Morante de la Puebla, el imprevisto triunfador del año que convoca la unanimidad: “Es un torero histórico; no he conocido otro igual de su talla”

Voces autorizadas como Curro Vázquez, El Juli, Pablo Aguado, Álvaro Núñez y José Antonio Carretero desgranan su tauromaquia tras las seis tardes antológicas de Sevilla y Madrid: «Confluyen mito y plenitud. Es hablar del toreo en mayúsculas»

Por Zabala de la Serna.

El 6 de febrero de 2025 Morante de la Puebla esperaba en una esquina del escenario con su capa española, un semblante preocupante y la palabra triste. Hacía unos minutos se había anunciado su presencia en la feria de San Isidro para las tardes del 28 de mayo y 8 de junio; hacía un tiempo que se sabía de sus cuatro tardes en la feria de Sevilla; y hacía unos días Abc había mostrado sin filtros la crudeza de su enfermedad mental y la dureza de su tratamiento. Parecía imposible siquiera que pudiera arrancar la temporada en aquel momento.

El 8 de junio de 2025 Morante de la Puebla volaba sobre los hombros de una multitud por la calle de Alcalá arriba con el escenario de Las Ventas al fondo, rendido por fin y entregado a su inalcanzable magisterio. La primera Puerta Grande de la carrera de un torero para la historia quedaba atrás como último prodigio de dos meses asombrosos, inimaginables desde el rincón del invierno, pletórico en cuatro tardes sevillanas como cuatro tratados de distinta perfección y la guinda antológica de Madrid por partida doble.

122 días después de aquel oscuro e incierto 6 de febrero, nadie habla de recuperación, sino del torero del año. Si José Antonio fuera Simone Bailes, los diarios y televisiones generalistas se desbordarían de reportajes sobre su capacidad de superación y la salud mental. Ciñéndonos al estricto círculo del ruedo, Morante es el toreo puesto en pie. Y ha vuelto de las tinieblas no como antes, sino como nunca. Cuando se hacía impensable torear más fajado, más despacio, más arrebolado de duendes, lo ha vuelto a hacer. Sólo él podía superarse.

La voz de la calle -«¡Jo-sean-to-nio Mo-ran-te de-la-pue-bla!»- es mayoritaria; la de los profesionales alcanza el rango de la unanimidad: MdlP es ya un torero histórico. «Cuando estoy con él, lo tomo como si me encontrase con Gallito o Manolete. Siempre tengo esa sensación», dice Álvaro Núñez -el alma de lo antiguo de Núñez del Cuvillo-, el ganadero que, asentado en Portugal, vivió el último invierno de Morante de la Puebla de cerca. «Quizá sea el torero más grande de la historia y, además, en su mejor momento», sentencia.

El crecimiento exponencial de su tauromaquia se disparó hace siete años con un paso adelante en todos los sentidos -dentro y fuera de la plaza, en el compromiso con el toro y en la estrategia expansiva-, hasta alcanzar el hito de cortar un rabo en la Maestranza el 26 de abril de 2023. Fue el año en el que se retiró Julián López «El Juli», una figura de época durante 25 años en la cima.

A El Juli se le localizó entusiasmado en las fotografías de Morante, precisamente en Sevilla, el 1 de mayo célebre, parando el toro con el capote a una mano. Y en la apoteosis de Jerez -otro rabo-, y en el concierto de Aranjuez: «Hablar de Morante ahora mismo es hablar del toreo en mayúsculas. Todas sus experiencias, tanto en su profesión como en su vida, le han conducido, a través de una evolución y diferentes etapas, a una tauromaquia que es un compendio de todas las virtudes del toreo. Desde una capacidad lidiadora increíble a una variedad magnífica».

Pero a quien fuera la máxima autoridad del escalafón durante un cuarto de siglo le deslumbra algo que quizá se pueda traducir por pureza, la integridad de Morante. «Lo que más me llama la atención es su entrega absoluta y la emoción que transmite ese abandono total. La sensación de estar dispuesto a todo por una convicción, por un sentimiento. Es un momento histórico. Pocos toreros ha habido en la historia con tal aglomeración de virtudes. Eso hace que la experiencia de acudir a la plaza a verlo sea única. Tardes como las de Madrid son la consagración a un concepto, a una verdad y a una autenticidad en su toreo que le hará ser recordado como un grandioso torero, uno de esos toreros que quedan para siempre».

A Curro Vázquez, maestro del clasicismo, torero de Madrid en esencia, o con esas esencias, también le emociona «la autenticidad» de Morante de la Puebla. De quien fue, por cierto, apoderado entre los años 2009 y 2012. «Lloré su primer día de este San Isidro, y también vi con lágrimas en los ojos el segundo. ‘¿Es para tanto?”, me preguntaba Currito». ‘Sí, hijo, es para tanto’. Es el torero con más pasión que he conocido en toda mi vida». Curro abunda en la catarata de elogios hacia el genio de La Puebla: «Se sale de lo normal, es un fuera de serie. Reúne todo. Tiene estética, figura, conocimiento y valor. No he visto a ninguno de esa talla. Tan completo. No me gusta eso que se dice de que es el mejor torero de la historia porque cada momento de la historia tiene el suyo. Pero en cuanto a pasión, y también sufrimiento, por lo que todos sabemos, no he conocido a otro».

Álvaro Núñez recoge el guante de la pureza, y la desmenuza con una inteligencia que le hace sabio, un aficionado inigualable: «Es el torero que más le expone al toro, que más le ofrece su cuerpo. La muleta vale para dominar al toro pero también para taparse del toro. Él no la utiliza para esto. Y le pone al toro su cuerpo con una naturalidad inaudita, sin un aparente sufrimiento. He visto a otros toreros pisar ese terreno. A Ojeda y José Tomás. Y transmitían ese sufrir que en Morante no aflora».

Núñez rescata una idea como estudioso de la historia de la tauromaquia que es, la relevancia social del torero. «Morante ha dado un salto de 120 años atrás, y ha vuelto a hacer que el torero fuera de la plaza sea una persona absolutamente especial. No escondiéndose sino mostrándose. Como Belmonte en su tiempo. A la gente le ha llegado como un anacronismo actualizado. Y nada impostado». Sí le produce cierta pena los muchos años en que los aficionados se han perdido a Morante, que no lo han sabido ver aunque iban a verlo, y saca un ejemplo de una corrida de Matilla en Sevilla. MdlP no ha sido un consentido de Madrid ni de Sevilla aunque algún ignorante señale lo contrario. «Quien ahora mismo no disfrute de Morante» -continúa- «es que tiene un problema. Dice el Rabioso que es un lanzallamas: a quien torea a su lado lo abrasa».

Precisamente Aguado, que sacudió Sevilla en 2019 y agitó el trono [cuatro orejas, Puerta del Príncipe], se considera un privilegiado de torear a su lado. «Recuerdo cuando lo seguía de niño y me empapaba de sus vídeos, y ahora que comparto tardes con él tengo que pararme para mirarlo y guardarme esa imagen para contárselo a mis nietos. Si tuviera un pañuelo en el ruedo, lo sacaría. Es la luz hacia la que los toreros más nuevos tenemos que caminar», rememora Pablo emocionado.

Y el sevillano de las supremas elegancias incide en el prodigio de su capote, en la verónica bíblica del maestro de la Puebla. «Es de una intimidad consigo mismo única. No sólo es la estética que se le canta, sino la verdad, el aplomo, por dónde se pasa los toros. En estos últimos años le vemos lancear como si fueran becerras, le da igual cómo sea el toro. Esa estética enmascara una profundidad torera muy grande», remata.

Lo que describe Pablo Aguado es en el fondo valor. Y en esto coincide Álvaro Núñez para cerrar el capítulo del imprevisto torero del año. «Todas las figuras del toreo que he conocido en casi medio siglo han ido perdiendo valor. El caso de Morante es como el de Benjamin Button: es un proceso inverso. Tiene ahora más valor que hace 20 años. Todos los toreros mitificados subieron al altar del mito un tiempo después de sus mejores años. En Morante confluyen ahora mito y plenitud».

Publicado en El Mundo


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