Pincha otro toro extraordinario del ganadero de Guadalix en esta feria y pierde la Puerta Grande tras lograr el cenit al natural; De Justo corta una oreja; Roca Rey se lleva el peor lote de una buena corrida.
Por Zabala de la Serna.
La vida es así, Andrés. Convulsionas Madrid de expectación, atas la corrida de Victoriano del Río casi por contrato, la numeras con la fuerza del mandón, insorteable, y cuando suena la hora de la verdad no salta ninguno de los toros en tu bolita: los buenos van al lote de Emilio de Justo y el extraordinario, al de Tomás Rufo. Que lo tuvo en su mano, en su izquierda. A Alabardero, la plaza y la gloria. La espada se cruzó en el camino de la Puerta Grande porque le hubieran pedido, sin duda, las dos orejas con mucha fuerza. Alabardero suma su nombre con una calidad suprema a los de Frenoso y Misterio. Conviene decirlo ya: la ganadería de VR se ha salido ya del mapa antes de alcanzar el ecuador de San Isidro. Inalcanzable.
Rufo cuajó series de de naturales de una frondosidad incalculable, puede que hasta de cinco o seis, y uno, exactamente uno, de una duración infinita. Un delirio de curvas de TR, un entusiasmo desbocado. Con la muleta yerta, los vuelos de fuera, vertical la figura, una nueva versión. La mano derecha había sido otra cosa, primero para afianzar al toro de inicios trémulos y después para jugarla sin solución de continuidad. Que eso tuvo la faena, más de rueca que de ligazón. Abriéndose siempre mucho el toro. Antes de pinchar, el talaverano quiso despedirse por la diestra en una tanda errónea. Esas dos series de naturales como cénit sostenían el eco de la faena que hubiera acabado por la calle de Alcalá y desembocó en una vuelta ruedo.

Rufo en su primera obra se apuntó a uno de esos inicios -de rodillas mortal y exigente de pie- que se suman al listado de los principios poco convenientes para un toro de escasa raza. Desde ahí, entre la embestida que se afligía y el torero que atacaba, no hubo mucha entente. Hasta que se rajó.
La corrida, que bien podría decirse de Roca Rey, vino cinqueña entera, de irreprochable trapío. Tanto es así, que pasó de una tacada el filtro veterinario. No ya los seis, sino los ocho que bajaron del camión. Los ocho reseñados de modo innegociable por el astro peruano, sin posibilidad de sortear el envío de Guadalix con la otra corrida. Que fue la de apertura de la feria para Alejandro Talavante y Juan Ortega. Se quedaron con lo que no quería la máxima (y autoritaria) figura; tampoco les fue mal. Eso es mandar, dirán. Y lo que son las cosas…
Tanta preparación y no contaban tampoco con el factor invencible de la baraka de Emilio de Justo. Da igual cuando leas esto: el lote de la corrida fue para EdJ. Fue el cuarto un toro de trapío imponente, más alto, más basto, un toro notable, otro más de don Victoriano en este San Isidro 2025. Bocinero se prestó con tanta calidad que obró el milagro de insuflar confianza a De Justo, dotarle de una cierta templanza. Comenzó con unos doblones poderosísimos que, también por abundantes, hicieron temer por la duración del fondo del bravo. Lo que tuvo a favor el veterano extremeño después fue la administración precisamente de ese fondo. Series cortas, muy a la voz, siempre con el último derechazo más ralentizado antes de cerrar al alza con los extraordinarios pases de pecho. Pero cuando de verdad Emilio de Justo asentó más la faena y la reposó fue en su izquierda. La faena creció al natural, a veces enfrontilado, otras sin el estoque simulada… La gran estocada unificó todo hasta la oreja.
Abrió el envío un toro de armada cabeza, cabezón de hecho respecto a un cuerpo hechurado, escurrido de culata. Definido pronto en su fijeza y humillación, se estiró en el capote de Emilio de Justo. A las 19.14 EdJ había replicado a las chicuelinas de Roca Rey por el mismo palo pero más logrado, especialmente la media verónica. Fue buen toro a falta de un tranco más en la muleta, ese paso último. Más acusado el defecto por la velocidad de De Justo, que quiere empezar el muletazo siguiente antes de acabar el anterior. Más generosa la embestida por la derecha que por la izquierda y, por tanto, más redondas las series de derechazos, allí en sol, a refugio del viento. No tomó vuelo la faena sin acople, sobró la tanda sin la ayuda. La gente más con el toro que con el torero. El taponazo final lo sintió Emilio a la hora de pasar con la espada. O sea, que no pasó.
El toro de apertura de RR, tocado arriba de pitones, hecho en cuesta arriba, venía preñado de genio. Frenado, sin ritmo, descompuesto en su disparo, midiendo, incierto. Apostó por no castigarlo en el caballo y luego se puso, sin planteamiento, directamente a torear, tragando lo suyo. Brindó el siguiente a Ayuso, de tan blandita clase. Que venía pidiendo tacto, pulso. Roca no los tuvo, y le merendaron la tarde y la corrida tan atada y reseñada. La vida, Andrés.
MONUMENTAL DE LAS VENTAS. Viernes, 23 de mayo. Décima tercera de feria. Lleno de «no hay billetes». Toros de Victoriano del Río; todos cinqueños; serios en sus diferentes hechuras; extraordinario el 6º; notable el 4º; bueno el 1º; geniudo el 2º; blandito el enclasado 5º; sin raza el 3º.
EMILIO DE JUSTO, DE NAZARENO Y ORO. Tres pinchazos, uno hondo y descabello. Aviso (silencio); gran estocada (oreja y leve petición).
ROCA REY, DE VERDE PISTACHO Y ORO. Pinchazo y estocada (silencio); pinchazo, estocada y dos descabellos. Aviso (silencio).
TOMÁS RUFO, DEVERDE HOJA Y ORO. Tres pinchazos y descabello. Aviso (silencio); dos pinchazos y estocada (vuelta al ruedo).
Publicado en El Mundo





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