La «verdad» de Manuel Escribano en la biografía más atrevida de un torero contemporáneo en activo.

El matador de Gerena se apoya en Antonio Ramírez de Arellano para publicar una semblanza de su carrera como conmemoración de sus veinte primeros años de alternativa.

Por Jesús Bayort.

Tauromaquia y verdad. Reflexiones tras 20 años de alternativa’ (El Paseíllo) ya ha alcanzado su segunda edición cuando apenas ha llegado a librerías y oídos de los aficionados. Antonio Ramírez de Arellano, íntimo amigo y leal partidario del torero, hace las veces de escribano en sus confesiones, reflexiones y narraciones. El arco narrativo de la biografía abraza desde el germen taurino de aquel «niño rubito de Gerena» hasta la tarde del 13 de abril de 2024, cuando el «notario literario» ordena detener la impresión de la obra para incluir una posdata en la que da fe pública de la última hazaña con los victorinos –desde la espeluznante cogida a portagayola hasta la memorable salida de la enfermería con el indumento hecho jirones–.

Es precisamente Victorino Martín quien inaugura la semblanza de ‘Tauromaquia y Verdad’ con un breve prólogo en el que da cuenta de la importancia que Manuel Escribano ha tenido para la historia de su ganadería –siempre sublimada a través del señero Cobradiezmos–, mientras que el torero radiografía y descubre las claves de los toros de la ‘A’ coronada, así como también de los de la ‘A’ con asas. Miura y Victorino, la que lo puso en el camino y la que lo encumbró. Datilero y Cobradiezmos, el tándem de su gloria.

La dureza de aquellas siete temporadas de ostracismo conforman uno de los capítulos más apasionantes de la biografía, cuando reconoce su total dependencia económica con casi treinta años y las deprimentes condiciones que tuvo que aceptar para no olvidarse, y que nadie olvidara, que seguía siendo torero. Del destierro artístico sale gracias a la ayuda desinteresada ofrecida por Manuel Campuzano, al que reconoce como uno de los baluartes de aquella reconquista aunque, como a futuros apoderados, le reprocha ciertas conductas. Mientras que al que podría considerar como su redentor taurino y personal le critica que «no quiere o no sabe seguir» cuando sus poderdantes empiezan a triunfar, de Simón Casas destaca negativamente su interés por «acaparar toreros para finalmente no dedicarse a ellos» y de Raúl Gracia ‘El Tato’ lamenta «errores y despistes» durante «una etapa difícil en sus temas personales».

Con la misma valentía que cuando se enfunda el traje de luces despacha al sistema empresarial, entre reproches a Ramón Valencia por no haber recompensado sus triunfos con ganaderías que cree merecer, a la actual empresa de Madrid por sus habituales desatenciones o al tridente conformado por Antonio Barrera, José Cutiño y los Chopera tras un fallido apoderamiento que terminó con el torero confesando que «no me fío de vosotros». En el apartado de los presidentes hace recuento de la cantidad de orejas negadas por los palcos, reconociendo que en una ocasión llamó al usía de la Maestranza Gabriel Fernández Rey para «hablarle feo» y convencerle de que estaba «cargándose la fiesta». ‘Tauromaquia y verdad. Reflexiones tras 20 años de alternativa’, un libro que no deja indiferente a lectores y protagonistas.

Publicado en ABC Sevilla


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