Toros, cultura y espiritualidad se fundieron en la “Corrida de las Luces” de la Plaza México, que registró una gran entrada en sus tendidos. El festejo inició con una procesión a la Virgen del Rosario entre velas y luces de celulares, siendo este momento quizás de lo más emotivo de una corrida que no dejó mucho para el recuerdo en el aspecto taurino.
Por Luis Cuesta – De SOL y SOMBRA.
Lo más interesante del festejo taurino ocurrió cuando salió un toro noble y encastado del hierro Santa Inés -en sustitución de un toro manso de Fernando Lomelí– de nombre “Hidrocálido”, una preciosidad de toro que tuvo mucha clase y transmisión durante toda su lidia. Tomó un puyazo recargando en el peto, y volvió a entregarse en el siguiente. En el último tercio acudía alegre al primer cite desde cualquier distancia, a tranco ligerito, para tomar el engaño humillado, fijo, suave y al ritmo que le quisiera marcar el torero, sólo que el torero -en este caso Arturo Saldívar– no tenía ritmo, o no lo tenía en punto de armonía. Quizás si a Saldívar, le toca ese toro un tiempo atrás, vuelve a ascender con él a los cielos. Pero ayer se encontró con uno de los toros de sus sueños, y para su mala suerte no lo pudo cuajar.
Mejor fortuna habría sido para Saldívar si le hubiera salido un barrabás. Pero le tocó un toro de Puerta Grande y solo pudo realizarle una faena entre altibajos, con algunos momentos emocionantes para el público, que no es lo mismo que para el aficionado. Cuando parecía que la faena se iba al olvido, Saldívar recuperó de pronto el pulso, bajó la mano y embarcó la embestida de “Hidrocálido” con cadenciosa facilidad, pero sus muletazos no causaron la conmoción que necesitaba para remontar el ánimo y hacerle honor al buen toro que la fortuna le había puesto en el camino.

A su segundo del hierro de Los Encinos, le embarcó con temple y largura algunas de las embestidas alegres y nobles que tuvo. Pero la realidad es que Saldívar no tuvo su día más artístico y aunque no estuvo mal, nunca pudo acoplarse del todo; quizá porque la afectación es enemiga del temple y de la naturalidad, dos elementos necesarios para cuajar el toreo bueno.
Confirmó su alternativa el madrileño Fernando Robleño, un torero valiente y honesto. No tuvo toros, sin embargo se empeñó en demostrar su toreo durante toda su actuación. Lo intentó de verdad con un desclasado primero del hierro de Santo Tomás al que incluso llegó a robarle algunos muletazos estimables, pero no anduvo fino con la espada y escuchó un aviso. Nada le permitió su segundo de Santa Inés y volvió a fallar con los aceros.

Tampoco tuvo suerte Diego Sánchez en sus dos faenas. Su primero de Santa María de Xalpa apuntaba buenas cosas, pero llegó agotado a la muleta y pronto dejó de embestir. El sexto del hierro de Villa Carmela tampoco le dio muchas opciones de triunfo. En la parte final de su faena le propinó un buen revolcón y el torero optó entonces por montar la espada y no tentar más la suerte.

VARIAS GANADERÍAS / ROBLEÑO, SALDÍVAR Y SÁNCHEZ
Toros de Santo Tomas, Santa Inés (2° bis sustituto de uno de Fernando Lomelí), Santa María de Xalpa, Santa Inés, Los Encinos y Villa Carmela, desiguales de presentación y juego en líneas generales, entre los que destacó el corrido en segundo lugar que fue premiado con el arrastre lento.
Fernando Robleño: Leve división de opiniones tras aviso y pitos tras aviso.
Arturo Saldívar: Ovación tras aviso y división tras aviso.
Diego Sánchez: Silencio y ovación.
Incidencias: Gustavo Mora y Gerardo Angelino saludaron una ovación tras un gran tercio de banderillas. Diego Sánchez resultó herido en su segundo. Fernando Robleño confirmó la alternativa con el toro “Cantaranas”, número 172, con 484 kilos del hierro de Santo Tomás.
Plaza México. Corrida de Las Luces. Más de media plaza.
Fotos: La Plaza México.







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