Quienes preguntan por su reaparición olvidan hacerlo por su recuperación: ¿acaso está el torero antes que la persona?
Por Jesús Bayort.
Lo divino de Morante de la Puebla nos hace olvidar lo humano de José Antonio Morante Camacho. El hombre sigue teniendo un problema de salud –perdón, un agravamiento en su problema de salud–, y mientras eso ocurra, el torero deberá esperar. Y la afición, y los empresarios. Que Morante de la Puebla lleve más de veinte años conviviendo con un trastorno de personalidad y que durante tantas crisis nos haya normalizado su capacidad para sobreponerse, no justifica que algunos (sólo algunos) hayan perdido la sensatez y estén más preocupados por conocer la fecha de reaparición del torero que por la evolución y recuperación de la persona.
Lo siento, pero no quiero ver a Morante de la Puebla en la Feria de San Miguel. Ni los próximos meses de marzo, abril, mayo o junio. Morante necesita, y merece, aislarse del mundo, descansar y recuperarse. Al menos intentarlo. Y si alguna vez lo consigue, que vuelva sin llamar. Porque al último gran genio de los toros nadie le dirá como Juan Belmonte al torero que fue a contarle que iba a reaparecer: «¿Pero a ti te ha llamado alguien?».
Morante ha tomado la mejor decisión posible: causar baja y desaparecer del mapa. Refugiado en el abrigo de los suyos y aislado de todo este ruido. ¿Puede volver Morante el 29 de septiembre en la Maestranza? Es tan poco probable como desaconsejable. Su resolución, tomada después de que este nuevo tratamiento le haya devuelto al hundimiento moral, era coherente con la de todos los especialistas visitados recientemente, que han sido varios: «Hay que parar». Tras comunicarlo su apoderado este pasado martes a las respectivas empresas, rápidamente se fueron conociendo sustitutos. Talavante en Utiel, Castella en Murcia, Borja Jiménez en Almodóvar del Campo, Aguado en Guadalajara… Del sexteto de compromisos para este cierre de temporada, sólo la empresa Pagés ha optado por dejar una puerta abierta a su posible retorno. Morante está anunciado en la Maestranza el domingo 29 de septiembre en la que será la despedida de Pablo Hermoso de Mendoza, junto a Pablo Aguado. Según anuncia la taquilla online de la empresa Pagés, la corrida ya registra un virtual cartel de ‘no hay billetes’.
¿Guarda ese éxito taquillero algún tipo de relación con el inexplicable hermetismo de la empresa Pagés? Aunque nadie puede saberlo, muchos empiezan a imaginarlo. Y Ramón Valencia, como gestor de la Maestranza y vicepresidente de la patronal, sigue sin despejar las dudas. Su posición y la circunstancia actual demandan una reacción ejemplar. No es coherente criticar la impunidad de la reventa para devolver entradas hasta el último minuto y a la vez mantener silencio ante una situación como ésta. Todos queremos ver a Morante en el ruedo, pero no a cualquier precio. Y la empresa, al menos, debería comunicar su postura. Respetar al mal llamado «respetable».
¿Quién lo sustituye?
Si el problema no es tanto por la salud de Morante como por la salud de la taquilla, la solución pasaría por acertar en una sustitución que garantice la expectación. Llegados a este punto, el buzón de sugerencias y los emisarios ya se han encargado de pregonar sus deseos para reemplazar al torero irremplazable. Entre disparates, hay propuestas razonables como la que muchos hacen por Pablo Aguado, ausente del ciclo otoñal. Pese al rejoneador haciendo las veces de telonero, sería el mano a mano con Juan Ortega que tanto se ha echado en falta durante estas últimas temporadas en la Maestranza.
Pero pocos, por no decir que ninguno, han apuntado la opción de que Juan Ortega dé el paso adelante que sigue faltando en su carrera y se quede con los con los cuatro toros de Matilla en solitario. Más que una reivindicación, una oportunidad única para afianzar su condición de príncipe del toreo sevillano, el impulso con el que podría consagrarse como figura de culto tras su radiante temporada.
Publicado en ABC






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