Morante saca los dientes por el papado del toreo y rinde a la Maestranza.

Dicta una lección magistral de exposición, capacidad y arte ante sus dos grandes discípulos, corta dos orejas y rinde a una Maestranza que debió llevárselo a hombros.

Por Jesús Bayort.

Se habían citado los hooligans italianos y béticos para darse arrumacos en la Alameda de Hércules, antiguo bulevar y fragua de toreros, como se habían citado los partidarios de Pablo Aguado y Juan Ortega en la Maestranza para lo que esperaban fuera el cónclave que resolviera el papado del toreo. Con los cuchillos afilados llegaban los de la famosa ‘Orteganeta’, ese grupo oscuro y siniestro de partidarios, amigos y entorno de Juan Ortega desde el que se monitorizan campañas contra toreros, empresarios y periodistas, precipitados en su exceso de optimismo. Una especie de kremlin al servicio de un torero. Mientras que los primeros tienen en un altar a Morante –porque la categoría de Aguado de opone a las malas artes–, los segundos parecen desear la caída del genio y maestro, ciertamente ‘Papa del Toreo’. De ahí el gran fracaso de esta tarde, una vez que Morante sacó los dientes y desató la locura en la Maestranza. Sus dos lances y una media al primero o aquellos naturales sin prácticamente cites se habían borrado ya del recuerdo cuando en el ecuador de la tarde se encontró con Bodeguero y le abrió el baúl de la tauromaquia más ortodoxa para recuperar un sublime recibo a una mano o recrearse en la suerte de matar como rúbrica de su recuperación total. 

Fue este mismo Morante de la Puebla, guía espiritual o referente moral del toreo, el que iluminó el camino: «Ojalá Canal Sur encuentre la manera de participar en la Feria de Sevilla para que esa gente que no puede ir a los toros, la vea. Es importante que las corridas vuelvan a las televisiones públicas», contó el genio en aquella trascendental entrevista que nos regaló a todos los que formamos parte de ABC (lectores y redacción). Y atendieron su propuesta el empresario, los políticos y los gestores de Canal Sur, no para concederle ese gusto, sino para garantizar la máxima de sus encargos: la labor de servicio público. La corrida del año en la Maestranza, «gratis y en exclusiva», como dijeron. Morante de la Puebla, o cómo anteponer los intereses colectivos a los propios. El mismo hombre que se achicharra la cabeza para regresar a los ruedos se reduce sus honorarios con tal de devolver los toros a los hogares. Y a las seis y diez de la tarde ya entraba la señal de la Maestranza en las casas de los andaluces. De Juan y Medio al equipo de Toros Para Todos. El prime time andaluz. En el palquillo 51 de la Plaza de Toros de Sevilla se habían colocado Enrique Romero y Ruiz, que pedían conección con el hall del Colón, el emblemático hotel de los toreros. El primer cartel de ‘No hay billetes’ se había colgado en la calle Canalejas para ver salir a Ortega, Aguado y Morante. Por ese orden.

A las nueve menos siete minutos de la noche, la Maestranza, como después diría Morante, «era un manicomio». Si en Resurrección la había percibido «fría», el 1 de mayo, día del trabajador y del papado del toreo, la vio «al borde de la locura». Fue tras un recibo de ensueño con lances a una mano. Fue en aquel encuentro en Portugal cuando el maestro reconoció a este plumilla, en una conversación sobre los banderilleros antiguos, que «creo que es imposible dar más de dos lances seguidos a una mano de recibo». Le dio seis, siete con el recorte y ocho con el remate por alto. Hace dos meses lo veía «imposible»… Se pasaba su capotillo de izquierda a derecha como si fuera aquel niño que jugaba con el carretón que portaba su primo. Remató por alto, y la Maestranza cayó abajo. Volcada ante esta lección magistral de toreo. Por las hombreras se fue pasado a Bodeguero entre ayudados por alto. Sin expulsar las embestidas, quedándose en el sitio. Tenía un aire este Bodeguero a Ligerito, un punto más hondo con sus cinco años ya cumplidos. De un tironcito se lo fue llevando más allá de la boca de riego, camino del patio de cuadrilla, para allí consentirle mil y una coladas. Sin clase, se le venía siempre por dentro. Y tragaba Morante, esperanzado, con su verde esperanza y oro, en soplarle esa última serie en redondo. Las telas en la cara en una continuación de pases rotundos, entregado el torero y volcada la plaza. 

Merece un párrafo aparte su estocada. Perdón, su manera de cuadrarse y de sacarle la espada por debajo. Se recreaba muy despacito hasta que por la punta de la espada vio el hoyo de las agujas y se fue detrás para terminar encontrándose con el pitón en su pechera. La espada había entrado, Morante estaba vivo y la Maestranza al borde de un infarto. Dos orejas suficientes como para sacarlo a hombros por la Puerta del Príncipe. Qué bonito es el toreo y qué bueno es Morante de la Puebla, el Papa del Toreo. Dio la vuelta al ruedo más larga de la historia, entregada la plaza y exhausto él. «¡José Antonio, Morante de la Puebla!», coreaban quienes habían sacado una pancarta en su honor: «Habemus Papam del Toreo». Después llegó al callejón y, ahora sí, sus nervios cambiaron el cigarrillo por un larguísimo habano. Disfrútelo, maestro. 

Le había soplados dos y una media a Treinta y Dos, el primero de la tarde, con el capote sin recoger colgando de las yemas de sus dedos. Muy cerquita se lo pasó, como los ayudados por alto al cuarto, de hombrera a hombrera. Le abanicaba la cara a este primero como tratando de oxigenarlo para despertar ese final que nunca llegó. Se los pasa por donde nadie puede y otros presumen. Lo de Morante no es tanto arte como valor, por eso llega donde llega. 

PREFERIA DE ABRIL

  • Plaza de Toros de Sevilla. Jueves 1 de mayo de 2025. Sexta del abono. Se colgó el cartel de ‘No hay billetes’. Dos horas y treinta y cinco minutos de festejo. Presidió Fernando Fernández-Figueroa. Se lidiaron toros de Domingo Hernández. 1º, noble aunque justo de fondo; 2º, con empuje y sin ritmo; 3º, manso; 4º, bravo y exigente; 5º, de buen estilo y poco fondo; 6º,
  • Morante de la Puebla, de verde botella y oro. Aviso entre pinchazo, pinchazo hondo y dos descabellos (ovación); estocada (dos orejas).
  • Juan Ortega, de turquesa y plata. Estocada (ovación); estocada (ovación).
  • Pablo Aguado, de catafalco y oro. Tres pinchazos y estocada casi entera (ovación); estocada y estocada tendida (ovación).

Publicado en ABC


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