Bautizo de sangre.

En el ruedo hidrocálido dejó la impronta, el pasado domingo 23 de marzo, de un torero con valor y temple en sus muñecas.

Por Ángel González Abad.

En el ruedo hidrocálido dejó la impronta, el pasado domingo 23 de marzo, de un torero con valor y temple en sus muñecas. Caló fuerte en los aficionados al manejar con soltura y excelentes maneras el capote. Salió a buscar el triunfo con la muleta, y cuando mejor estaba llegó la cogida. Una cornada de dos trayectorias de 15 y 7 centímetros en el muslo izquierdo, pero se negó a ir a la enfermería hasta que no despachó a su enemigo. Y, aún más, con la primera cura hecha, salió a enfrentarse a su segundo novillo y a dejar un buen recuerdo de su presentación entre el público.

Tras unos días en un centro hospitalario mexicano tomó el alta para volver a España y recuperarse en su domicilio de Hospitalet al cuidado de los suyos. Y allí espera su próxima cita, el sábado, 5 de abril, en la plaza castellonense de Vinaroz. 

Por nada del mundo iba a perderse el joven torero el mano a mano con otro chaval que despunta como es Tomás González. Toda la ilusión por volver a enfundarse en el traje de luces y encarrilar una temporada clave, para él y para los aficionados catalanes en los que mantiene viva una pasión compartida.

Todo indica que su bautizo de sangre no va hacerle mella, al contrario.

Publicado en ABC


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