Paco Ureña no se centra con el ejemplar más destacado de Fraile de Valdefresno, que lidia una corrida mansa en las antípodas de la triunfal de agosto; confirma Chicharro con amplio margen de mejora.
Por Zabala de la Serna.
Aquello de los bueyes del Santo, en el día de San Isidro, solía ser crónica costumbrista habitual en este día grande de Madrid ante mansadas inopinadas. Típica de Antonio Díaz-Cañabate con sus rosquillas del santo -las tontas y las listas- y su Pradera. Valdría para esta corrida de José Enrique Fraile de Valdefresno que se situó en las antípodas de la del pasado mes de agosto en esta misma plaza por la festividad de La Paloma. Pero hubo un toro bueno para haber, al menos, camuflado el fiasco con un triunfo que en manos de Paco Ureña no surgió.
Confirmaba Alejandro Chicharro con Pandereto, uno de los dos cinqueños del envío de José Enrique Fraile Mazas de Valdefresno, un tío con 616 kilos. Con los de este jueves, en apenas seis días, ya son 12 los toros por encima de los 600 kilos. Y unos cuantos en la horquilla de los 575 y 595 kilos como si fuera lo “normal”. Normalizar lo extraordinario tiene riesgos. Van a hacer parecer chico todo lo que venga por detrás. Sucedió esta tarde con algunos toros menores (sic) al lado de otros de formidable cuajo.
Este Pandereto chato, no alto pero hondo, abierto de cara, una seriedad astracanada en su morrillo y badanudo, barbeó tablas de salida buscando el salto, huyó de caballo a caballo, todo fugas y escasa fijeza. Demasiados capotazos gratuitos del propio Chicharro. [Abro paréntesis: es increíble que un matador como Paco Ureña, con 20 años de alternativa, se dirija a la presidencia para pedir permiso para celebrar la ceremonia]. Fue toro sorpresa por sus opciones tapadas bajo el movimiento descompuesto o protestón, más armonizado por el izquierdo. Allí en los medios -para alejarlo de las querencias supongo- acusaba mucho ese cabezazo. El Rosco le recetó un consejo no malo con su voz de trueno, que lo cambiase de terrenos, más hacia el “6” ó el “7”. Para cuando lo siguió, se hizo tarde. “Donde camele el toro”, decía Pepe Teruel.
Apuntó sus cosas el imponente último de Fraile de Valdefresno. Un cuajo soberbio pero con ciertas líneas. Se gastó mucho en el caballo y no le sobraba. Su nobleza careció de empuje y continuidad, bravura a la postre. Que no estilo. Nada tomó vuelo con un firme y bastote Chicharro sin encontrarse con el don del temple. Ya se levantaba el viento, la tormenta, la noche. Algunos mimbres, escasos, sí, en su lote para trenzar un triunfo, pero no fue el de persianas absolutamente bajadas de David Galván… Amplio margen de mejora para un tipo recién alternativado en Fallas en cartel de lujo por raras componendas.
Pomposico apareció en el ruedo de Las Ventas y, acostumbrado el ojo tanto volumen, parecía toro menor. Tan hechurado y exacto. Un lujo. Y también por dentro. Esa bravura tamizada de categoría que no hace ruido y que, sin embargo, es extraordinaria para el toreo. Superó un volatín al salir del caballo más quebrantador que la vara, y se vino arriba con calidades presentidas. Paco Ureña lo brindó al público. La apertura de faena por bajo enseñó, al soltar la izquierda, lo que era el toro y, sobre todo, lo que podía ser: de lío. Y no fue. A pesar de los momentos más elevados.
Pomposico embistió por las dos manos, templado, quizá falto de un punto de celo más. Cada muletazo del murciano es una incógnita para el toro; cada serie, un universo nuevo. El desmayo de los naturales alcanzó a la gente. Como el cierre hacia tablas. Siete tandas en total para haber volteado Madrid. Agarró media estocada arriba. Muerte de bravo. No cuajó la petición. Y Paco Ureña saludó, contrariado, una ovación. Ya no hubo ocasión de remontar su San Isidro con el burraco cuarto, rajadote y deslucido. Ha contado con un buen cartucho por tarde -un fuenteymbro notable el primer día- y se le ha sentido queriendo, pero no se sabe qué. Como pollo sin cabeza.
David Galván sorteó un lote negado de bravura, preñado de mansedumbres. Uno muy feo además de bruto y complejo; otro más hechurado pero directamente rajado y huido. Este último con nombre histórico en el árbol genealógico de los atanasios: Cigarrero. No hubo causa ni caso más allá de su digno paso por esta tarde de San Isidro, la de los bueyes del Santo.
FRAILE DE VALDEFRESNO – Paco Ureña, David Galván y A. Chicharro
MONUMENTAL DE LAS VENTAS. Jueves, 15 de mayo de 2025. Sexta de feria. 21.000 espectadores. Toros de José Enrique Fraile de Valdefresno, dos cinqueños (1º y 3º); muy serios y voluminosos, direntes hechuras y remates en algunos; mansos; destacó el buen 2º; ciertas opciones en 1º y 6º; deslucidos 4º, 3º y 5º.
PACO UREÑA, DE CARMESÍ Y ORO. Media estocada. Aviso (petición y saludos); dos pinchazos y estocada baja (silencio).
DAVID GALVÁN, DE ZAFATA Y ORO. Pinchazo hondo y descabello (silencio); pinchazo y estocada (silencio).
ALEJANDRO CHICHARRO, DE CAÑA Y ORO. Pinchazo, pinchazo hondo y descabello. Aviso (silencio); estocada (silencio).
Publicado en El Mundo





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