La falta de criterio de las autoridades de la plaza de Valencia desespera a los ganaderos.

Borja y Juan Pedro Domecq sufrieron la arbitraria criba en los corrales; Álvaro Martínez Conradi, con los seis aprobados para este 19 de marzo, no quiere polémicas: “Visto lo visto es un éxito”

Por Zabala de la Serna.

De los reconocimientos veterinarios de la plaza de toros de Valencia siempre ha colgado la etiqueta de conflictivos. Más que por duros, por falta de criterio. Y, por tanto, por ausencia de conocimento. Una plaza plaza de por sí no fácil por las tempranas fechas de Fallas. Ora tumban un toro extraordinario, ora pasan otros fuera de tipo y lugar. Ni siquiera más serios, sino peor hechos.

No es plaza fácil para los ganaderos, permanentemente en el foco de la sospecha sin saber a qué atenerse. La feria de 2025 los ha desquiciado pese a su sempiterna prucencia. Borja Domecq decía ni siquera estar disgustado, después de que le destrozaran, literalmente, la corrida: «No tiene sentido ni responde a un criterio objetivo lo que ha pasado. Se han quedado dentro varios de los mejores que había traído».

Domecq desembarcó ni más ni menos que 11 toros, 11 para que sólo pasarán cuatro el reconocimiento, y alguno de los que saltó -como el tercero- se antojaba ciertamente anovillado. Fue remendada por toros de El Parralejo. Cabe recordar que las opiniones de los veterinarios no son vinculantes, y que es la presidencia del festejo la que cumple la última palabra.

El último toro de la corrida de Juan Pedro Domecq, el sobrero, llamó la atención por contar con un lujo de hechuras, bajo, más colocado, con su perfil, con infinitamente más categoría que otros que aprobaron. En la crónica pedimos cadena perpetua para quien lo dejase como sobrero con la morralla que habíamos tragado. Encima fue bueno. “No nos dejaron meterlo, estaba rechazado”, decía uno de los apoderados.

¿Qué hacía como sobrero? “Gran pregunta”, decía Juan Pedro Domecq, contrariado por el juego de su corrida. “Los otros dos que se quedaron dentro eran una belleza y al final tuve que traer los grandullones, mucho más feos. La morfolgía es crítica para tener flexibilidad y embestir como hoy se exige”, declaraba al acabar la deslucida tarde a EL MUNDO. “Tristemente sólo le cae a uno toda la responsabilidad”, concluía.

Los toros de La Quinta también han sufrido algún vaivén, pero tienen aprobados ya seis para este 19 de marzo (Borja Jiménez y Román). “Visto lo visto es un éxito”, dice Álvaro Martínez Conradi. Lo llamativo es que han rechazado, además del número 32, un 40 que es un monumento a la belleza de toro bravo con la morfología propia de su encaste. “En el caso de que pase algo con alguno de los aprobados, lo podemos recuperar. Pero ahora mismo no queremos polémicas”, concluye Conradi resignado.

Habría que someter a veterinarios y autoridades a una proyección intensiva de documentales sobre el “toro de Valencia” desde los años 80 y, por tanto, a la constatación de su subida y evolución. Lo que pasa en los corrales de su plaza es muy ridíciculo. Esa falta de criterio, la debilidad por el toro feo.

Publicado en El Mundo


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