Pablo Hermoso de Mendoza torea por última vez en Pamplona el 6 de julio. Habrá todavía oportunidad de ver a un maestro que ha dejado tardes épicas en plazas grandes y pequeñas durante 35 años.
Por Pedro Gómez.
Tardes históricas y épicas que llegan a su fin. El rejoneador estellés Pablo Hermoso de Mendoza, de 58 años, se despide este 6 de julio de la Plaza de Toros Monumental de Pamplona, en el coso donde ha actuado 34 veces y ha cortado 59 orejas y 3 rabos. Será una despedida más de un recorrido que comenzó en otoño en Latinoamérica y concluirá en septiembre en Sevilla.
Es el torero navarro más grande de todos los tiempos y el rejoneador más aclamado en el mundo. Una figura que revolucionó el toreo a caballo, que ha creado afición y escuela. Ha sido profeta en su tierra y ha triunfado allá donde ha ido, Las Ventas, la Maestranza, Portugal, Francia, México… Pero junto con su faceta como torero, Hermoso de Mendoza ha sido también un embajador de Navarra por el mundo. Hombre cercano, de eterna sonrisa, familiar, amigo de sus amigos, culto, trabajador incansable, emprendedor.
Su vida está jalonada de tardes gloriosas y pequeños gestos humanos. Como el de aquel 24 de febrero de 2007, cuando el diestro mexicano Jorge Mata sufrió una cornada gravísima en Villahermosa (Tabasco) que le partió las venas femoral, safena e ilíaca. Pablo fue el primero en llegar al herido y taponarle la herida y hacerle un torniquete con su corbatín. Cargó con él y lo llevó a la ambulancia. Llegó clínicamente muerto al perder 5 litros de sangre pero sobrevivió, aunque le tuvieron que amputar una pierna. Nueve años después, Mata cumplió su sueño de torear de nuevo y brindó su novillo al torero navarro. Ambos se fundieron en un abrazo que siempre recordarán.
Pablo Hermoso de Mendoza tomó la alternativa el 18 de agosto de 1989 en Tafalla. “Te deseo todo tipo de triunfos en esta durísima carrera en la que te auguro un futuro prometedor”, expresó Manuel Vidrié, su padrino y conocido como el mago del temple. Aquel día, el joven estellés dejó de ser Pablín para convertirse en Pablo, decía Jamba en su crónica de Diario de Navarra. El torero dedicó su primer brindis “a toda la plaza y toda la afición navarra”. Un millar de estelleses se habían desplazado para ver a su vecino.
“Eran muchos los que alardeaban de conocerle pero muy pocos lo que, realmente, confiaban en su futuro. Pocos imaginaban que llegaría tan lejos, que iba a desencadenar una verdadera revolución en el rejoneo, que lo iba a transformar. Sólo algunos privilegiados supieron entrever que era distinto, que pisaba terrenos que estaban al alcance de muy pocos”, escribiría el crítico Koldo Larrea al conmemorar los 25 años de su alternativa.
En esos 25 años ya había superado los 2.000 festejos, una frenética agenda plagada de orejas, rabos y puertas grandes. Ya en 1990 recibía elogios de la escuela portuguesa. “Pablo torea a caballo como los portugueses”, decía entonces el número uno en el escalafón, Pedro Franco, que le prestó sus caballos al diestro estellés para su brillante debut en Portugal (1 de noviembre de 1990) porque en aquella época no se podían transportar debido a la peste equina.
MEDALLA DE ORO DE NAVARRA
De aquellos inicios, el gran crítico Paco Apaolaza dijo que a Hermoso de Mendoza “se le veía la torería igual que a las mozas las enaguas”. “Aquellos primeros destellos aislados de sus comienzos dejaban entrever el arte más puro que se estaba fraguando y que salió adelante a base de dedicación, de afición, de voluntad inquebrantable, de suerte y de la bondad necesaria para no creerse del todo los aplausos de un pueblo, el navarro, que lo apoyaba sin reservas”, decía Apaolaza.
Tal como cuenta Koldo Larrea, Pablo le dio seriedad y prestigio al rejoneo, que pasó a llamarse toreo a caballo. Exigió toros cuatreños o cinqueños, nada de utreros, con trapío, bien criados y rematados. Y como llenaba plazas, comenzó a exigir honorarios acordes con su categoría, algo que benefició al resto de rejoneadores.
En 1995 debutó en la Maestranza de Sevilla, donde cortó una oreja y recibió el aplauso por bulerías del público puesto en pie, y en Las Ventas, donde también se llevó un apéndice. “Hermoso de Mendoza puso banderillas al quiebro en una distancia inverosímil, dejando llegar al toro, quebrándolo para clavar, como a cámara lenta, unas banderillas templadas y toreras sin descomponer la figura, sentado en su montura, erguido, natural y con la mano de la rienda relajada y baja”, decía Apaolaza en su crónica. El 25 de abril de 1999 cortó un histórico rabo en la Maestranza. Dos años después repitió la hazaña en la Monumental de México, la mayor plaza del mundo. Pablo ya se ha despedido de Las Ventas de Madrid, donde le brindaron un acto de homenaje previo al que asistieron Vidrié y Fermín Bohórquez, entre otros. De la Maestranza se despedirá en septiembre, en la feria de San Miguel.
Fuera de los ruedos, Hermoso de Mendoza recibió en 2003 la Medalla de Oro de Navarra y en 2016 la Medalla al Mérito de las Bellas Artes. Se la entregaron don Felipe y doña Letizia en un acto en el teatro Victoria Eugenia de San Sebastián.
“Hermoso ha devuelto al rejoneo el sentido y la prestancia que había perdido, ha rescatado suertes olvidadas y ha creado otras nuevas y lo ha hecho con una excepcional destreza hípica y una destilada elegancia torera”, señalaba el acuerdo del Gobierno de Navarra para otorgarle la máxima distinción institucional de la Comunidad foral.
Rejones en Pamplona, tradición
Pamplona le debe a Pablo Hermoso de Mendoza que la corrida de rejones del 6 de julio sea ya una tradición asentada, un festejo de abono que se llena hasta la bandera. El torero a caballo debutó en Pamplona un 24 de septiembre de 1989, en San Fermín Chiquito, con los novilleros Antonio Caba y Marco Girón. Hermoso cortó dos orejas a sendos toros navarros de César Moreno: “Fue una tarde de mucha exigencia, lidié hasta un cinqueño. Había toreado pocas corridas y aquel cinqueño me tuvo impactado un montón de días porque era enorme”, decía en Diario de navarra entrevistado por Pablo García-Mancha en 2019.
En 1990 debutó en la Feria del Toro. El día 14 ante un único ejemplar de César Moreno como apertura a la alternativa de cirbonero Sergio Sánchez, en presencia de José Luis Palomar y José Pedro Prados El Fundi. Desde 1977 no actuaba un rejoneador en San Fermín. “Siempre estaré agradecido a la oportunidad que me dio la Meca por ser navarro”, ha declarado en varias ocasiones. Sin embargo, no volvió a pisar la plaza pamplonesa hasta 1994.
En 1991 y 1992 no le invitaron, pero en 1993 sí. Pablo ya era una figura del rejoneo pero aquel fue un año difícil, con la muerte de su caballo Lord Byron. No se vio con fuerzas para ir a Pamplona. Tampoco quiso ir a Lisboa. A finales de verano, Cagancho le hizo recuperar un nuevo impulso.
En 1994, la Meca probó a organizar una corrida de rejones matinal, con toros de María Olea, para Joao Moura, Luis Domecq, Pablo Hermoso de Mendoza y Antonio Domecq. “No hubo el tirón que esperábamos y en 1996 llegó una gran idea por parte de la Meca: me pusieron en la novillada de feria pero con dos toros. Aquello sirvió para calibrar mi tirón. La novillada no se llenaba aunque estuviese abonada y comenzó a acabarse el papel. Por eso, en 1998 se hizo la prueba de adelantar la novillada un día y meter el día seis la corrida de rejones”. Aquella tarde le brindó un toro a Miguel Induráin, que llevaba dos años retirado. Aunque Pablo se retire, la corrida de rejones ya es una tradición consolidada. Por parte de los Hermoso ya hay relevo asegurado.
Publicado en El Diario de Navarra




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