Mérida: Con toros y toreros.

Cuando hay toros, todo es distinto. Siempre lo decía don Russell Gutiérrez Vales, honrado tras el paseíllo.

Ayer salieron siete toros de La Estancia, correctamente presentados, de los que ya no se dejan ver en cualquier ruedo. Mientras la Plaza Mérida siga abierta a encierros así, la fiesta tendrá vida.

Y dieron pauta a que los toreros, de caballo y a pie, pudieran brindarse en un festejo, digamos redondo, del que salieron triunfantes Joselito Adame y Ernesto Javier “Calita”, con dos orejas cada uno, quedándose caminando Diego Ventura con su magisterio de primera figura del rejoneo, pero marrando en la suerte suprema, y quedando con un trofeo.

La Mérida rebasó los tres cuartos de aforo, pero no hay duda de que el cartel presentado merecía más.

Los toreros de plata brillaron. Cuánto valor el suyo, como los picadores Omar Morales y su sobrino Daniel, que pegaron soberbios puyazos, con Omar dando saludando al tercio, primero, y dando vuelta al ruedo después. Daniel, aguantando bien la carga, picó en todo lo alto, y se fue entre ovaciones de un público que, de pie, premiaba la suerte de varas, dejando de manifiesto su importancia.

Muchos años habían pasado sin que se viera en este coso, el más importante del Sureste mexicano, una corrida tan redonda, con cinco orejas entre pañuelos blancos y un búho blanco que, ave de buen agüero, revoloteaba en el albero.

No hay espacio para pensar en regalos o exceso de premios. Incluso al juez de plaza, Ulises Zapata León, se le tiene que dar un punto favorable porque esta vez no se guardó nada. Se le vio aplaudir con el puyazo de Daniel Morales, igual que el presidente de la Comisión Taurina, Hernán Evia Góngora. Lo que pasa bien, se tiene que aplaudir.

Y Joselito Adame, sonriente, con una actitud abismalmente distinta. Con capote, muleta, dominando la lidia, como figura. Y “Calita”… aún celebran los asistentes un remate con la izquierda, larguísimo, como en cámara lenta, en su mejor momento en el primer toro, un cornalón cárdeno que salió como reserva, por estar sin lidia el que fue apartado.

Y, se recuerda, en la Mérida no se toca música en las faenas a pie. Ayer, fue lujo oír ese “oleee”, que a veces vale más que una oreja. Así la fiesta.— Gaspar Silveira.

Publicado en Diario de Yucatán.

Fotos: Diario de Yucatán y NTR Toros.


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