Opinión: Solo para Taurinos…y Antitaurinos.

Por Juan Carlos ValadezDe SOL y SOMBRA.

La Tauromaquia en México se encuentra en una encrucijada decisiva, en un tercio que se antoja definitivo y que tiene más que ver con los nuevos aires que se respiran en algunos congresos de las principales ciudades del país, que en el espíritu de protección animalista que desde hace unos años acecha a la tauromaquia en nuestro país.

Confío en que a estas alturas los interesados y afectados por estas prohibiciones ya sabrán que la prohibición de los toros que están promoviendo los antis, tienen muy poco que ver con la protección de los animales y mucho con la actual política animalista que buscan imponernos desde llamada Cuarta Transformación, en la que algunos políticos turbios se han querido anotar un bajonazo (una espada mal puesta que hiere al toro y no le mata) al intentar limitar o prohibir la tauromaquia.

En el caso de que se trate de una medida proteccionista, esta dejando muy mal a la inteligencia y coherencia de sus promotores. Pues al tiempo que se prohiben las corridas, no se dice nada de las peleas de gallos ni de la charreria, en donde por ejemplo a las reses les jalan de la cola, les azuzan, les hacen caer suelo en varios ocasiones y los pasean de localidad en localidad con el mismo objetivo… en fin, que a mi modo de ver torturan al animal mucho más que en una corridas de toros. Claro está también, que prohibir las peleas de gallos en los palenques, afectaría los intereses del crimen organizado, principal aliado y promotor del Partido Morena.

Después de muchos años de intentarlo, hemos llegado a la conclusión que es inútil argumentarles a estas organizaciones que el toro, que es apreciado por la afición como el que más, está hecho específicamente para la lidia y es que estos señores se empeñan en no escuchar, además de que la preservación del toro de lidia en realidad no les importa y por está razón se niegan a aceptar que el toro de lidia es un animal de diseño, como casi todos o todos los que se relacionan con el hombre, depurado y afilado durante generaciones para su lidia. Igual que lo es por ejemplo el perro teckel que fue originalmente criado para cazar, especialmente para perseguir presas en madrigueras, debido a su cuerpo alargado y patas cortas que le permiten entrar en estos espacios o el galgo que es delgado no por casualidad sino para ganarle a sus congéneres persiguiendo conejos. Por esta razón se le llama toro bravo o toro de lidia, y si alguien conserva alguna duda de su fiereza, que se meta –ojalá que con buenas piernas y calzado– en una ganadería donde pasten, viviendo una vida que ya quisieran los socios de cualquier club de golf, y cite a alguno con un trapo sin intentar moverse.

Tampoco quieren aceptar los seudoanimalistas que son muy pocos los animales en el mundo (criados por el hombre) que disfrutan de una mejor existencia que el toro de lidia, incluido el pobre perro de un vecino, que como otros muchos animales domésticos, languidece desde hace unos años en una pequeña zona de su casa, y al que sacan a pasear 10 minutos al día. O los “perrijos” de dueños neuróticos que les tratan como a hijos únicos y mimados.

A mí personalmente lo que más me llama la atención es que acusen de maltrato a los toros –que viven como Reyes toda su vida menos veinte minutos– quienes no dicen una sola palabra sobre las millones de gallinas y pollos que son sacrificados al día, ahí sí mediante tortura pura y dura, o las reses agrupadas en corrales gigantescos tan promiscuos que sus gases (metano) son –tengo entendido– una de las principales causas mundiales del efecto invernadero.

Pero estos señores no lo podrían saber, porque nunca han visitado un rastro, eso si sería una visita reveladora para los diputados y activistas antitaurinos. Ahí podrían ver que un animal sufre durante un buen rato, entre otras cosas porque, como en la matanza del cerdo, desde el primer momento sabe perfectamente qué van a hacer con él y al final hasta lo ve, y eso suele tardar más de veinte minutos. ¿Y las ocas enterradas con solo la cabeza por fuera para hinchar su hígado hasta que reviente en delicioso foie gras? ¿Y los cerdos en los camiones? Eso sin citar las almejas que nos comemos vivas con limón y salsas picantes o las langostas que metemos vivas en agua hirviendo. En fin, los ejemplos son numerosos y, si lo analizamos con calma, estoy convencido que entre la existencia de mi perro vecino, una vaca de Coahuila para consumo humano y un toro de lidia –que vive a sus anchas en grandes y bellos paisajes durante unos cuatro años a cambio de veinte minutos de una pelea, yo sé muy bien cuál elegiría.

Más allá del actual debate –bastante falso porque, al igual que en otras ocasiones del pasado, tan solo esconde motivaciones políticas– solo apuntaré un par de anécdotas más: la tauromaquia siempre ha estado en crisis. A comienzos del xx la fiesta en México vivía un época oscura hasta que llegó Rodolfo Gaona, un torero que por su heterodoxia, fundó en nuestro país la lidia moderna y se convirtió en un clásico en vida. Las plazas de toros se llenaban y la fiesta brava renacía en todo el país, pero como siempre los políticos en turno intentaron manipularla y condicionarla. 

El indio represor que logro ser Presidente, Benito Juárez García, prohibió las corridas de toros el 28 de noviembre de 1867. Don Carlos Cuesta (Roque Solares Tacubac) en la revista La Lidia del 22 de enero de 1943, expuso el siguiente comentario sobre esta prohibición: “Nuestro egregio Primer Magistrado dejaba en el olvido su hermoso apotegma: El respeto al derecho ajeno es la paz.

El indio “culto” era irrespetuoso con el derecho que tenía el pueblo aficionado –la multitud- a gozar de su diversión predilecta. Él, por la fruslería personal de no agradarle, ordenaba indirectamente la prohibición. No era ecuánime ni consecuente con él mismo, ya que durante la guerra contra la intervención y el Imperio no había rehusado aprovechar la fiesta taurina para recaudar dinero que fue usado con construir hospitales provisionales- de campaña y en las ciudades. Juárez duró en el cargo de presidente catorce años. Venustiano Carranza incluso la prohibió en 1916. 

Dicen los historiadores que una vez que llego al poder Carranza, lo primero que hizo fue organizar la Convención de Aguascalientes, lo segundo, cerrar la plaza de toros “El Toreo” que en aquellas fechas funcionaba en la capital -en las calles de Durango, Valladolid, Colima y Salamanca- donde hoy se ubica el “Palacio de Hierro” en la colonia Roma (frente a donde estaba ubicado el burdel de la famosa Graciela Olmos, “La Bandida”, para más señas).

Carranza prohibiría de igual manera las corridas en el resto del país, con poco exito ya que los festejos en provincia se realizaban de manera clandestina o con la autoridad de algunas autoridades inconformes con Carranza. Entre las anécdotas de ese periodo de prohibición se cuenta que una turba de aficionados se manifestaba todos los domingos en la casa de Carranza, ubicada de la esquina de Río Lerma con Río Sena de la capital mexicana -hoy su museo-, pero el Varón de Cuatro Ciénagas no se inmutaba. Prueba de ello es que mantuvo el veto todo el tiempo que estuvo en el poder: tres años como Primer Jefe y dos como Presidente Constitucional.

En 1920, debido a la Revolución de Agua Prieta -encabezada por Obregón y Calles– abandonó la capital con la intención de irse a Veracruz y gobernar desde allá, como lo había hecho durante la guerra con Villa. En el trayecto lo asesinaron. El sucesor de Carranza en el poder, el General Adolfo de la Huerta, inmediatamente levantó el embargo taurino.

En resumen, si las corridas de toros se acabarán, el toro de lidia desaparecería. Así de sencillo. Más aún, ni siquiera hace falta que las corridas sean prohibidas, basta con que las conviertan en incruentas para que dejen de ser rentables. El toro de lidia es un animal muy caro –un toro de lidia cuesta miles de pesos, y requiere grandes extensiones de terreno–, pero solo es rentable si se cría para su lidia en las plazas. De otro modo desaparecería y ni siquiera tendría la oportunidad de convertirse en carne de matadero para bifes y chateaubriands. Por eso me parece una paradoja que los defensores de animales para proteger a una especie, pretendan hacer que desaparezca al intentar censurar las corridas de toros.

Son tiempos difíciles para la tauromaquia, porque estamos viviendo una nueva época de censura desde el poder en los medios y especialmente en las redes, algo que es muy propio de las civilizaciones en declive como la nuestra. Pero estoy seguro que el tiro les va a salir por la culata a los prohibicionistas, porque se va a repetir el mismo fenómeno que pasó con Juarez y Carranza, entre más prohibiciones e imposiciones le impongan a la sociedad, más se rebelara la parte sana que de verdad quiere ser libre y respetuosa con los demás y ojo señores de la “Cuarta Deformación”, los taurinos también votan.

Por eso creo que el tiempo de paz ya pasó para las corridas de toros, hoy lo que se necesita es confrontación y demostrar con hechos de que está hecha realmente la tauromaquia, porque de otra manera será imposible llegar a un acuerdo con los prohibicionistas. Y es que será muy difícil convencerlos que la Fiesta es, como dice Joaquín Sabina, “una metáfora de la vida y de la muerte y si no les gusta, que no vayan, pero que dejen de tocarnos los …”.


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One response to “Opinión: Solo para Taurinos…y Antitaurinos.”

  1. Avatar de Luis Alberto Fernández
    Luis Alberto Fernández

    Inefables políticos IGNORANTES, políticos de cristal, atentan contra la existencia de una especie única y formidable como lo es el TORO DE LIDIA,y qué les dirán todos aquellos que viven de esta actividad? El gobierno lejos de generar empleos los acaba….. y se verán cosas peores. POBRE MÉXICO.

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