Triste Aniversario: 61 años de historia de la Plaza “Santa María” de Querétaro.

En su momento, y con la necesidad de un recinto nuevo para las corridas de toros, el empresario,  don  Nicolás González Jáuregui, invirtió  parte de su capital, un total de 4 millones de pesos,  en  la construcción de un nuevo inmueble arrancando su construcción en abril de 1963, la obra sólo se detuvo por las fuertes lluvias de esa época que inundaron la cimentación, donde incluso tuvo que apoyar el cuerpo de Bomberos de la ciudad con sus máquinas para sacar el agua estancada, todo ese esfuerzo llevó a la edificación de lo que hoy conocemos como la Plaza de Toros Santa María de Querétaro, inmueble que  en su momento jubiló a la anterior plaza de toros Colón.

Fue un 22 de Diciembre de 1963 cuando abrió sus puertas por primera vez, presentando en su cartel a los toreros mexicanos Alfredo Leal, Antonio del Olivar y el español  Miguel Mateo “Miguelín”.

La Santa María Por Manuel Naredo.

La Plaza Santa María de Querétaro es uno de esos cosos taurinos con solera, de los que nacen de la pasión de alguien capaz de realizar sueños casi imposibles. La Santa María es, más allá de una de las plazas de toros más importantes del país, un monumento a la imaginación y la tenacidad.

Don Nicolás González Jáuregui, quien era capaz de trasladar una capilla europea, piedra por piedra, y levantarla en la Ciudad de México, quizá era el único queretano con posibilidades de lanzarse a esa aventura que parecía inalcanzable: la de darle a su ciudad, luego de la desaparición de la Colón, una nueva plaza de toros en tan solo un año.

Y no se conformó con edificar un inmueble destinado a la Fiesta Brava, sino que lo hizo con características únicas, especiales, distintas, bellas y funcionales; no se conformó con levantar el anhelo de los aficionados queretanos, sino que se empeñó en convertir a su plaza en la más importante, con carteles redondos, con temporadas inolvidables, con visibilidad mundial.

Por el ruedo de la Santa María han pasado todas las figuras del toreo, de aquí y de allá, desde Alfonso Ramírez El Calesero a José Maria Manzanares padre, de Manolo a Camino, de Gutiérrez, Curro y Eloy, a El Capea, Ojeda, y El Cordobés. 

Por años, el coso queretano se convirtió en el más trascendente de los escenarios taurinos, estableciendo como una costumbre las corridas en sábado, lo que permitía la asistencia de los aficionados de la capital del país.

Ahí, Manolo Martínez confeccionó algunas de sus más importantes faenas; ahí, Camino se topó con Navideño para realizar la que algunos consideran la lidia más importante del siglo, y ahí, sobre su arena, se conformó el mito de una de las ganaderías más trascendentes del campo bravo mexicano: la de don Javier Garfias.

Y curiosamente, aunque la Santa María ha sido testigo de percances que mucho han afectado a algunos toreros, entre los que se pueden destacar los queretanos Ernesto Sanromán y Octavio García, nunca ha cargado, en sus más de seis lustros de existencia, con una cornada que haya cegado la vida de alguno de los hombres que ejercen la profesión de torero.

Hace un año, cuando la Santa María cumplía el significado aniversario sesenta, no hubo festejo navideño, y este año no lo habrá tampoco. Se dice que las reparaciones exigidas por la autoridad de protección civil al inmueble resultan tan caras que sus actuales propietarios, nietos de don Nicolás, no están dispuestos, o en posibilida-des, de realizarlas.

Mucho se ha especulado sobre el futuro de la queretana plaza y en esas especulacio-nes siempre resalta la posibilidad de que sea vendida y posteriormente demolida, para alzar ahí, en ese lugar privilegiado, una tienda comercial. A las voces que están de acuerdo con ello, basándose en que no se trata de una construcción jurídicamente histórica y que las corridas de toros no son ya un espectáculo del gusto de las nuevas generaciones, se oponen otras que ven en el inmueble el receptáculo de un montón de vivencias, de recuerdos, de nostalgias. A estas últimas habría que agregar la exal-tación a la figura de un hombre capaz de aventurar empresas aparentemente imposibles; un hombre que siempre puso el corazón por delante y que debería representar, para los queretanos de hoy, un ejemplo de audacia y determinación: don Nicolás González Jáuregui.

Ya ni sol ni arena en la Santa María Por Sergio A. Venegas.

A 61 años de su inauguración, la Plaza de Toros de “Santa María” Querétaro no puede realizar corridas -ni siquiera la tradicional de Navidad- y no por la generalizada prohibición que todavía no llega a esta entidad, en donde la fiesta brava es considerada patrimonio cultural, sino por temas de protección civil y seguridad del público.

En rigor no puede haber ningún tipo de espectáculos en el histórico coso que fundó Nicolás González Jáuregui y que abrió sus puertas el 22 de noviembre de 1963, convirtiéndose en una de las plazas de mayor prestigio de México con carteles en los que figuraron Jorge Gutiérrez, Joselito Huerta, Chucho Solórzano, David Silveti, José Tomás, Enrique Ponce, Antonio Lomelín, Eloy Cavazos, Mariano Ramos y, por supuesto, Manolo Martínez que hizo de ésta su casa cuando lo vetaron en la México, además de los mejores de los últimos años: El Payo, El Juli, Roca Rey,  los Adame y los Sanromán, entre otros, con las ganaderías más importantes.

A don Nico, como se le conocía, le heredaron su hijo y el nieto del mismo nombre, pero como suele suceder, algo se pierde en la tercera generación, tal vez por falta de vocación o por cuestiones económicas, pero la oferta taurina en la ciudad de Querétaro se ha ido perdiendo desde hace varios años.

Bueno, como se recordará, en años recientes estuvo a punto de venderse y demolerse la plaza, ícono de nuestra arquitectura, para construir un centro comercial, pero la firma interesada, HEB según se dijo, desistió de la operación, no sabemos si por desacuerdo en el precio o por la protesta social provocada en la sociedad queretana.

El caso es que, entre la falta de ingresos económicos y otros problemas, se descuidó el mantenimiento de la construcción y algunos peritajes recientes han limitado la autorización de espectáculos y por esta razón nuevamente no habrá la tradicional corrida de navidad este año, lo que muchos aficionados lamentamos, algunos por amor a la fiesta y otros porque era la ocasión propicia para darnos el abrazo y la felicitación.

Nos guardaremos los olés para otra ocasión, si es que la hay.


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