El toro, según las manos.

Por Zabala de la Serna.

Saltó el pasado Domingo de Resurrección (Sevilla) un quinto toro de la pobre corrida de Núñez del Cuvillo -Billetero- que ha generado una diversidad de opiniones llamativa en las críticas. Yo lo califiqué como un toro notable, pero ante la disparidad de criterios, sobre todo de algunas voces que suelen leer muy bien la bravura, he llegado a dudar. ¿Quizá no fue tan así?

Carezco de la infalibilidad del Papa, es posible el error, los matices, otra versión. Donde no cabe el titubeo es en el trato que sufrió de un Alejandro Talavante destemplado, rapídisimo. Desde el prólogo nada conveniente al desacertado desarrollo: el amontonamiento, el escaso asiento, la ligazón embarullada, la curva sobre la línea, la velocidad trallera, la muleta volandera… Gastada, o mal gastada, la zona noble de Billetero, se acabó la fiesta. Los toros también se desengañan y descomponen. Talavante, figura del toreo, estaba obligado a muchísimo más.

Pienso en esos toreros que corrigen defectos de los toros y potencian sus virtudes sobre ellos. En Perera sin ir más lejos. En el mismo Luque. El toro es, o no es, según las manos. Y así lo ves.


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