Por Zabala de la Serna.
Aarón Palacio ofreció una dimensión de torero hecho, cuajado, de muy buen torero por cierto. Y si a esta hora no hay una fotografía suya por la puerta del encierro, lo que aquí es la grande, es porque un presidente terriblemente obtuso decidió ultrajarle y arrogarse sus cinco minutos de estúpida gloria: José María Sevilla buscaba el protagonismo, pero sólo hizo el ridículo ante una plaza rendida y, finalmente, levantada en armas. Palacio, con una oreja y tres vueltas al ruedo, se erigió en el triunfador de la primera de San Fermín, que se desarrolló con un gran ambiente en los tendidos y una cumplidora novillada de Pincha.
Ya se había desmarcado definitivamente de la tarde el maño con un cuarto de categórico pitón derecho, al que cuajó extraordinariamente. Desde que arrancó la faena de rodillas hubo una conjunción sensacional por esa mano, reunido y a cámara lenta. Toreó fundido siempre con la embestida -al natural era otra cosa, buena la intención, más rácano el viaje-, deletreando el toreo, tan ligado y hundido en su propia figura. El espadazo fue superior, de inapelable rectitud. Salió prácticamente rodado de la suerte el buen novillo. La explosión de la gente fue rotunda, con una fuerza atronadora. Pero el presidente, José María Sevilla, quiso su cuota de protagonismo y decidió que le iba a robar al chaval la foto con su necedad. Se atrincheró en un solo pañuelo con la gente bramando. No sé qué le diría el asesor Erro Irigoyen, pero fue vergonzoso el ultraje al novillero. Ya ves la machada con lo que habremos de ver en la feria. AP, visiblemente disgustado, paseó la única oreja en dos vueltas al ruedo. La bronca fue portentosa, a la altura de la estulticia. Hubo de intervenir incluso la Policía Foral.

Ya había gustado Aarón Palacio con un novillo de notables humillación y nobleza pero escasos fondo y empuje. Sonámbulo se dormía, y así se quedó en mitad de la suerte al natural y volteó a Palacio. Que volvió a ponerse en el sitio y aguantó un parón muy vendido, mirando a la galería. De aquella serie con la gente entregada debió irse a por la espada. Pero apuró con la mano derecha -por donde había dibujado bien el toreo en el primer tramo de la faena- y también por manoletinas. Un pinchazo penalizó una actuación que había abierto amorantado con el capote, con esas largas por delante de Fernando el Gallo, rodilla en tierra, y mecidas verónicas en pie. Acompaña AP las embestidas con su compás. Lo que no acompañó fue la leve petición y paseó una vuelta al ruedo.
Menos de todo -también estilo- tuvo el siguiente pupilo de Pincha, desinfladísimo antes de hora. Le faltó enemigo a El Mene, que no eligió un principio adecuado con un pase cambiado por la espalda. El utrero se le venía gazapón, al paso, apenas con fuelle para pasar el embroque, cuando no se frenaba en las zapatillas. Quiso hacerlo con pulso pero le quedó desgarbadillo el empeño a falta de material. Fue el lote del Mene el peor, tan geniudo y desabrido el quinto. No volvió la cara el chaval.
Debutó Bruno Martínez con el novillo de Pincha de más vida y movilidad, más viaje y recorrido. Otro Sonámbulo pero muy despierto. Un amigo por fuera. Martínez, natural de Ansoáin, evidenció todo tipo de carencias, que se podrían resumir en el clásico “muy verde”. Por dejarlo estar. Demasiado grande el compromiso de Pamplona; se aplaudió al utrero en el arrastre. No mejoró su imagen el navarro con el sexto que, aun brutico, se sospecha que también podía servir más. Difícil saberlo cuando no se les deja a los toros meter la cara. Se atascó de nuevo con la espada.
A la cumplidora novillada de Pincha, más allá de las cuestiones de fondo o clase -y dos o puede que tres buenos novillos-, le faltó imagen, preparación y pienso.
Ficha
Monumental de Pamplona. Sábado, 5 de julio de 2025. Primera de feria. Una gran entrada. Novillos de Pincha, de escasa presentación y juego desigual; destacaron la movilidad del 3º y el notable 4º, especialmente por el pitón derecho; de buen estilo pero sin fondo 1º; no sirvieron el vacío 2º y 5º, con genio; el 6º se movió.
Aarón Palacio, de verde hoja y oro. Pinchazo y estocada (petición y vuelta); estocada (oreja, fuerte petición y dos vueltas al ruedo).
El Mene, de celeste y oro. Pinchazo y estocada (saludos); pinchazo y estocada (silencio).
Bruno Martínez, de azul pavo y oro. Dos pinchazos, estocada atravesada y estocada. Aviso (silencio); dos pinchazos y bajonazo (silencio).
Publicado en El Mundo









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