Por Zabala de la Serna|Bilbao.
A Diego Urdiales (Arnedo, 1975) le entregaron este fin de semana las llaves de oro de Dax (Francia), la plaza donde se convirtió en matador de toros hace un cuarto de siglo. Nunca en este tiempo renunció al clasicismo, a la pureza, ese barco que atraviesa todas las épocas del toreo con el viento en contra de la modernidad que amenaza naufragios. Respira aún con dolor por la fractura costal que arrastra desde Azpeitia. Pero más duelen otras cosas. Ahora regresa tras años de ausencia a Bilbao, la negra arena su vida, donde acumula glorias como nadie en la última década.
P. Diego, en 25 años de alternativa, no se ha traicionado a sí mismo ni a su concepto jamás.
R. Ni yo mismo me lo creo. Los inicios fueron durísimos, en unas circunstancias muy complicadas, con un toro la mayoría de las veces muy a la contra de mi forma de interpretar. Me da vértigo cuando miro para atrás. Siento que el único camino por el que hubiese funcionado en el toreo era éste. Esa forma de torear es lo que siempre me ha mantenido la llama de la ilusión encendida.
P. Curro siempre destaca el mérito de mantenerse leal a una idea el tipo de ganaderías que mataba.
R. Era fundamental no traicionarme, no salirme de una forma de torear que no es mía, sino que está basada en los cánones de todos los grandes de toreo.
P. Su biografía podría titularse Una vida a contra corriente.
R. Puede ser. O a contra estilo.
P. ¿Se siente valorado?
R. Me siento reconocido, pero no valorado.
P. ¿Por quién no valorado y por quién reconocido?
R. Me siento reconocidísimo por mis compañeros, por grandes leyendas y figuras del toreo que me han transmitido cosas que ni soñaba, y me han empujado cuando venían las dudas. Y también gran parte de la prensa. Y por supuesto muchos aficionados. Tú mismo me has hecho a lo largo de la vida crónicas increíbles, maravillosas, y esas cosas ayudan a convencerte de que el camino que sigues es el que sientes y es el que transmites a mucha gente. Y no valorado, por el sistema. Siempre están pidiendo triunfos y cuando lo he hecho tampoco han estado a la altura. Mi temporada más larga ha sido de 24 corridas de toros, al año siguiente de abrir la Puerta Grande de Madrid en el otoño de 2018 con una tarde inolvidable.
P. ¿Qué es lo más bonito que un maestro le ha dicho?
R. Curro me dijo que le hacía sentir cosas especiales; y El Viti, que si ahora quisiese ser torero debería beber de la fuente de Urdiales.
P. ¿Dónde habita la profundidad en el muletazo?
R. En el embroque. Si tú no embrocas con profundidad, el muletazo no puede tener profundidad. Y no es en la largura sino es en la intensidad. No enganches al toro más allá de donde no debes, ni no lo lleves más allá de donde no debes. Ahí radica el muletazo eterno. Cuando ese muletazo surge, cada uno con su personalidad, debe contar ante todo con una cosa: la reducción. Cuando tú reduces la embestida aquello cobra otra dimensión.
P. ¿Urdiales que se ha apretado más con la soga al cuello que cuando han venido un poquito las cosas de cara?
R. Parece mi sino que cuando las cosas están complicadas la suerte me ha ayudado más. Y cuando se han puesto algo mejor se ha torcido. No me considero con torero afortunado en los sorteos.
P. Vuelve el próximo sábado a Bilbao, plaza donde en la última década ha cosechado un palmarés inalcanzable, tras años de ausencia.
R. Mi currículum en Bilbao en la última década ni en mis mejores sueños lo hubiese imaginado con tres puertas grandes, numerosas orejas y tardes importantísimas. He matado ocho corridas de Victorino y he triunfado en gran parte de ellas. Lo que ha pasado en Bilbao en mi carrera ha sido muy especial, incluso diría que lo más especial. Lo único que he pedido es que el trato estuviese a la altura de las circunstancias, ni más ni menos.
P. Al final pierde el aficionado.
R. Matan la ilusión de la gente y devalúan el toreo.
Publicado en El Mundo





Deja un comentario