Por Zabala de la Serna.
Y Morante se arrebató en el ecuador de la corrida, arrebolado, mecidas las verónicas con todo el cuerpo, por un camino que conducía hasta el mismo platillo, centrando al toro alocado, a aquel manso encastado que prendió el volcán. El quite por sevillanisímos delantales dejó una huella inacabada, entre huidas y puyazos al relance. Arreaba con pistón, entre un buen instante de embroque y la fuga. Vino a explicar el maestro toda la teoría del final de la crónica con la práctica. Desde un prólogo por bajo que fue un crujido de maderos, formidable el poderío, la expresión. Y cuando se incorporó, puesto el cuerpo donde los demás ponen la muleta, se barnizó literalmente la taleguilla con la sangre del lomo. Palpitaba en la crepitante serie de derechazos la tralla que no el ritmo de la arrolladora embestida, y eso traía un mérito y una emoción superlativas. Que siguió cuando este Taberquero volvió najas y Morante lo atrapó en la querencia. Como si atrapase a todos los duendes rebeldes para levantar un corral flamenco. Y así en ese círculo de fuego encerró el toreo por una y otra mano, hundiéndose con él. No importaba por donde pasase, siempre tan cerca. Sucedía lo inexplicable, lo impensable, lo imposible en otro tiempo, tan a contraestilo del arte el toro, ese reprís permanente, arrollando. Se presentía el triunfo pues las gentes de El Bibio bramaban, pero también se intuían los problemas para matarlo con la huida presente. Así fue como la espada arruinó una obra imposible. De ese corazón gigantesco que bombea en el mejor de los toreros.

Flotaba la tarde gris, caía un sirimiri norteño y los focos de El Bibio iluminaron el ruedo antes de que saltase el primer toro de La Ventana del Puerto. Que vino a plantear una ecuación de no fácil resolución con su contada humillación, ese modo de derrotar, y su manera de perder las manos. Una ecuación de alturas. Fue, por tanto, una faena escasamente limpia pero de frondosa expresión. La puras luces del toreo se prendieron bajo las artificiales en un par de verónicas y una media cristalinas en la madeja del saludo. Y en un puñado de naturales -pues había mostrado ya el toro mejor condición por esa mano-, aquella trincherilla de cartel, este pase de pecho rodilla en tierra. Pero incluso cuando le tropezaba habia una belleza imperfecta en el aplomo. Ese deseo contante de MdlP se estrelló con el acero, pues el toro siguió echando la cara arriba. Y quizá faltó el toque abajo de esa mano que Camino decía que era la que mataba y no era la de la espada.

José María Manzanares, el triunfador de la jornada, navegó por las antípodas: sorteó un toro muy notable, muy flexible y humillador y lo mató de un formidable espadazo que lo catapultó hasta las dos orejas. Cuando Berlinés se estiraba adquiría una profundidad inmensa, especialmente por el pitón derecho. Por donde Manzanares basó su faena. No sé si por el efecto de tener frescas la imágenes de su gran tarde en El Puerto, pero pareció por momentos una versión mejorada. Más suelta quizá. De una enorme naturalidad en la única tanda con la izquierda, que ya se había sentido en un cambio de mano con el sello de la casa. Por contraste, también es cierto que otros derechazos se entonaron forzados. Pero el estoconazo, ya digo, lo unificó y catapultó todo. Arrastraron a Berlinés arropado por una ovación. De categoría.
Fue bueno también el sobrero -completó el mejor lote con más movilidad que clase-, que salió después de una extraña acción presidencial: devolvió un toro cubeto, muy protestado, que podía sacarse los ojos con los pitones, después de aprobarlo por la mañana. No hubo otro motivo más allá de la ineptitud. Manzanares se entonó pero se destempló con la espada, equivocándose al hacer la suerte de recibir. Muy contrarios los dos espadazos.

Juan Ortega pasó con notables detalles y armoníasante un liviano tercero que había cumplido este mes -y se notaba- al que supo esperar para dibujarle cosas bellas. Poquito fondo en la embestida para dejar lo preciso, aquellos doblones, un manojo de derechazos, algunos enganchones que lo desdibujan, y unos doblones de despedida de cara ejecución. Un volapié contundente le entregó el trofeo. No valió nada el sexto -no entendí cómo enlotaron las cuadrillas los dos monos de la corrida- y entre alguna pincelada gastó el deseoso tiempo esta vez sin remate matador.
Quisiera responder a algunos que establecen estúpidas comparaciones como epílogo de esta pieza: Morante de la Puebla hace el toreo y Juan Ortega lo dice. Y lo dice muy bien como una lección aprendida. Morante se arrebata en el muletazo y Ortega lo cuida. Aquél es el bailaor forjado en el tablao y éste, pulido en la academia. Arrebolarse o enfadarse cuenta. Uno es un volcán en erupción y otra una fuente de agua clara.MdlP se ofrece entero al toro -no importa cómo ni por dónde venga- y por eso encaja defectos, un enganchón quizá, que altera el muletazo pero no la composición inalcanzable. Y JO lo estudia todo, lo prepara, para recitar la lección bien dicha, pero cuando hay una imperfección se le desmorona. [Esto se vería a lo largo de la tarde]. Y creo que es por eso, y por todo, por lo que llevó ya tiempo dándole vueltas a por qué el toreo de Juan, aún deletreado con pulcra caligrafía, no me conmueve y el José Antonio me emociona, altera y convulsiona. Será el alma que también late en su empaque, en sus muñecas y, sobremanera, en su embroque. Esa es la diferencia. Donde habita la verdad. Como admiramos todos este sábado de gloria con un nuevo asombro.
PLAZA DE EL BIBIO Sábado, 17 de agosto de 2024. Tercera de feria. Tres cuartos de entrada. Toros de La Ventana del Puerto y dos de Puerto de San Lorenzo (5º, 5º bis y 6º); de desigual juego y presencia; destacaron el muy notable 2º y el buen sobrero.
MORANTE, DE ROSA Y AZABACHE. Cuatro pinchazos y estocada habilidosa. Aviso (silencio). En el cuarto, dos pinchazos y media estocada. Aviso (saludos).
MANZANARES, DE AZUL MARINO Y ORO.Gran estocada. Aviso (dos orejas). En el quinto, media contraria en la suerte de recibir y estocada contraria (saludos).
JUAN ORTEGA, DE VERDE HOJA Y ORO.Estocada (oreja). En el sexto, pinchazo y media y tres descabellos. Aviso (palmas).
Publicado en El Mundo




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