubieran hecho un trabajo de desbrozar las exageradas alturas de su procedencia Aldeanueva para seleccionar con más fineza. De aquellos pedrazas gigantes a este dibujo hay un abismo. Liriquillo fue preclaro de salida, tan definida su clase, su templanza, el medido poder -perfecto Raúl Ruiz en la brega- y, sobre todo, un pitón izquierdo sensacional. La cara colocada en los vuelos con admirable categoría. Esa fue la mano de Liriquillo y de la faena. Fonseca lo trató con inteligencia tras comprobar que el empuje menguaba por el derecho. Y al natural elevó la faena con tacto, oficio y listeza en la última de las tres series, a pies juntos. La serenidad a su cargo y la calidad a cuenta del toro. Un espadazo inapelable y una oreja en consecuencia y buena lid.

Le quedaba a Isaac Fonseca un cartucho y media Puerta Grande abierta. El torazo de Torrestrella también habría servido para la tauromaquia popular. Fonseca, que dejó la montera en la puerta de la enfermería por su compañero como un mal augurio para él, salió a tumba abierta hasta que lo hirió en un pase de pecho con saña. Atrapó el corazón de la plaza el percance, sembrando la angustia.

Pla Ventura – Toros de Lidia: Volvía Isaac Fonseca a Madrid con esa ilusión que le desborda, con esa pasión en la que vive; en definitiva, con unas ganas inmensas de ser torero. Digamos que, lo de las ganas quizás lo pongan todos los toreros pero, a Isaac Fonseca se le nota mucho, toda una virtud en su haber. El único toreo de capote ha brillado de sus manos porque, en honor a la verdad, apenas toro alguno se ha dejado torear con la capa. El animal, que ha hecho una asquerosa pelea en varas, apenas presagiábamos que sería el toro de la tarde, y de muchas tardes, sin duda alguna. Fonseca lo ha recibido rodilla en tierra exponiendo su anatomía frente al burel que, encastadísimo, por momentos, se lo quería comer. Un gran toro que, como se dice en el argot, era un toro de dos orejas cuando, Fonseca, como sabemos, cortó una. Y no lo digo en demérito del mexicano, todo lo contrario. Ocurrió que, entre que el toro había hecho esa absurda pelea en varas que he citado, de repente ha doblado dos veces la manos y, en esos escasos segundos ha bastado y sobrado tiempo para que, al final de la gran faena de Fonseca, la gente no reaccionara como en verdad merecía el diestro que, por si fuera poco, lo ha matado de una soberbia estocada en todo lo alto. Es verdad que, por ambos pitones, Fonseca ha toreado a placer, si se le puede llamar placer a jugarte la vida sin cuentos. Pero esas dos veces que el toro dobló las manos, todo ello antes de la faena de muleta, han sido el hándicap para que la gente no se percatara de que había en el ruedo un gran toro que vendió cara su vida. De no haber tenido la gente la percepción de que el toro podía caerse más veces, cosa no que no ocurrió, con toda seguridad las dos orejas hubieran caído en las manos de Fonseca que, ha estado hecho un tío. El mexicano, pase lo que pase, quiere ser torero y eso se nota a mil leguas. Ha cortado, como decía, una oreja de pura ley. En su segundo, un toro de Torrestrella, grandote, violento, basto como ninguno, con el que el diestro ha tenido que bregar muchísimo en el capote para pararle de salida, sin buscar el arte, pero sí atemperar la embestida de aquella fiera que quería comerse a medio mundo. Fonseca, sabedor del peligro que derramaba si antagonista se ha puesto a torear sin más dilación y, un par de series han demostrado el valor espartano de este diestro pero, de repente, en un segundo, el toro se ha dado cuenta que lo tenía cerquita, le ha clavado el pitón por la espalda y lo ha zarandeado peor todavía que a Espada. Un horror, un drama al más alto nivel porque, pese a la maldad del toro, Fonseca estaba apuntando a lo más hermoso, salir por la puerta grande de Madrid que, de no haber sido cogido, quedaba esa posibilidad. Decían de una cornada en la espalda, quiera Dios que sea poco y se recupere pronto.

Andrés Amoros – El Debate: Bastantes compatriotas, con banderas que cuelgan de las barandillas, han arropado esta tarde al mexicano Isaac Fonseca. Después de una emocionante faena, rematada con una buena estocada, corta la oreja al noble tercero. Necesita otra para abrir la Puerta Grande; lógicamente, sale a por todas en el último, de Torrestrella, muy serio: sale abanto, da varias vueltas al ruedo, embiste con brusquedad. Lo lidia con acierto con el capote. Deja la montera sobre la barrera, en la puerta de la enfermería, como brindis al compañero herido: no podía imaginar que, muy poco después, también le iban a llevar allí a él. Sin probaturas, le da distancia, para aprovechar la inercia de las embestidas, y logra buenos muletazos. Para rematar la serie con el de pecho, corrige la posición, se coloca totalmente de frente: el toro embiste por alto con fuerza y lo empitona por la espalda, manteniéndolo un buen reto con el pitón por dentro de la chaquetilla. Cuando lo suelta, lo conducen a la enfermería, con gestos de dolor. El parte facultativo del Dr. García Padrós indica, en resumen, «herida en la cara posterior del hemitórax izquierdo con trayectoria ascendente de 20 centímetros. Pronóstico grave». Una vez operado, lo han trasladado a la Clínica.

Sixto Naranjo – COPE: Isaac Fonseca tuvo la suerte de encontrarse con “Liriquillo”, un ejemplar de excelsa clase que algunos protestaron. Su gran cuerpo aún podía dar cabida a más kilos, pero bien es verdad que sus hechuras no podían ser más buenas. El de Pedraza embistió con ritmo y buen son a la muleta de un entregado Fonseca, que después de su clásico inicio de faena de rodillas, templó las buenas embestidas de su oponente. Lo mejor llegó al final, cuando al natural dejó la muleta muerta y tiró de las embestidas con profundidad y limpieza en el trazo. Una estocada delantera pero arriba le hizo valedor de una oreja.

El remiendo sexto, un toro cinqueño, muy serio y de aviejada expresión de Torrestrella que en cuanto pudo se echó a los lomos al torero de Morelia. En el segundo derrota se presintió la cornada en la espalda. Los posteriores gestos de dolor de Fonseca lo confirmaron. Juan Leal tuvo de nuevo que hacerse cargo del toro para finiquitar la tarde. Se hizo larga la espera hasta que el parte médico del doctor García Padrós confirmaba que no había tocado órganos vitales a pesar de la gravedad del percance.

Patricia Navarro – La Razón: El espectáculo en el tercero lo puso la cuadrilla de Fonseca: Ruiz, Juan Carlos Rey y Tito. No quería Isaac que la cosa quedara ahí y comenzó de rodillas en el centro. Nobleza apuntó el toro ya en el comienzo de muleta, aunque lo bueno vino después. Le costó a Fonseca cogerle el pulso en los primeros compases parar ligarlo. Lo mejor llegó al natural y de uno en uno. Fue cuando Madrid entró en la faena y el estoconazo, muy derecho y arriba, hizo el resto para pasear la primera oreja de la tarde (y casi, exageraciones aparte, de la feria).

Brindó a la enfermería el sexto. El de Torrestrella iba descontrolado y sabiendo lo que dejaba atrás. Lo tuvo tan claro, que no perdonó a Isaac Fonseca, que tenía la Puerta Grande a medio abrir y el amor propio íntegro. Lo cogió feo. Horrible. Tremendo. Así era la altura del toro y metió el pitón por la chaquetilla y, por lo que pudimos ver desde el tendido, metió el pitón por la espalda. Es por estas cosas, entre otras muchas, por las que la distancia física y emocional con el ruedo es insalvable. Héroes. De carne y hueso.

Antonio Lorca – El País: Fonseca había cortado una oreja en su primero, y abordó con enorme gallardía la faena al sexto, un toro muy serio, astifino, manso y violento de Torrestrella, que completó la muy desigual de trapío y comportamiento corrida de Pedraza de Yeltes. El torero mexicano brindó a su compañero herido en el toro anterior, y sin probatura alguna, citó a su oponente con la mano derecha y aguantó en dos tandas las embestidas cortas y ásperas del toro. Citó seguidamente con la mano zurda y dibujó varios naturales estimables hasta que se colocó para dar el pase de pecho, momento en el que el toro lo prendió por la espalda, lo zarandeó dramáticamente y lo lanzó contra el suelo. Desde ese mismo instante se pudo comprobar el gesto de dolor del torero, que fue trasladado de inmediato a la enfermería.

Antes de esta escena dramática, Isaac Fonseca cortó una oreja del tercer toro, al que veroniqueó con mucho gusto y dibujó tres medias de cartel. Ante el manso de Pedraza se lució la cuadrilla de a pie: Raúl Ruiz en la lidia, y Juan Carlos Rey y Jesús Robledo Tito, en banderillas, y los tres saludaron al respetable.

Fonseca acabó con su oponente de una gran estocada, de esas que en otros tiempos valía una oreja; pero antes había interpretado el toreo al natural en tres tandas intermitentes por la falta de codicia del noble animal. Naturales largos, de uno en uno, de frente y con los pies juntos, pero faltos de la emoción que provoca la ligazón. Y la faena había comenzado de rodillas, con derechazos bien trazados y un par de tandas por ese mismo lado, irregulares por la violencia inicial del toro. Al final, la labor del torero fue muy meritoria, pero no redonda.


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