Paco Aguado – EFE: El diestro mexicano Isaac Fonseca, que cortó una oreja, y el toro “Brigadier”, un ejemplar de 667 kilos lidiado en sexto lugar y al que se premió con la vuelta al ruedo en el arrastre, redimieron hoy en Madrid un largo y espeso espectáculo de casi cuatro toneladas de mansedumbre, entre la lluvia y el viento de una tarde tormentosa. Cuando salió ese torancón colorado pasaban más de dos horas desde que se hizo el paseíllo y el tendido se había desalojado ya de la mayoría de un público aterido de frío, empapado por la lluvia y aburrido por el tedio provocado por las lidias de los toros anteriores, cinco enormes “contenedores”, con una media de más de 620 kilos de peso, pero con poca carga de verdadera bravura.
Por tanto, ver arrancarse en varas ese descomunal sexto de Pedraza desde los medios, donde lo quiso lucir Fonseca, fue lo que los aficionados toristas, y los no tanto, parecían estar esperando para tener algo que llevarse en la memoria en un festejo tan desapacible en todo Después de tres entradas al caballo, al que chocó y empujó con fuerza ” Brigadier”, fue la misma cuadrilla del mexicano quien se encargó de mantener la euforia en un forzosamente lucido tercio de banderillas, antes de que su menudo matador tomara la muleta para intentar lucirse con el toraco que, también por suerte y por excepción, sacó nobleza y descolgó sus embestidas.
Isaac Fonseca le abrió decidido el trasteo, citándolo de largo y con las dos rodillas en tierra, para ligarle así cinco o seis intensos muletazos a los que el “pavo” respondió con buen son, igual que en el resto de tandas con la mano derecha que le fue instrumentando pero en las que, muy sangrado en varas, el colorado fue perdiendo gas paulatinamente.
Aun así, y a pesar de que no hubo acople por el pitón izquierdo, el trasteo mantuvo en alto el ánimo del tendido, al que Fonseca todavía alegró más con un vistoso final de ayudados, cambios de mano y pases de pecho ya con el toro en las mismas tablas, donde acabó de refugiarse tras un pinchazo previo y donde el mexicano aún acertó, con decisión, a meterle la espada en un segundo intento. La oreja para Fonseca, justificada, y la vuelta al ruedo para el toro, algo exagerada, se pidieron casi a la vez, en lo que fue el final feliz de una tarde espesa en el ruedo y dura de presenciar desde el tendido, entre el frío y la lluvia de una negra tormenta primaveral que se desató justo después de que Román se marcara una vuelta al ruedo por su cuenta tras lidiar al primero.
Rosario Pérez – ABC: En el último le aguardaba el gran toro del sexteto. Lo lució el michoacano con generosidad y regaló una fenomenal apertura: de rodillas, con cinco derechazos y el de pecho. Una locura, con la lluvia ya olvidada. Aquel frío helador se calentó con el notable colorado, herrado con el número 2, al que exigió por abajo desde primera hora. Buscó el mando a derechas, con las telas empapadas de agua y barro. Y otra más, muy atalonado. Era el diestro el pitón, pues por el zurdo se le venció algo y, pese a obedecer luego, salía con la cara más alta. Se sintió Fonseca en todo momento, que perseguía el sueño de Cavazos en la primavera del 72. Los ayudados rodilla en tierra fueron la coda, con un pase del desdén en el que su mirada viajó hasta su México natal, con esa rabia por las traicioneras prohibiciones taurinas al otro lado del charco. El de Morelia agarró la espada desafiante y ni el pinchazo frenó la oreja. Como tampoco se frenó, cerca de las diez de la noche, la vuelta al ruedo en el arrastre al espectacular Brigadier –algo acobardado al final–, que tuvo enfrente a un soldado que se creció.
Antonio Lorca – El País: El sexto toro fue tan anodino como los demás en el primer puyazo, se dejó sin más en el segundo y acudió de largo en el tercero, de menos a más, lo que demostró que era un toro bravo; galopó en banderillas y permitió el lucimiento de Raúl Ruiz con el capote, y Juan Carlos Rey y Jesús Robledo Tito con los garapullos. Pero en la muleta fue un toro noblote, sin fortaleza ni codicia, que permitió que su matador, Isaac Fonseca, se empleara a fondo, se quitara de encima el mal sabor de boca que había dejado en su primero, y trazara varias tandas de muletazos con la mano derecha presididos por la entrega y la ligazón. Había comenzado de rodillas con cinco largos derechazos y uno de pecho, y acabó con ayudados por bajo y una garbosa trincherilla antes de pinchar atropelladamente y recibir un fuerte golpe en la frente. La estocada siguiente, en un alarde de meritorio pundonor, fue motivo para que paseara una oreja de su oponente. No había motivo más que para una fuerte ovación al toro en el arrastre, pero las circunstancias han cambiado y se le dio la vuelta.
Zabala de la Serna – El Mundo: A últimísima hora de la tormentosa tarde, ya fría noche, como punto final al brutalismo de la corrida de Pedraza, la afición de Madrid vivió con entusiasmo descobocado la lidia de un gigante de 667 kilos -Brigadier-, su exhibición de bravura en el caballo y el milagro contra las leyes de la física y la lógica de su buen estilo en la muleta del diminuto Isaac Fonseca. Como a la lógica le pasa como a la gravedad, que cae por su propio peso, Brigadier no duró hasta el final, fue toro de una sola mano y se afligió en la hora definitiva, buscando refugio en las tablas. Al hilo de ellas lo despenó Fonseca, que vio recompensada su generosidad y su entrega con una oreja un minuto antes de que la primera plaza del mundo enloqueciese y concediese una ridícula vuelta al ruedo cargada de demagogia. ¡Con la de toros mucho más completos que se han arrastrado en este ruedo sin premio!
Alejandro Martín – El Adelantado: Había que esperar al final. El último ejemplar del festejo, un toro colorado, largo y profundo, dio un peso de 667 kilos en la báscula. ‘Brigadier’ de nombre. Fonseca se mostró generoso y le dio distancia en el tercio de varas, donde el picador Borja Lorente dejó un lucido puyazo, que fue jaleado por el público. El astado fue desarrollando virtudes, a medida que la cuadrilla del mexicano, compuesta por Juan Carlos Rey, Jesús Robledo ‘Tito’ y Raúl Ruiz ‘Cachorro’, fue cuidando la lidia y enseñando su comportamiento. Fonseca se percató y tiró de entrega con un explosivo inicio de rodillas y exigiendo después por bajo con muletazos hondos. Abrió el compás para vaciar las humilladas embestidas del animal. La emoción de un gran toro, con un dispuesto torero y un valor seco -no atropellado como en otras ocasiones-, que si bien faltó un punto para que fuera una actuación completamente redonda si fue una faena de mucha importancia, que finalizó tirándose con todo en la suerte suprema. Pese a pinchar y quedar dolorido, volvió a la cara del animal con franqueza y enterró el acero con precisión para cortar una oreja. Reconocimiento para la labor del mexicano, al igual que para el toro al que se dio la vuelta al ruedo.
José Miguel Arruego – Cultoro: La lidia de “Brigadier” forma parte desde ya de la mejor historia de este San Isidro. Bravo y enclasado el de Pedraza, que protagonizó un tercio de varas memorable y propició una emotiva faena de Fonseca, que le cortó una oreja. Dieron una vuelta al ruedo un Román que anduvo resuelto con el primero y el venezolano Colombo, que volvió a ser infalible acero en mano.
Grande y voluminoso el sexto, pero proporcionado. Humillado el toro de salida, empujó en el caballo de bravo hasta en tres ocasiones, las dos últimas arrancándose desde una distancia considerable. Gran brega de Raúl Ruiz y sensacionales pares de Juan Carlos Rey y Tito. Los tres saludaron antes de que Fonseca llevara a cabo una faena muy emotiva, iniciada de rodillas, con el toro planeando, para proseguir ya de pie con la mano derecha en series con la mano muy baja, tirando del toro con largura y limpieza. Por el pitón zurdo la faena tuvo menos hilazón, porque el torero no le cogió igual la distancia y el toro, que se había empleado de bravo, se iba agotando. Aún lo cerró por bajo con majeza, pinchó en una ocasión antes de recetar una buena estocada y pasear una oreja de un animal extraordinario, que fue arrastrado en vuelta al ruedo.
Ángel González Abad – ABC: Final pleno de emoción con el gran toro Brigadier, casi setecientos kilos de bravura, nobleza y buena casta, y un joven Isaac Fonseca entregado, sin guardarse nada dentro y al que un pinchazo le ha birlado la Puerta Grande de Las Ventas. Un cierre torerísimo, trincherilla mirando al tendido, pase del desprecio, y todo a favor cuando coge la espada. Se tira con fe, pero pincha saliendo conmocionado. Cuesta cuadrarlo y cobra una estocada desprendida, y dobla el de Pedraza. Se piden los trofeos y el presidente concede una oreja, con el premio de la vuelta al ruedo para el toro. Cuánto lamentará el joven Fonseca no haber matado a Brigadier a la primera.
Patricia Navarro – La Razón: La recompensa vino en el sexto. Fue de lejos al caballo y brillante estuvo la cuadrilla de Fonseca después. Con los palos Tito y Juan Carlos Rey y con la brega Raúl Ruiz. Un toro con ese volumen en Madrid es una prueba de fuego y con esa forma de embestir, también, porque el toro era bravo y acudía al engaño con importancia. Hay que aguantar el envite. Fonseca abanderó su faena con una identidad clara: la verdad y el aplomo. Por eso dio igual cuando el toro se le metió por dentro, estaba tan seguro que no rectificó. Era su momento, su aquí y su ahora. Eso emociona, como también lo hizo «Brigadier». El toro respondió y duró, con nobleza, un tranco muy bueno y la felicidad de haberlo visto en el caballo. Para la tarde que llevábamos… Ver embestir así a un toro de casi 700 kilos era un milagro. Se le premió con la vuelta al ruedo. Fonseca se tiró a matar, pinchó y se dio un golpe en la cara que le dejó inerte en la arena. A la segunda no falló. Nos arreglaron la tarde.
Diego Cervera – La Tierra del Toro: El sexto y último «Brigadier» no tuvo mal aire en el saludo capotero de Isaac Fonseca, aunque este no se luciese a la verónica. Este de Pedraza de Yeltes no tuvo mal estilo peleando en el caballo. Eso sí, la generosidad del torero mexicano al lucir al toro y el buen hacer del varilarguero Borja Lorente, hicieron que la plaza se ponga en pie y el respetable le tributase una ovación sonora al picador. La cuadrilla al completo de Isaac Fonseca, saludó tras el tercio de banderillas. Con todo a favor tras el lucimiento del toro, picador y cuadrilla, el torero no tenía otra elección que estar muy a la altura de las circunstancias para no ponerse al público en contra y por ende comenzó la faena toreando en redondo de rodillas para desde el inicio meterse al público en el bolsillo. ¡Y vaya que si lo consiguió! En el toreo fundamental, «Brigadier» quiso coger siempre la tela por debajo y eso elevó lo realizado por el torero, que lo que hizo fue darle naturales y muletazos con mano baja, creyéndose mucho lo que estaba haciendo. El pitón más potable del toro fue el derecho, el cual exprimió el torero como si no hubiese un mañana. Cerró la faena metiéndose en los terrenos del toro donde queman las zapatillas, y al de Pedraza no le quedó otro remedio que seguir embistiendo. Pinchazo y estocada. Oreja para el mexicano y vuelta para el pedraza.
Gonzalo I. Bienvenida – Aplausos: Cerró la tarde un mastodóntico toro de 670 kg que resultó el más bravo del conjunto. Brigadier de nombre. Propició un espectáculo completo: Bravo en las tres varas recibidas -arrancándose de largo y empujando con los riñones de verdad-. En banderillas se arrancó con franqueza en los pares cuajados por Juan Carlos Rey y Tito, que compartieron el saludo montera en mano con Raúl Ruiz, que destacó en una lidia muy emotiva. Isaac Fonseca tenía un papelón con toda la plaza posicionada de parte del toro. Se echó de rodillas con arrojo. El toro descolgó por el pitón derecho embistiendo com vibración en torno a él. Fue un toro con bravura y clase embistiendo por bajo. Por el izquierdo resultó más complicado, sin terminar de salirse de la muleta. El final fue inteligente hacia los adentros donde terminó refugiándose el toro. Faena muy emotiva. Pinchazo del que salió trastabillado y estocada. Oreja y vuelta al ruedo con Brigadier.
Andrés Amorós – El Debate: Nada menos que 667 kilos pesa el último toro pero humilla en el capote y acude con alegría al caballo que monta Borja Lorente, muy aplaudido; la tercera vez, desde el centro del ruedo. Hemos disfrutado con el hermoso espectáculo de un gran tercio de varas. Se luce con los palos Juan Carlos Rey, que clava en todo lo alto, muy reunido (antes se decía: en una perra gorda). Brinda al público Fonseca y se hinca de rodillas, en el centro del ruedo: liga cinco buenos derechazos a un toro que embiste con clase. Ya de pie, el toro humilla mucho y los mandones muletazos levantan un clamor. Todo lo que le hace a este torazo, con mucha entrega, tiene gran emoción. El público está entregado cuando Fonseca concluye con trincherillas, el pase del desprecio y el de pecho. Se tira a matar de verdad pero se tropieza, sufre un corte en la frente. El toro se ha afligido a tablas, donde Isaac se vuelca y logra la estocada: justa oreja y justa vuelta al ruedo al gran toro. Muchas tardes, con toros semejantes, he escuchado yo a los taurinos: ¿cómo puede embestir un toro con tantos kilos? Ya se ha visto esta tarde, una vez más. (Recuerdo otro caso semejante, el de un toro de Fuente Ymbro, en Pamplona). Este toro enorme de Pedraza de Yeltes, con 667 kilos, ha embestido con gran nobleza y calidad. Exigir los toros «bonitos» suele ser un camelo, para disimular el intento de dar facilidades a los toreros. Lo repito siempre, con el ejemplo de un automóvil: lo que importa es el motor, muchísimo más que la carrocería. Pesen lo que pesen, los toros han de tener bravura, casta y fuerza.
La gente sale feliz de la Plaza, olvidada ya de la lluvia y del frío, de los avisos y de la excesiva duración del espectáculo. Hemos visto, al final, un gran toro y a un torero valiente: ésa es la emocionantísima verdad de la Fiesta.
Jaime Roch – AMP: Y el sexto, de nombre ‘Brigadier’, fue una locomotora de bravura de Pedraza de Yeltes y recibió el premio póstumo de la vuelta al ruedo en Madrid para desmentir el tópico del peso: una locomotora de 667 quilos que impactó a los 17.782 espectadores de la plaza y que tuvo mucho que torear, pidiendo conocimiento de los terrenos, de la lidia integral, exigiendo manejo de los tiempos y las distancias. Y se iba detrás detrás de la muleta con mucha clase, con tanta guapeza metía la cara que enamoraba… con una clase y con un ritmo que no admitía ninguna duda, sobre todo, en la primera parte de la faena. La propia dinámica del toreo exige que los espadas corten orejas para seguir toreando o disfrutar de la confianza de sus mentores; pero la tauromaquia es algo más que eso. Exige unos conocimientos para lidiar a las reses y, luego torearlas.
En ese sentido, destacó el mexicano Isaac Fonseca y se mostró el más torero de la terna en sus dos faenas, pero especialmente en su segunda, en la que paseó una oreja merecida pese al pinchazo previo. Lo intentó todo, fuera o no provechoso, y por ganas no quedó la cosa. También hay que decir que en toda la faena puso de manifiesto su dominio y se le vio en una versión mucho más reposada y con la voluntad de hacer el toreo, siendo siempre generoso con el toro, aunque no acabara de cuajarlo del todo.




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