Por J.C. Valadez – De SOL y SOMBRA.
Muy accidentado fue el comienzo del serial “Celebra tu Pasión” de la Plaza México. Si el solo hecho de anunciar una corrida “Charro Taurina” me parecía una decisión controvertida, una tromba de agua y un juez de plaza inepto e insensible, terminaron por arruinar el experimento charro taurino.
Hay que entender una cosa: La Plaza México no es “La Petatera”, ni la plaza de San Miguel de Allende o la “San Marcos” y este tipo de festejos “Charro Taurinos” en mi opinión no abonan al buen desarrollo de la tauromaquia en la CDMX, por la simple y sencilla razón que son antinaturales e impropios de la tradición taurina que siempre ha caracterizado a la afición capitalina.
Vamos a ser sinceros, la mayoría de los aficionados taurinos en la capital no son asiduos a las charreadas o los jaripeos, los valoran por ser parte de su cultura y tradiciones, pero rara vez acuden a un espectáculo charro. Ademas si este tipo de corridas carecen de una producción adecuada y los actores salen vestidos como extras de una película de Walt Disney o los “Tres Amigos” de Steve Martin, se pierde gran parte del atractivo del festejo no solo para los taurinos, sino también para los amantes de la charrería.
Entiendo perfectamente que las empresas intenten buscar nuevas fórmulas para atraer más público a los tendidos, pero con este tipo de festejos temáticos no necesariamente se consigue el objetivo. El hilo negro ya está inventado y no tiene mucha ciencia. Solo consiste en organizar carteles que de verdad despierten el interés del aficionado -por cierto, el de ayer era muy poco atractivo- fomenten la competencia en el ruedo entre alternantes afines y se complementen con encierros que tengan edad, peso y trapío. Esta es la mejor fórmula para promocionar la tauromaquia y fomentar la cultura taurina.

Está comprobado que una o dos veces puede funcionar un festejo temático en un escenario con la importancia de la México, pero hemos visto que no por insistir sistemáticamente en torno a este tipo de festejos (que en realidad casi nadie pide) se vayan a convertir en tradición en los próximos años.
El interés por la fiesta brava no puede ni debe ser algo circunstancial y el público de la capital mexicana se merece una tauromaquia mucho mejor, más propia y más permanente, basada en una tradición taurina que no hace muchos años tuvo esplendor y dignidad y que hoy tiene todo para que se recupere.
Y si la misión de una empresa taurina es la de convocar gente para sus plazas, la misión de un periodista o crítico taurino es la de seguir creando conciencia entre el público, para que sea la propia afición la que exija un espectáculo que de verdad busque el engrandecimiento de la fiesta y en donde el eje primordial sea nuevamente el toro.
Estoy seguro que si se respetan religiosamente las formas y las tradiciones clásicas, la catedral del toreo mexicano no tendrá que estar continuamente recurriendo a dar festejos experimentales y el resultado final en la taquilla, será mucho mejor.





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