Miguel Ángel Perera, en la plenitud de su XX aniversario: “Después de 20 años ya no me sorprende nada.”

Por Zabala de la Serna.

La celebración del XX aniversario de la alternativa de Miguel Ángel Perera (La Puebla del Prior, 1983) transcurre por unos cauces caudalosos de autoridad, temple y magisterio. Esa fue la palabra exacta para subrayar su paso por San Isidro, y volvió a serlo para elogiar su reciente actuación por San Fermín. De santo a santo sólo falló la espada que sí respondió en Sevilla para descerrajar la Puerta del Príncipe de mayor peso de todo abril, la primera de su fértil carrera. Una vez más el látigo y la seda de su muleta se combinaron a la perfección. De los toreros de la cúpula del escalafón, obviando la apisonadora en el triunfo de Roca Rey, es sin duda quien luce mejor estado. Encara el verano con el objetivo inminente de Santander, su feudo, otros próximos como San Sebastián y Bilbao y uno más lejano por confirmar: la feria de Otoño de Madrid.

Perera es un tipo seco, en apariencia, con una integridad formidable. Vive consciente, pero sin fuegos artificiales, los logros y reconocimientos de este año especial “que no empezó con un planteamiento muy ilusionante, no de sensaciones. Fueron saliendo las cosas y, sobre todo, a partir de Sevilla y tras el paso de Madrid, sin obtener un triunfo rotundo, la seguridad, la moral, el sentimiento de reafirmación, se fueron asentando. Y ahora me encuentro muy a gusto”.

En Pamplona estuvo extraordinario en sus dos toros de Fuente Ymbro, tan diferentes. Y le confieso que con el transcurrir del tiempo me arrepentí de no dedicarle el titular, sobre todo cuando encontré uno que mejoraba el mío, el de la agencia EFE: Solo Perera, con el toreo más auténtico, se queda sin salida a hombros en Pamplona.

El hecho de salir andando no reflejó lo que par mí supuso la tarde interiormente. No fui justo conmigo mismo al no refrendar aquello a hombros. Como venía la corrida de seria y después de superar el hándicap de abrir plaza y remontar el toro de la merienda… Fueron dos planteamientos diferentes con un toro con nobleza y calidad y toro de mucha exigencia; el hecho conocer la ganadería de Ricardo Gallardo me llevó a apostar por él. Y sacarle al final esas tres tandas por la mano izquierda te alimenta por la convicción, la rotundidad y lo profundas que fueron.

Si mata el primero después de esa faena perfecta, hubiera sumado la oreja que faltó. La espada le está restando desde la temporada pasada en tardes de un peso específico mayúsculo.

Sí, no tengo la regularidad con la que contaba en otros años aunque en Sevilla me funcionó. Pero fíjese si hubiera matado al toro de la temporada pasada en Bilbao o al de Madrid, lo que hubiera cambiado la película. Este año mismo, con el nivel de madurez con el que he andado con los cuatro toros en San Isidro, si hubiera refrendado con la espada, no sé si hubiera habido Puerta Grande, pero la sensación del triunfo habría sido otra.

Su Puerta del Príncipe fue la más rotunda de las tres que hubo en Sevilla (Luque y Roca).

Pude disfrutar esa unanimidad entre los profesionales, la prensa y los aficionados. Fue muy bonito porque Sevilla se me resistía desde hace 20 años. En otras plazas que tampoco he salido a hombros me había podido mostrar, pero Sevilla me pesaba siempre mucho. Y sin embargo este año… Fueron dos toros de El Parralejo completamente diferentes.

Se da en usted aquello que decía Don Pablo Lozano de que el temple le quita al toro la fuerza que le sobra y se la da al que le falta.

Siempre ha sido una gran virtud de mi concepto o de mi capacidad. Doblegar esos toros difíciles también a veces ha ido en mi contra, pues hay toros que pasan por buenos que no lo son tanto. Ni se ve el esfuerzo que tienes que hacer con ellos. Es verdad que hay que potenciar sus virtudes y tapar los defectos. Pero a veces esa forma tan sólida y rotunda de estar con los toros más costosos y difíciles va en contra del torero.

Badajoz, donde tomó la alternativa hace 20 años, fue una tarde redonda y feliz.

Lo disfruté mucho. Fue en la fecha exacta, un 23 de junio. Me pude mostrar con los dos toros en plenitud, más allá de las cuatro orejas.

Unas declaraciones suyas en Aplausos me han llamado la atención por su honestidad al decir que el mercado taurino camina independientemente del estado artístico de cada torero y que entiende que esto es un negocio.

Al final es así. Esto es una industria. Ves toreros en un momento estupendo, hablemos de otros, no por ponerme yo, y no tienen la recompensa a eso en carteles de categoría, y a la inversa con otros que no andan igual de frescos. Después de 20 años ya no me sorprende nada. Intento llevar mi camino aunque haya cosas que me parezcan injustas. Con ellas convivo. Trato de no descentrarme para conseguir en la plaza lo que quiero.

¿Cree que afecta el desgaste del paso del tiempo, no ser ya una novedad?

El paso del tiempo y por estos últimos años míos por una decisión taurina. Cuando dejé el apoderamiento de Santi Ellauri y Pedro Tamayo, me puse en manos de mi mozo de espadas, David Benegas, y no encajé con una empresa de toda la vida. Y eso quizá me ha pasado factura en estos años. Eso unido a los 20 años, que es lo que usted decía. Analizo muchas las cosas, que no suceden por una sola causa.

¿Es feliz con el apoderamiento de Diego Robles/Matilla?

Estoy muy contento y muy ilusionado. Llegó en un momento en el que me hacía falta ese cambio, ese revulsivo de las ilusiones renovadas. A los pocos días surgió el triunfo de Sevilla… Diego Robles es una persona con una afición desmedida y una entrega absoluta a la profesión, un taurino de toda la vida, discreto y serio. Y también me aporta disciplina y, aunque yo siempre he sido disciplinado, hace que no baje la intensidad.

Ahora afronta uno de sus feudos como es Santander, que siempre se le ha dado extraordinariamente bien.

Siempre, a lo largo de mi carrera. No es un tópico, lo puedo corroborar con los números en la mano. Tardes y faenas importantes se han dado en Santander. Este año llego con el aliciente de torear con uno de los toreros en mejor momento del escalafón, Daniel Luque. Me motiva mucho medirme con él y con la corrida de La Quinta. Y, por la feria que es y la plaza que se trata.

Y luego vendrán San Sebastián y Bilbao… Claro, que si en Bilbao no hubiera estado, después de su soberbia tarde del año pasado, habría sido un crimen. Pero, bueno, crímenes taurinos se dan a diario.

Sí, la verdad es que pasan cosas que periodísticamente ya no se denuncian.

Publicado en El Mundo


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